domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo XVI

Amigas lectoras, hay muchos aspectos que ya están tratados en la historia original, que en realidad no interesa tratar en mi historia, que se centra en los Enanos y Belladonna y su aventura emocional y física.
Es muy posible que en mis fics que saldrán a raíz de éste yo ahonde en los eventos paralelos a la situación de los Enanos atrapados en Erebor, por ejemplo la desolación de Smaug, los elfos y los Hombres de Esgaroth, así como al muerte de Smaug.
No lo sé, yo avanzo a cómo salga en el momento, no están en realidad calculadas o algo, pero tal vez estos eventos no estén muy detallados en este fic. No sé vamos a ver cómo continúa :)

Capítulo XVI
-Él es como un hijo para ti ¿Verdad?-
El rey Enano reaccionó ante mis palabras. Estaba ahogada con el pecho oprimido y el calor que había en las entrañas de la tierra me hacía sentir febril, pero aún podía hablar con dificultad.
-Él es un hijo para mí- susurró aclarando el significado de aquello. La hobbit podía ver lo que él sentía, y cada vez que eso pasaba su corazón daba un vuelco –Yo he sido duro con él, con ellos, y no me perdonaré si algo les pasa y no he sido un buen padre. No sé cómo puedes decir que yo he sido un buen padre con Fili y Kili-
-Lo has sido, yo lo veo en ellos. En verdad-
Agradecido el rostro del rey se relajó y esas lágrimas ya no tenían razón de ser.
-Está bien, lo presiento- le aseguré para calmar su angustia por la vida de Kili- Tendremos a ese chico con sus bromas y metidas de pata por todo el resto de nuestras vidas- sonreí a pesar de mi padecimiento físico. Porque mi estado físico, el peligro, la situación del reino, eso era lo que menos me importaba en ese momento. En ese momento me sentía feliz.
-Pero ¿Estás bien tú? No hables mucho, debes descansar- Thorin tocó mi frente sudorosa para ver si tenía fiebre y notó lo dificultosa de mi respiración- ¡Oin!- gritó de repente- ¡Oin ven acá!-
El Enano obedeció pero nada podía hacer sin tener ningún medicamento o un pañuelos siquiera para tapar mi boca y nariz.
-¿Qué pasa? no respira nada bien-
-Tiene los pulmones llenos de humo, Thorin- sentenció el anciano Enano.
-Nosotros también-
-Pero nosotros somos Khazâd, ella no, ella es una hobbit. No tiene nuestra fortaleza física ni capacidad de vivir en las entrañas de la tierra- le recordó Oin, pero después tranquilizó a Thorin- Sin embargo mírala, esta hobbit sorprende. Ha hecho lo que otras razas nunca hubieran podido: hacerse toda una Enana, parece que la vida dentro de la tierra no le pega tanto. Y ese pie se curará apenas halle algo para entablillarlo- el Enano buscó por todo el lugar pero no encontró nada que pudiera servirle- Resistirá, Thorin, no te preocupes, esta chica se ha adaptado a nosotros más que otra raza posible… -
-Es la única persona que ha podido verme, Oin, y que no me ha juzgado a pesar de lo difícil que soy por lo que he tenido que pasar…- dijo Thorin buscando las palabras que no le eran fáciles. Pero yo oía todo aquello y eso me mantenía con vida, como si las palabras fueran mi medicina.
Oin cortó un pedazo de tela de su ropa y lo puso seco sobre mi boca, no había agua para mojar un poco mi rostro o mis quemaduras, pero ellos hacían lo posible.
-Sabemos por lo que estás pasando ahora- le dijo a Thorin- Es confuso, lo sé, pero estoy seguro que la raza Khazâd aceptará a esta hobbit como… Reina Bajo la Montaña-
-¿Tú crees?- Thorin dio un sobresalto pues era la primera vez que alguien mencionaba aquel título, pero en seguida volvió a la realidad–Yo no creo que la acepten, no será nada fácil-
-Thorin…Tú la aceptas y si tú la aceptas pues los demás Enanos mucho más fácil- sonrió Oin a propósito de la fama de Enano receloso contra otras razas que tenía Thorin.
El rey entendió pues Oin tenía toda la razón.
Entonces él tomó mis manos entre las suyas y estaban cálidas. Eran manos de guerrero, grandes y gruesas pero me sorprendía el sentir lo suaves que eran. Mi respirar dificultoso me daba mucho embotamiento, estaba entre la ensoñación y la realidad. Pero estaba segura de lo que mis oídos captaban.
-Yo…- hablé otra vez con dificultad- desde un principio te vi, Thorin, vi tu alma no tu actitud superficial-
La Piedra del Arca y el oro de Erebor ya no surtían efecto alguno en Thorin, el amor y la comprensión estaban borrando la maldición de Smaug sobre el linaje de Durin. Los otros Enanos presentes en aquella cámara veían a su jefe sujetar las manos de Belladonna y presentían un enorme cambio en el destino de todos. "La Reina Bajo la Montaña" susurraban en voz baja con un cántico.
La mitad de ellos había salido en busca de Kili, mientras, no se sabía nada de la bestia.
-Ori y Bofur están afuera, según sé- decía Dori- Deben averiguar algo del dragón, dónde está, o si va a regresar otra vez-
-No podemos salir de aquí- gruñía Thorin- Estamos atrapados. Sólo espero que ellos puedan traernos noticias- luego se volvió hacia mí- Bella debe descansar y esperar con paciencia, está estable-
-Thorin…- yo tenía demasiado qué hablar, eso de "Reina Bajo la Montaña" ¿Qué rayos era eso? ¿De qué habían hablado Thorin, Balin, Glóin, Oin y Bofur aquella tarde del Día de Durin? Todo me desesperaba. Pero un temblor me impidió pronunciar palabra pues el movimiento de la tierra sacudió mi pierna herida y el dolor se me clavó en la carne.
Un temblor y luego oímos voces, y vimos figuras que venían corriendo por uno de los pasillos que estaban atrás. Thorin se paró como un resorte espada en mano y Dori, Bifur, Nori, Oin se pararon detrás de él listos para el ataque…. Eran los otros Enanos los que llegaban.
-¿Dónde está Smaug?- preguntaba Thorin todavía alerta, abriendo los ojos muy bien para poder ver lo que venía en medio del humo.
-¡Está afuera de la Montaña Solitaria! Nos tiene rodeados. No sabemos qué hizo allá afuera- jadeaba Bofur- Pero, pero…- no había dicho lo peor, que atrás venían Fili, Bombur y Ori cargando un cuerpo inerte.
Thorin lo vio enseguida y de su boca no salió sonido alguno.
-Kili- fui yo quien lo dijo, viendo todo desde el suelo bajo el resplandor rojizo de las llamas de Erebor. Los Enanos se apuraron en colocar a Kili en el suelo junto a mí y ante la perplejidad de Thorin que cae de rodillas junto a su sobrino, Balin que venía con ellos le dice:
-¡Está vivo, tranquilo Thorin que el muchacho está vivo todavía!-
Pero Thorin parecía no oír a nadie, arrodillado junto a su sobrino caído lo miraba tontamente. El joven estaba todo ensangrentado y no respondía, no se movía, estaba como… muerto.
Kili fue embestido por Smaug, según pensaron los Enanos, y estrellado contra las rocas, y tenía fracturas no sabían cuántas… el joven rostro del Kili estaba pálido e inexpresivo, y ampollas de quemaduras le cubrían el lado derecho.
Mil lamentos retumbaron en la caverna, eran las voces de los Khâzud atrapados que esperaban y esperaban, con dos heridos en su haber y nada con qué curarlos.
-Esperen, allá hay algo que nos puede servir- distinguió Fili en medio del humo que ya comenzaba a disiparse. No habían cosas en Erebor que alimentaran el fuego de Smaug, por lo tanto poco a poco éste se estaba extinguiendo, y corrió hacia uno de los pasillos. Trajo en sus manos piezas de lanzas que encontró por allá y Oin exclamó:
-¡Claro, eso me puede servir para entablillar las fracturas! Buen trabajo Fili- y se apresuró a estudiar el cuerpo de Kili junto con los demás Enanos que observaban la escena muy nerviosos. Thorin aún permanecía a mi lado expectante e incapaz de razonar.
Laboriosamente Oin limpió el cuerpo semidesnudo de Kili con trazos de tela limpios que habían conseguido o sacado de sus propias ropas, y procedió a vendar el brazo y la pierna rota del joven Enano que permanecía inconsciente. Las quemaduras también las vendó.
-Ojalá tuviéramos Athelas, yo podría sanar esas heridas- susurraba con voz ahogada. Y cuando Oin terminó con Kili vino hacia mí.
-Vamos a ver señorita, qué tenemos aquí- Oin me revisaba toda bajo la mirada vigilante de Thorin- Oh, por Mahal… ese pie-
-¿Qué pasa?- yo empecé a asustarme mucho –Dime Oin-
-Si no alineo esos huesos rotos, tu pie quedara inútil de por vida, Bella…-
-¿Qué significa eso?- intervino Thorin con una mueca de desagrado ante la visión de mi pie herido.
-No podrá caminar. Para entablillar el pie debo arreglar los huesos rotos- explicaba Oin y luego de una pausa tomó aire profundo, tosiendo un poco por el humo que aún quedaba en el ambiente –Pero no tengo nada para dormirla, y el procedimiento es… muy doloroso-
Los Enanos se miraron entre sí y Thorin apretó firmemente mi mano entre las suyas.
-Bella, dime si quieres que haga esto- preguntaba Oin y yo temblaba de miedo- Si quieres recuperar tu pie-
Tragué saliva aunque tenía la boca totalmente seca y mis ojos buscaban consuelo en los de Thorin.
-No podemos hacer eso, Oin, es demasiado cruel- gruñía el rey Enano meneando la cabeza nerviosamente.
-No, háganlo. Soportaré… yo soportaré- gemí con lágrimas en mis ojos, pues ya había sufrido suficiente como para no hacer nada por curarme lo que me hizo Smaug.
-Bella ¿Estás segura?- Thorin titubeaba arrodillado junto a mí, sosteniendo fuerte mi mano.
Asentí aunque para nada estaba segura, temblaba y gimoteaba de miedo pero para mí era más importante recuperarme y ser como antes para empezar una vida nueva con mis Enanos y tal vez con mi Thorin, no una lisiada de por vida. Eso nunca, ya lo había sido toda mi vida en La Comarca, pero ya no más.
Los Enanos todos me rodearon mientras Oin se colocaba a mis pies y tomaba el herido entre sus manos, haciendo que el dolor me apuñalara.
-Tú eres valiente, Bella- comenzó a decirme Thorin con mi mano muy cerca de su pecho- Eres más valiente que todos nosotros. Además, mira lo que lograste conmigo, mira. Esto es algo que nadie más en esta tierra hubiera podido hacer… despertar este arrollante, loco, hermoso, apasionado y perturbador sentimiento en mí, hacerme abrir los ojos y ver mis errores. Mira que este tesoro y la Piedra del Arca ya no me importan como tú-
El dolor me ensordecía, agonizaba, pero Thorin insistía:
- Bella, tú eres la única que ha visto aquí dentro de mí, no te echaste para atrás como todos lo demás, con una imagen mala de mí. Por eso tú y sólo tú te ganaste mi corazón. Te mereces una vida mejor que la que tenías entre los hobbits, y has hecho que yo, Thorin, hijo de Thráin hijo de Thrór, cambien las leyes de los Enanos- decía solemnemente- Sin ti yo no lo lograré, sin ti la locura se adueñará de mí- decía con voz quebrada y una emoción profunda se reflejaba en su rostro- Entonces… Bella… tú, tú ¿Te casarías conmigo, con un rey Enano?-
Todos los Enanos soltaron exclamaciones y esperaron expectantes el desenlace de aquel memorable acontecimiento.
Las manos de Oin manipularon mi pie y ante el primer movimiento sentí que mi visión se volvía negra y grité desde lo más profundo de mi ser, con lágrimas ardientes quemado mis mejillas. No pude responder aunque mi corazón latía enloquecido.
-Resiste Bella- Bofur se había arrodillado también, y Ori, y Bombur, todos para apoyarme- Vamos, nena, esto no es nada para ti-
-Sí, nos enseñaste lo que es fortaleza de verdad, más que la podríamos tener nosotros que estuvimos en miles de campos de batalla. Con tu cuerpo frágil has luchado más. Vamos- animaba Balin.
No lo soportaba, me aferraba a Thorin agonizante y perdía la visión del dolor. Las manos de Oin era lo único que sentía y no quería sentir más.
Y no vi más, y no supe más.

Capítulo XV

-¡Enanos!- rugió Smaug con una furia que retumbó en toda la montaña. Algo había ocurrido que era más importante para Smaug que la Piedra del Arca que me había robado-¡Enanos vivos en mi reino!-
Estaba consciente todavía, herida entre los escombros y asfixiada por el humo, y con un pie fracturado, pero podía escapar con la Piedra del Arca en mi mano. El dragón enloquecido empezó a buscar algo que percibía y en ese descuido vi mi oportunidad de moverme hacia otro lugar, moverme con un sólo pie, y así lo hice.
Erebor se había convertido en un infierno de llamas y en llamas tenía que huir, aunque el humo abrasara mi piel y mis pulmones.
-¡Aquí estoy, maldito, es a mí a quien buscas!- en medio de ese infierno se alzaba una voz que me negaba a reconocer. Estaba alucinando, pues así como había visto fantasmas de Enanos por los salones abandonados, ahora oía a Thorin allí adentro.
-Te huelo, maldito Enano- gruñía Smaug y el sonido de su horrible voz llegaba a todos los rincones del mundo- ¡Los olí apenas cruzaron esa puerta! Los mataré como maté a toda su raza-
No creía que iba a aguantar mucho más pues con un sólo pie no iba a poder subir por el túnel de la puerta secreta para escapar de Erebor, un Erebor que la furia de Smaug destruía por completo. El monstruo había desplegado sus alas y todas las paredes se derrumbaban a su paso. Quedé atrapada en el salón que daba al pasadizo secreto, no llegaría nunca."¡Bella, Bella!" Oía voces en mi delirio, voces que gritaban mi nombre.
En medio del humo y del polvo me pareció ver otro fantasma Khazûd y aterrorizada grité pues ya no lo soportaba más y perdí la razón, el fantasma me saltó encima y me sujetó por la cintura. Como ya no podía sostenerme en pie caí desfallecida y el fantasma me sostuvo, de hecho era muy fuerte y ya no era un fantasma sino un Enano muy vivo.
-¡Bella, Bella, no te mueras!- gritó desesperado el Enano que me había cargado en sus brazos, y no sé si ya estaba muerta pues con mi vista nublada veía un rostro amado que no creía que fuera real.
-¿Quién eres, fantasma?- balbuceé con lo último que me quedaba de aire.
-Soy yo, mi amor, Thorin-
En sus brazos me llevó a un recoveco para huir de la ira del dragón que esparcía fuego por todos los rincones del lugar, y el calor quemaba nuestros rostros. Pude ver a Thorin allí, sangrante y lleno de hollín, pero era Thorin que había venido a rescatarme. En mi mano el resplandor de la Piedra del Arca iluminaba su presencia.
Al ver la impresionante joya Thorin se sorprendió profundamente:
-Bella ¡Robaste la joya al dragón!- exclamó. Yo le entregué la joya pues había cumplido mi misión, y luego me desmayé.

El rey Enano tenía la joya y a la hobbit en sus brazos y la tierra se sacudió con violencia haciendo caer más rocas alrededor de ellos. Pero con su cuerpo él la protegió, mientras los otros Enanos que habían entrado por el pasadizo distraían a la bestia tratando de sacarla de las profundidades donde hacía tanto daño.
Kili y Fili lucharon contra la furia de Smaug a puertas del reino, Dwalin, Balin, Bofur y Bifur también enfrentaban al monstruo mientras los demás buscaban a Belladonna y a Thorin.
Smaug estaba ciego de ira e humillación, había perdido su más valioso tesoro y su reino fue invadido por Enanos. Los destruiría a todos así fuera lo último que hiciera.
Era una bestia demasiado gigantesca que los Enanos nunca podrían matar, pero gracias a lo pequeños que eran se le perdían de la vista muy fácilmente, y su fuego no les llegaba. La raza Khazâd era demasiado fuerte para gusto de Smaug, resistían todo, por eso él los odiaba tanto.

Sentía que un terremoto nos sacudía y desperté asustada, pero yo estaba refugiada en los brazos de Thorin y nada me hacía daño allí, él y yo permanecimos escondidos entre las rocas y el fuego. El pie me dolía horriblemente y sangraba, y él estaba igual de herido que yo, pero aún tenía sus huesos intactos.
La Piedra del Arca había quedado olvidada a un lado.
No supimos qué pasó con Smaug, el dragón había pasado a ser problema de los otros Enanos.
El primero en encontrarnos fue Dori, y ayudó a quitarnos rocas y escombros.
-¿Qué pasó con Smaug?- rugió Thorin.
-Creo que Smaug escapó- dijo Dori sin mucha seguridad.
-Hay que poner a Belladonna a salvo y curarla- exigía el rey Enano -¡Rápido! ¡Que venga Oin que es el que sabe!- le gritaba a Dori.
Los dos me llevaron a un espacio más abierto, aunque todo estaba completamente cubierto de humo asfixiante, y me acostaron sobre la tierra.

La Montaña Solitaria explotó como un volcán y el dragón salió. Desde Esgaroth pudieron ver todo eso y los Hombres alarmados empezaron a prepararse para el ataque, estaban seguros de que los Enanos habían llegado a Erebor y habían despertado a la bestia. Y ya estaban todos muertos.
Ninguno de los Hombres creyó que los Enanos o la hobbit estuvieran ya vivos.
El terror de Smaug llegó hasta el Bosque Negro y Thranduil ordenó al ejército élfico ponerse en pie de guerra para defender el reino.

El destino de esos pueblos no se podía saber. En Erebor quedó la ruina dejada por el dragón pero todos los Enanos estaban vivos y encerrados allí podrían estar a salvo de Smaug; poco a poco fueron encontrando la estancia donde estaban Belladonna y Thorin, excepto Kili. Kili había desaparecido.
Oin llegó apresurado a atender a Belladonna, el pie lo tenía fracturado, y no tenía nada allí para atender heridos.
-Hay que buscar nuestros fardos, así no podré curarla- dijo el Enano desesperado.
Todos necesitaban atención, estaban heridos más que todo por quemaduras. Pero los Enanos resistirían, había que antender a la hobbit.
-¿Dónde está Kili?- se preocupó Thorin. Nadie le dio una respuesta, pero Fili enseguida salió en busca de su hermano.
La angustia quedó en todo el recinto pues el rey Enano no toleraba ver a Belladonna herida y ahora estaba preocupado por Kili y temía por la vida de los dos.
Unas lágrimas afloraron de los azules ojos de Thorin tal vez por primera vez en su vida.

Capítulo XIV

-Bueno, ha llegado el momento de hacer el trabajo para el cual me contrataron- dije con un nudo en la garganta porque aquel pasadizo que se abría detrás de la puerta era un hueco oscuro y profundo y de allí provenía un lejano rumor que mi más íntimo ser me decía eran los ronquidos de la bestia.
La mirada de Thorin estaba clavada en mí haciendo que mis entrañas temblaran. Era una mirada impenetrable, desafiante.
Sé que durante la tarde después del altercado, él y otros Enanos estuvieron hablando, y estoy segura que no era precisamente de Smaug.
Pero estaba decidida y había hecho la promesa a los Enanos que haría lo que fuera por ayudarlos en su empresa, aunque ahora Thorin se hubiera olvidado de todo eso.
-¿No… tienes miedo?- me dijo Bofur conmocionado y todos estaban atentos a aquel momento. Su hermano Bifur acotaba un comentario a eso en su extraña lengua que nada más ellos entendían.
-Está demasiado oscuro, tal vez deberíamos esperar a que fuera de mañana- opinaba Nori indeciso, sin atreverse a acercar al agujero.
-Yo he sido feliz todos estos meses con ustedes- dije con sinceridad- He encontrado la vida que no tuve en La Comarca. Entendí lo que Gandalf quería de mí, porque he sufrido heridas y enfrentado peligros inimaginados y con eso aprendí cosas que antes no hubiera aprendido nunca. Me he descubierto a mí misma, amigos-
-Pero… pero…Tal vez debamos ir… - ahora era Kili quien titubeaba. Pero Thorin le hace una seña para que se callara.
-¿Sabes? Yo en realidad no tenía muchos amigos allá en la Montañas Azules- Bofur dejaba entrever un tono de melancolía que no era nada usal en él- Bella, tu eres mi mejor amiga-
Impulsada por la emoción por esas palabras que nunca nadie me había dicho antes abracé a Bofur, y rabiosa con Thorin por su indiferencia y mirada cruel.
Los Enanos aplaudieron y se despidieron de mí con abrazos, excepto Thorin que permanecía allí parado mirando aquello con muchos celos.
-Llévate esta antorcha, Bella, pero no olvides apagarla cuando llegues a los salones- me explicaba Oin –Si fuera de día podrías ver allá dentro pues los Enanos construimos de tal manera que haya claridad dentro de nuestras cavernas-
-No esperaré hasta mañana, entraré ahora- tomé la antorcha y dejando mi bulto en el suelo, tomé mi espada y me dispuse a meterme en el agujero sin ninguna otra contemplación.
-¡Espera!- una voz gruesa me detuvo en seco-¡No tienes que hacer esto!-
Thorin habló al fin y se acercó a mí con rostro desesperado. Ya no más indiferencia ni frialdad, el Enano ya no podía ocultar lo que sentía.
Me tomó del brazo negándose a aceptar el hecho de que me iba.
-Voy a ir, es mi misión y la voy a cumplir-
-No vayas abajo tú sola ¡Yo iré contigo!- insistió Thorin.
-Así Smaug nos olerá y nos pulverizará antes de que podamos siquiera llegar. No puedes ir, ninguno. Yo al menos podré rescatar la Piedra del Arca- aparté su mano de mi brazo.
-¡La Piedra del Arca de mi abuelo!- al oír otra vez el nombre de la valiosa joya los ojos de Thorin brillaron por el hechizo. Pero el amor pudo contra eso, y se sacudió la desmedida codicia que despertaba el oro en él –Olvida eso que te dije Bella, perdóname, estaba ciego e inventé eso por el calor del momento. No era algo que yo pensara en realidad- se disculpó ante todos los Enanos. Y ese oro no me importa más que tú- y toda su nobleza estaba allí impecable e incorruptible ante el hechizo del oro.
Fue una hermosa declaración digna de su verdadero ser, pero no me ablandaría.
-Gracias, eres digno de tu linaje- le dije pero me di la media vuelta para entrar en la montaña.
-No… ¿Qué quieres probar?- me reprochó furioso y lo enfrenté otra vez.
-Dudas de mi capacidad. No estoy hecha de cristal ya les dije. Cuando empecé este viaje me miraban como si fuera una muñequita de porcelana que no sería capaz de sobrevivir ¿No es así, Thorin? ¿Delgada y frágil que un orco mataría en un abrir y cerrar de ojos? Cuatro arañas gigantes no pudieron matarme, así que ya les he demostrado que así delgada y frágil y todo soy igual que ustedes y tengo muchas habilidades. Ahora visto sus ropas, uso mi espada "Aguijón" y sé luchar con el hacha también como un Enano-
Los Enanos miraron a Thorin con una sonrisa y muy poco les faltó para celebrar mis palabras con un "Si fuera Enana ojalá y le crecieran más las barbas"
El rey Enano estaba perplejo.
-No quiero probar nada. Ya te lo dije muy bien, y se lo prometí a Glóin, quiero hacerlo por ustedes que son mis amigos y así sentirme satisfecha de que lo hice. Iré-
Thorin se controló y no volvería a cometer ese error que nunca se perdonaría de llamarla "descendiente de ratas". La observó y aceptó al fin su decisión con un gesto. Aceptó y la dejaría ir.
Entonces sucedió algo inesperado para todos los allí presentes, Thorin se acercó y me abrazó de tal manera que mis piernas se aflojaron. No era un abrazo como el de los otros Enanos, no, él llegó y me tomó por la cintura con firmeza y me atrajo hacia él apretándome fuerte, pero sin hacerme daño, contra su fornido cuerpo. Ése era su estilo, impetuoso, que en cualquier momento llegaba y te sorprendía.
Y me estremecí de pies a cabeza, a propósito me hizo sentir todo su cuerpo cruzando sus brazos sobre mi cintura, muy apretada a la suya. Y era asombroso que a pesar de toda la ropa que teníamos encima pude sentir su corazón latiendo rápida y fuertemente allí sobre mi pecho. Un corazón vivo y enamorado.
Los Enanos soltaron todos una exclamación y Balin sonrió satisfecho, porque finalmente el rey había escuchado las cosas que tanto le había sugerido, siendo esa tarde la última conversación seria que tuvo él, Oin, Glóin y Bofur con Thorin: Que ya tenía cerca de doscientos años de edad y no se comportaba como un hombre, sino que se dejaba cegar por los demonios del pasado y las maldiciones de Melkor. Thorin atormentado todavía seguía desvariando, pero despejó las sospechas y sacó de su pecho el dolor que le embargaba. Cómo podía un rey Enano desposar a una hobbit y qué pensarían todos en Ered Luin y en las Montañas de Hierro si supieran que él se había enamorado de una hobbit. Entonces Balin le dijo que un rey podía cambiar una ley, y que los demás se fueran al diablo.
Así fue como la locura de Thorin se apaciguó antes de que se abriera la puerta secreta.
Demasiado atontada lo abracé yo también y no quería soltarme nunca, no era un abrazo de amigos sino de amantes. Un abrazo que decía las palabras "Te amo", pero esas palabras no fluían de ninguno de los dos, en cambio él se acercó a mi oído y sentí sus húmedos labios rozar mi oreja con aliento cálido para susurrar en voz baja y grave:
-Por favor, regresa con vida, Belladonna-
Fue lo que dijo. Nos separamos al fin y sus brazos me dejaron ir.
Con más ánimo que nunca emprendí mi camino a lo profundo del agujero negro y silencioso.

No sé qué horas eran cuando la oscuridad de la montaña me tragó por completo, que ni la luz de la antorcha era suficiente. Caminé hacia abajo casi arrastrándome por el estrecho túnel, muchos metros, no sé cuántos, y no veía ningún fin.
Aquel camino llegaba hasta las profundidades.
Pero tenía un nuevo incentivo para concluir la misión, tenía esperanzas así que no me detuve, bajé hasta el final.
El túnel desembocó en un pasadizo y allí apagué la antorcha tal como me dijo Oin. Ese pasadizo daba hasta los salones de Erebor, ya estaba a un paso. Seguramente ya se acercaba el amanecer y eso me ayudaría a ver.
Entonces oí con más claridad el rumor, ése que había sentido cuando abrimos la puerta, y un frío gélido me corrió por la venas… Eran los ronquidos de Smaug.
No tenía idea de dónde sacaba el valor, pero ya estaba allí y el miedo no me detendría. Temblaba de pies a cabeza ante la presencia del dragón en algún lugar de aquel salón de más adelante.
Me aferré a mi pequeña espada como si eso fuera a salvarme y entré a Erebor lo más silenciosamente posible, paso por paso, abriendo mucho los ojos y agudizando mis sentidos.
Al rato de andar así y no ver nada, mis pies tantearon algo extraordinario en el piso de la sala inmensa que se abría ante mí. Estaba todo oscuro sin embargo tal como dijo Oin, un resplandor daba una extraña claridad a las paredes y pensé que era el sol que entraba por alguna parte pero me equivoqué, era oro. Mis pies estaban pisando monedas de oro puro.
Casi suelto una exclamación de admiración, nunca había visto algo tan majestuoso, que el reino de Thranduil se quedaba pequeño. Erebor estaba en ruinas pero aún quedaban obras de los Enanos en pie por allí, enormes salones finamente decorados, muchas reliquias. Había armaduras, espadas, lanzas, escudos y miles de piezas de oro y joyas por todas partes. Tenían décadas y décadas abandonadas, pero el polvo y la tierra no cubrían su belleza.
No vi rastros de nada vivo allí dentro, todo era muerte, y un olor me agobiaba. Tal vez era el olor de los miles de cadáveres calcinados que aún permanecía allí.
Sin embrago la ventilación no era mala, esos mundo subterráneos estaban muy bien diseñados, había aire fresco siempre debajo de la montañas de los Enanos.
Entonces empecé a buscar, y me llené los bolsillos de oro y joyas, pero debía encontrar la Piedra del Arca. Me habían dicho que era una joya que brillaba como la luz del sol, que se vería desde cualquier distancia, así que recorrí todos los salones.
Tal vez me tardaría días allí dentro, no encontraba nada, ni la joya ni mucho menos al monstruo. Recurrí a mi oído y debía encontrar el rumor que había escuchado antes, esa ligera respiración siniestra que me guiaría hasta el enemigo.
Pero quería ese oro, entendía las razones de Thorin, yo también quería ese oro, y me regocijé entre tanta maravilla sin importarme que eso le había costado la vida a miles de Enanos y Hombres de Valle.
Fue cuando lo oí otra vez, encontré el rumor y me dirigí hacia donde me guiaba, más adentro a una sala aún más grande que las anteriores. Era el corazón de Erebor, poblado de inmensas columnas de piedra lisa bien talladas y ornamentadas. Totalmente cubierto de oro, como un lago de oro.
Y allí se oía la respiración de algo sobrenatural. Pero no veía nada, solamente veía una montaña de oro puro, dorado y brillante.
Salté a buscar entre las monedas, en mi tarea interminable, rogando tener la suerte de encontrar la Piedra. Un temblor. Me detuve asustada, creí que se había movido el piso, pero no hice caso, solamente me importaba el oro y la Piedra del Arca. El temblor se repitió aún más fuerte y empecé a sudar frío, las monedas se movían a causa del movimiento de la tierra y encontraba montones de joyas que creía podrían ser la Piedra. Pero no eran.
Empecé a enloquecer, me parecía que veía Enanos caminando por los salones aledaños, pero esos fantasmas no me quitarían mi oro ni mi Piedra del Arca. Estuve un día entero, o tal vez más, no sé cuánto tiempo, metiéndome por recovecos en aquel gigantesco lugar.
Parecía que todo estaba bañado de rojo, porque debía ser de día, y la luz se hacía rojiza allí en esa profundidad. Y el rumor de la respiración… con horror al fin me di cuenta que la montaña que creía de oro era lo que estaba respirando y lo que emitía ese resplandor rojizo.
Caí de espaldas porque las piernas me fallaron, me faltó el aire y empecé a llorar de terror, porque allí estaba yo ante Smaug: el humo salía de la nariz del monstruo y ése era el humo que salía por la Puerta Principal, el humo de la respiración del dragón.
Me quedé paralizada esperando que sus fauces salieran al fin para matarme. Era una serpiente gigantesca que reposaba sobre un lecho de oro y las monedas la cubrían toda, que sólo su cabeza se podía entrever. No supe qué hacer por un rato, luego reaccioné gracias al hecho de que la serpiente no se movió más.
Eran rojas sus escamas por lo que podía ver, y una luz muy brillante iluminaba todo el perfil derecho de la enorme cabeza. Una luz increíblemente brillante. Mi cerebro reaccionó al fin: ¡La luz provenía de la Piedra del Arca!
Sin pensar nada más me moví como un espíritu sin cuerpo, acercándome hacia Smaug temblando de terror, tenía la Piedra del Arca al lado derecho del cuerpo que era como una montaña que tenía que rodear. Corrí cerca hasta que di con la joya más hermosa que alguien pudiera ver, algo que reflejaba todos los colores, y la tomé en mis manos sin pensar.
Ya me veía fuera de Erebor con la Piedra, todo fue fácil excepto por el hecho de que el tocar la Piedra me causaba un profundo malestar y pesaba mucho en mis manos. Pero no me importaba, era mía y sería mi recompensa por aquel trabajo, y tampoco tenía que despertar al dragón, al ver su tamaño supe que ninguno tendría chance ante él. Bardo siempre tuvo razón, esa empresa era una locura.
Debíamos todos escapar de la Montaña Solitaria.

-¿Dónde estás ladrón?- una voz retumbó por todo Erebor y tembló tan fuerte que caí de donde estaba, rodando abajo otra vez al sótano -¡¿Dónde estás?! Ladrón, te puedo sentir. No escaparás con mi tesoro-
Desesperada traté de trepar hacia arriba y escapar pero no pude. Tembló la tierra una segunda vez en ese momento y la montaña de oro se movió toda, y poco a poco fue saliendo de allí el monstruo que había despertado y que me había descubierto.
Otra vez me puse de pie y salté con todas mis fuerzas para trepar el muro y meterme por un pasillo que me salvara, pero Smaug lanzó su enorme cola contra la pared cerca de donde estaba y la derribó por completo. Con fuerzas salidas de la nada pude saltar otra vez abajo para escapar de los escombros que caían, pero el ataque de la bestia no me dio respiro, y a pesar de mi rapidez que me ayudarían a esquivar las embestidas del dragón, no tomé en cuenta una cosa: su aliento de fuego.
No escaparía, era imposible, las paredes y escombros me protegían momentáneamente de las llamaradas pero tampoco tomamos en cuenta el pequeño detalle de que allí encerrados con aquel fuego moriría asfixiada por el humo.
Mis fuerzas se agotaron cuando me refugié entre unos escombros, porque tenía los pulmones llenos de humo y me iba a desmayar. El fuego de Smaug me calcinaría apenas estuviera sobre mí.
Otro golpe destructor de la cola del monstruo y unas rocas del techo cayeron sobre mí, y herida quedé atrapada a merced del fuego de Smaug.
Había llegado mi fin, estaba ahogada y herida que el dolor y la sangre nublaron todos mis sentidos. Pero moriría feliz.
El recuerdo de los Enanos celebrando por mí en la taberna, de Bofur diciéndome que era su mejor amiga, de Kili y Fili soñando con que viviera con ellos en Erebor, y sobre todo el saber que yo era más importante para Thorin que la Piedra del Arca, eso era algo que llenaba mi vida de satisfacción.

Capítulo XIII

Siguiendo el mapa, la compañía de Thorin viajó por toda la montaña y sus alrededores sin descanso. Había pasado el primer día desde su llegada y el Día de Durin se acercaba, y lo único que habían encontrado eran las ruinas de la ciudad de Valle y... la Puerta Principal de Erebor que humeaba caliente como un infierno.
Ni de cerca se podía pasar por allí.
Los Enanos entraron en desesperación y discutían todo el tiempo, siendo Thorin Escudo de Roble el más apesumbrado de todos: Se decía que el tesoro de Erebor tenía una maldición y esa maldición caía directamente sobre el heredero de Durin.
A cada paso se oían los murmullos de los muertos de hacía casi doscientos años atrás.

-¡Cometimos un grave error al salir tan tarde de Esgaroth. Thorin no pensaste bien!- reprochó Oin al jefe de los Enanos que ya bastante nervioso estaba como para aguantar los reproches de sus compañeros. Ya era la noche del segundo día, por lo tanto el Día de Durin estaba encima de nosotros.
-¿Qué hubieran hecho en mi lugar?- bramó Thorin con el rostro a medio iluminar por la luz de la fogata- Necesitábamos recuperarnos unos días para tener las fuerzas para subir esta montaña y enfrentar a Smaug-
-Un zorzal- yo que venía más atrás repetía esas palabras en voz baja sin quitarle la vista al mapa, como si con eso lograra que el mapa me hablara. Me había apartado del grupo pues nada iba bien con ellos, lo que hacían allí era discutir.
Thorin estaba distinto y eso me desconcertaba. Cuando nos dejaron los Hombres del Lago su alma estaba tranquila, pero a medida que nos alejábamos del lago y la sombra de la Montaña nos cubría también se ensombrecía el alma de Thorin.
-Por aquí hay orcos, lo presiento- Bofur vigilaba los alrededores con temor, ya bastante había practicado en Esgaroth el uso del hacha –No creo que debamos permanecer en un sólo lugar-
-¿Y qué haremos con Smaug?- preguntaba Ori a todas ésas.
-Ya Belladonna nos planteó su plan. Hay que sacar a la bestia de su guarida- gruñía Thorin –Y matarla-
-¿Nosotros trece?- seguía Ori incrédulo.
-¡Los Enanos hemos matado olifantes, mi querido Ori!- Dwalin se alzó imponente con su enorme hacha lista para la batalla-¿No podríamos hacerlo con un dragón? Miren todas las armas que nos dieron los Hombres: Flechas, lanzas ¡Mataremos a Smaug cuando Belladonna lo saque de esta montaña!-
-¡Yo no haré eso!- rugió Thorin con toda su bravura, ésa que hacía que los Enanos se callaran- ¡No dejaré que mi hobbit sea una carnada!-
Volteé enseguida a ver aquello desde mi rincón. No sé qué me pasaba ahora con él, me daba miedo. Era tan fiero cuando estaba en esas situaciones, que me hacía dudar de las veces que lo sentí emocional y cercano a mí. Ahora se mostraba posesivo, y yo soñaba con que me diera amor y tal vez lo que haría Thorin conmigo sería adueñarse de mí y poseerme como si fuera yo su objeto.
¿Dónde estaba el romance que había notado en él? Tal vez fue todo una fantasía mía. ¿O era la influencia de ese lugar? Del oro de Erebor que decían estaba maldito.
¿Estaba obrando la maldición de Smaug sobre Thorin?
En aquel lugar yo dejé de creer en el amor, así de fácil, de la noche a la mañana.
No había dudas de que había cambiado desde que desembarcamos en la Montaña Solitaria, el lugar lo intimidaba muchísimo, pues era el lugar donde hace casi doscientos años creció con toda su familia y ahora estaba en ruinas y en vez de un reino, era una tumba tenebrosa.
Tal vez sobre mí también estaba obrando la Montaña, pues estaba cargada de miedos y dudaba de todo lo que creí que era maravilloso.
-¿Y cómo sabemos el tamaño de Smaug?- preguntaba Bofur que también se había mostrado muy preocupado cuando conté mi plan –Nadie lo sabe, ni siquiera tú que lo viste, Thorin-
El aludido lo miró ceñudo.
-Dicen que es del tamaño de una montaña- Bombur tuvo un escalofrío.
-Pamplinas- espetó Dori- Eso dicen las leyendas, pero no creo que sea verdad-
-Sólo Belladonna sabrá si podremos con ese monstruo cuando lo vea- dijo Nori y sus ojos se desviaron hacia mí que estaba sentada aparte. De hecho, las miradas de todos se posaron sobre mí, y tuve la sensación de que había lástima en ellas.
Seguiríamos caminando y caminado por toda la montaña sin descansar ni un minuto, buscando esa puerta secreta.
Mis esperanzas estaban puestas sobre un zorzal, porque tal como le dije a los Enanos, un zorzal nos indicaría el lugar donde estaba la puerta pero ellos no me creían.
Toda la noche me quedé vigilando, acompañada por Bombur, Dori y por Bofur, toda la noche busqué en los cielos la señal, el zorzal, antes de que llegara el momento. No descansé, no me detuve, refunfuñando los Enanos detrás de mí insistían en que era inútil todo eso.
Fue a primeras horas de la mañana, antes de despuntar el sol que vi en los cielos un ave, venía de las ruinas de Valle allá en la lejanía. Un ave pequeña que mis ojos de hobbit distinguió.
-¡Dori, Bombur, Bofur! Lo encontré ¡Vamos! ¡Llamen a los otros!- grité saltando como una loca.
-¿Queee?- gruñó el gordo Bombur malhumorado de tanto caminar.
-¿Estás segura de esto, Bella? ¿Qué el mapa dice eso del zorzal?- Bofur no estaba convencido y mucho menos Dori.
-¡Me voy tras él, ustedes síganme rápido!- corrí para no perder de vista el ave. La luz era escasa pues las tierras tapaban todavía el tenue sol invernal.
Bufando de agotamiento Bofur y Dori me siguieron y el último ordenó a Bombur que buscara a los demás.
Con pies ligeros y frescos como recién levantada de la cama escalé montaña arriba, entre rocas y árboles, persiguiendo el pequeño zorzal que revoloteaba por allí.
Bombur llegó con la noticia al campamento donde el resto de la compañía cargaba sus fardos y armas para un nuevo día. Muy gruñones todos emprendieron el camino siguiendo a Bombur, montaña arriba y muy lejos de la Puerta Principal.

Caía el mediodía del Día de Durin cuando encontré un camino de escalones olvidados y ocultos por la hierba que seguí hasta que al fin hallé la piedra gris, un muro liso, muy particular y allí estaba el zorzal. Emocionada esperé y esperé ver algo en aquella pared pero nada más sucedió, entonces oí los gritos de los Enanos a lo lejos y los fui a buscar.
-¡Aquí estoy! ¡Es aquí, la piedra gris! ¡Rápido!-
Era mucho más ágil y resistente que ellos, los pobre Enanos llegaron con la lengua afuera en especial Bombur que había corrido y escalado montañas esos dos días más que lo que haría en toda su vida.
-Es ésta, sí- se acercó Thorin a mí, observando fascinado la pared- Lo encontraste, y allí está el zorzal-
-¿Entonces?- pregunté.
-Entonces cuando el sol y la última luna de otoño estén juntos en el cielo…- susurró el rey Enano con voz profunda con los ojos azules perdidos en el cielo.
-Thorin- lo llamé y él me miró en silencio.
-Y bien, ahora vas a hacer lo que viniste a hacer ¿No?- me dijo con una repentina y sorpresiva frialdad.
-Sí- yo le respondí igual.
-Muy bien, si eso es lo que quieres. Nadie te obliga, hobbit terca- soltó.
Quería tanto hablar con él, y no tuvimos ninguna oportunidad. Pero ya me molesté por ese malhumor repentino que no paraba de mostrar durante esos dos días.
Era otra persona.
-Buscaré tu preciosa Piedra, eso es lo único que te interesa, tu Piedra del Arca y tu oro, Thorin Escudo de Roble- le dije herida por su actitud y su apatía. Era más que obvio que el interés por el oro era lo que lo estaba dominado. Yo no estaba allí en ninguna parte dentro de ese corazón.
No había sido más que una ilusa que se enamoró de un rey Enano que no era para mí.
-Tú no eres capaz de amar a una mujer, Naugrim codicioso y gruñón- dije impulsada por mis emociones.
-Y tú no eres más que una descendiente de ratas ¿Qué sabes de nosotros los Enanos?¿De mí? ¿De lo que me pasa? ¿De mi responsabilidad?- mis palabras lo hirieron horriblemente- ¿De lo que tengo que hacer aunque no quiera?¿De todos mis sacrificios?- gruñó él cruelmente que todos los Enanos bufaron y menearon las barbas en descuerdo con aquellas palabras. Era un Enano duro, de piedra.
Enseguida apartó la vista de mí, impertérrito como siempre, y se fue, nos dejó a todos allí solos.
Enfurecidos por aquel insulto con la hobbit, Bofur y Bifur se alzaron contra Thorin repentinamente pero Balin los detuvo, tratando de calmarlos pues en esos momentos oscuros se decían cosas que no se tenía intensión de decir.
-Oh, yo no quise decirle nada de eso ¿Qué le pasa a Thorin, Balin?- le pregunté afligida al Enano con apenas un susurro de voz y con el corazón dolido.
-Nadie quiso decir nada de eso ¡Ay, Bella!- éste suspiró –No lo oigas, no tomes a mal eso que te dijo. Nada de eso lo dijo de corazón- trataba de defenderlo -No tiene esperanzas para lo que siente, eso es lo que le pasa. ¡Pero yo no puedo hacer las cosas por él! – gruñó y me dejó con la incógnita.
Horas malditas aquellas, y nada sucedía con aquella puerta secreta.
Yo ya quería que todo terminara de una buena vez.

Al llegar el crepúsculo un rayo rojizo de los últimos del sol muriente cruzó por entre los árboles y llegó hasta nosotros y se posó sobre la roca lisa y gris. El viejo zorzal cantó con sus pequeños ojos brillando, y donde el rayo de luz se posaba la roca empezó a desmoronarse y cayó en pedazos sobre la hierba.
Una apertura se mostraba ahora en aquel hueco en la pared, era una apertura donde cabía una llave.
-¡La llave, Thorin, la llave!- exclamaba Dwalin y Thorin se apresuró a sacar la llave e introducirla por la apertura y girar.
Un crujido retumbó en el silencio y una puerta de unos tres pies de ancho y cinco de alto empezó a abrirse.

Capítulo XII

De aquí hasta el final sí que ya me invento muchísimo, ya no habrá casi nada del libro en el resto de mi historia . Pero para eso son los fanfics ¿No? jajaja XD ¡A venir inventos míos! entre ellos los nombres de la madre de Gimli y el esposo de Dís XD, y TODO el final será muy distinto

Capítulo XII
Los días de estancia en Esgaroth renovaron nuestras energías y nuestros ánimos.
Los Enanos andaban radiantes y gordos de tanta comida y descanso. A pesar de la cercanía de Smaug estaban bastante alegres, y la verdad es que a veces me incomodaba tanta atención. Todos eran corteses conmigo, incluso los Hombres del Lago, en especial Bardo que compartió mucho con nosotros en la taberna esa noche. Nos contaba historias de los grandes Reyes de Númenor y de mí quería saber todo sobre la historia de los hobbits.
Yo en realidad no podía contarle mucho más que lo que me contó mi abuelo.
¡Y si mi abuelo supiera hasta dónde había llegado yo! Que había conocido Elfos, que había matado arañas gigantes, y que ahora estaba en una taberna repleta de Hombres sentada en una mesa con doce Enanos, y aún me faltaba el gigantesco dragón…. Qué hubiera imaginado mi abuelo que este corazón mío iba a despertar por un Enano…un legendario Naugrim, heredero de reyes.
Pero eso era lo último que quería pensar.
Me enteraba que Glóin estaba casado, de hecho era el único casado de la compañía ya que los demás éramos todos unos solteros sin remedio, y estaba deseoso de poder terminar con el viaje para volver a ver a su esposa y su hijo Gimli. Gimli solía ser compañero de juegos de Kili y Fili, y Glóin hablaba con mucho orgullo de él. Él decía que su hijo tendría un futuro notable para la raza de los Enanos. Y yo deseé conocerlo, de hecho conocer a todos, a su esposa, y a Dís la hermana de Thorin y madre de Fili y Kili.
Sí, haría lo posible por recuperar Erebor para que el pueblo de Durin esparcido por las Montaña Azules regresara a casa.
Ahora ¿Qué haría yo después? Mis compañeros estaban haciendo planes como si ya estuvieran en su reino, libres de Smaug. Kili y Fili no me dejarían ir con facilidad, pues ya se hacían a la idea de que nosotros tres practicaríamos arco y flecha todas las tardes ante el ocaso a puertas de Erebor.
-Ya eres una de nosotros, Bella- decía Kili con su sonrisa habitual y su brazo rodeándome en un abrazo de camaradas de guerra- ¿Qué harás cuando todo esto termine victoriosamente?-
-Kili, aún falta lo más importante como para pensar que el final será victorioso- opinó Fili más serio. Claro, era el heredero de Thorin, y él se había encargado que fuera más responsable que Kili, por eso Fili no era tan soñador.
-No lo sé- dije con cierta amargura. Si bien el viaje me había hecho mucho bien y ahora tenía amigos y confianza en mí misma, también me trajo el amor, y ese amor que me había llegado era un Enano y no podía soportar no ser nada para él. No podría soportar verlo encontrar el amor con una Enana que fuera su reina.
Pero Thorin ponía todo su legado sobre los muchachos, como si estuviera decidido a que él jamás tendría descendencia. Se preocupaba por el futuro matrimonio de Fili y los herederos. Tanto así que el mismo Fili estaba fastidiado de esa presión.
Extraño sí, eso indicaba que por su cabeza no pasaba ni de lejos la idea de un matrimonio para él.
-Pero ¿Thorin no ha pensado en casarse?- pregunté como si nada a los otros Enanos.
-¡No que va!- bufaron Dori, Dwalin y Oin a coro –Por eso es tan gruñón-
-Y por eso está encima mío- gruñó Fili fastidiado de la presión de encontrar esposa.
-Es que verás, Bella- intervino Balin –No hay casi Enanas mujeres, por eso muchos nos quedamos solteros. Las Enanas están todas comprometidas o casadas- y miró a Glóin.
-No me vean así. Yo no tengo la culpa de que mi Fhinli se haya fijado en mí y no en ustedes. Soy mucho más guapo- rió Glóin con una enorme jarra de de cerveza en la mano celebrando ese hecho.
-Entonces, Fhinli es la madre de Gimli- adiviné yo.
-Así es- soltó Glóin con emoción añorando a su familia la cual tuvo que dejar en Ered Luin para partir en esa arriesgada misión.
-Volveremos, Glóin. Te lo prometo- yo le puse mi mano sobre la suya, haciendo una promesa al afligido Enano -Y tú, Fili. No te sientas presionado. Mírame a mí, yo nunca me casé obligada sólo porque tenía. Si no llega el amor pues no me caso- comenté al joven Enano de cabellos rubios –Y tú tampoco, Kili-
-Yo no creo que encuentre nunca esposa. Mi tío dice que soy un inepto- refunfuñó Kili, el Enano de hermosos cabellos negros sueltos. Era el único que no lo cargaba con trenzas.
-Kili, no digas eso- le dije yo. En realidad Kili era muy guapo pues tenía la belleza heredada de su tío y seguro de su madre también.
-Yo creo que has visto eso con tus propios ojos- acotaba el joven.
-Sí, he visto que Thorin es estricto pero ¿Sabes algo? Él los quiere mucho, a los dos, me lo ha dicho- le conté yo.
-¿Thorin te ha dicho eso?- se asombró Dwalin, que era muy grande y muy rudo pero por dentro era bastante tierno.
-Sí, él y yo hemos hablado a lo largo del viaje de cosas- confesé sobre algunas conversaciones que había logrado tener con Thorin.
Los Enanos todos se vieron unos a otros como si no creyeran lo que yo decía.
-Es cierto, yo los vi hablando de vez en cuando- comentaba Bofur, y Bifur su hermano asentía.
-¿Por qué sería raro?- me extrañé torciendo el gesto.
-Que Thorin hable así contigo podría resultar inusual. Él es muy reservado incluso con nosotros sus compañeros de tantos años- me decía Balin con una sonrisa y me parecía que me guiñaba el ojo. Estaba sugiriéndome algo con eso.
-¿Es porque soy una hobbit y mujer?- alcé las cejas obviando las insinuaciones de Balin.
-Tal vez- se encogió de hombros Balin –Ya sabes, Bella, al principio algunos de nosotros somos algo tontos. Y la verdad es que nunca nos relacionamos con otras razas. Pero contigo mucho ha cambiado-
-¡Claro, no eres una elfa al menos!- exclamó Dwalin y los demás celebraron eso.
Kili seguía cabizbajo sintiéndose menos que los otros Enanos, casi no comía.
-Kili, Thorin me contó que él fue el primer Enano en cargarte cuando recién habías nacido, y se sintió muy dichoso. Yo creo que eres especial para él- le confesé a Kili sabiendo que eran cosas muy privadas de Thorin. Pero esas cosas necesitaban ser dichas.
-¿En serio?- al joven se le iluminaron sus grandes ojos negros.
-Tu padre, ya sabes, él…- yo no quería entrar en tema tan doloroso, pero la cálida atmósfera de la taberna esa noche antes de partir a Erebor nos hizo hablar a todos –Murió poco antes de que nacieras tú-
-¡Malditos orcos, malditos mil veces malditos!- exclamaron los otros Enanos en memoria de Khîm , difunto esposo de Dís.
-Y entonces él era el único que quedaba allí para ser tu padre, tuyo y de Fili…- continué. Kili sonrió emocionado y Fili también- Y bueno, estuvo contigo abrazándote pequeñito. En verdad eso me lo contó-
Todos los Enanos brindaron conmigo:
-¡Bravo por Belladonna, y si fuera Enana pues ojalá y le crecieran mucho más las barbas!- celebraron a su estilo bebiendo cerveza y molestando al pobre Bombur quitándole la comida.
-No sé cómo no encontró mujer Thorin…- musité después -Él tiene un corazón muy noble-
-No la consiguió, pero por eso no tiene que andar presionándonos a nosotros con eso del matrimonio ¿No? - prosiguió Fili quejándose.
Pero yo sabía por qué la actitud para con sus sobrinos: Thorin había perdido todas las esperanzas de encontrar el amor, tal como yo. Ésa era la verdad, por eso estaba totalmente enfocado en su misión, sus deberes y en presionar a Fili para que formara una familia, porque pasara lo que pasara ya el destino hablaba: el futuro trono de Erebor pasaría a la descendencia de Fili o Kili nada más.

La mañana llegó llena de ilusión y de temor.
Los Hombres nos iban a llevar a todos en bote hasta las laderas de la Montaña Solitaria. Thorin fue el primero en salir de su habitación y pidió que fuera yo con él en un bote, y el resto en los otros botes. Tenía el mapa de su padre en la mano y una llave de plata muy extraña, y me dijo:
-Bella, debemos interpretar este mapa. Hay una puerta secreta, por donde huyeron mis antepasados. Es por allí que debemos entrar. Mira, mi padre tenía la llave-
-¡Sí, es verdad!- yo no había visto aquella llave, de seguro que Gandalf se la entregó a Thorin en algún momento.
-Las runas indican el lugar donde está la puerta- Thorin y yo íbamos a la cabeza de la caravana. Atrás venían los otros botes con el resto de los compañeros. El sol nacía detrás de la montaña y bañaba el lago con un romántico tono rojizo… Era realmente encantandor si olvidábamos lo que hacíamos en verdad allí.
El Enano estaba bastante sereno y muy pegado a mí me consultaba los pasos que tenía pensado seguir cuando llegáramos a la montaña:
-"Estad cerca de la piedra gris cuando llame el zorzal" - leía yo el mapa-" y el sol poniente brillará sobre el ojo de la cerradura con las últimas luces del Día de Durin"-
Thorin asentía meditando aquel acertijo.
-Tú puedes encontrar ese lugar, estoy seguro-
-Oh sí, soy buena para eso. Pero ¿Cuándo es el día de Durin?- pregunté yo mecida por el suave ir y venir del agua. En el bote nos acompañaban dos hombres que remaban pero estos permanecían atrás dándonos a nosotros total privacidad.
-El primer día del año nuevo de los Enanos- me explicó Thorin- Por eso planeamos el viaje en estas precisas fechas, en este preciso momento. Este año es el Día de Durin y no se presentará más. Es pasado mañana. Tenemos dos días para subir la montaña y encontrar la puerta-
-¡Por Ilúvatar, es demasiado cerca!. Muy poco tiempo- gruñí yo con desesperanza.
Thorin sorpresivamete pone su mano sobre la mía y me reconforta con una mirada. El contacto de nuestra piel fue como un corrientazo de placer. Retiró su mano algo perturbado por eso y luego dijo:
-Llegaremos, ya estamos aquí que era lo más difícil. ¡Quisieron los Valar que no nos encontraran los orcos o los trasgos! ¡Benditas sean nuestras barbas! Y subir una montaña es un paseo para un Enano, y para un hobbit también- sonrió y me quedé perpleja por toda esa conversación, era hermosa su sonrisa, y esa cercanía… Durante el viaje tenía la sensación de que se alejaba de mí. Todo había cambiado de la noche a la mañana, otra vez sentía en él insinuaciones extrañas. En realidad Thorin era bastante tímido, comprendí que no era como todos creíamos que era. Estaba empezando a ver cosas en él que no veía antes.
Yo lo imaginé un conquistador arrogante, que debía tener una fila de mujeres enamoradas detrás de él, porque así lo mostraban esos ojos seductores y esa mirada penetrante y atrevida muchas veces. Pero por lo que me dijeron los Enanos anoche… me equivoqué aparatosamente.
Thorin no tenía la más remota idea de cómo comportarse con una mujer que lo intimidara, eso era todo. Ahora notaba la dificultad que tenía para acercarse a mí, al fin lo reconocía.
Sonreí muy sonrojada y no sé si él lo notó.
-Y dime algo ¿De qué hablaron anoche? ¿Eh?- preguntó él muy curioso a propósito de nuestra reunión en la taberna.
-Ah, de todo un poco. Hubieras comido con nosotros, la taberna de Esgaroth sirve muy buena comida-
-Estaba muy ocupado estudiando este mapa- explicaba Thorin- para no llegar tan desorientados allá arriba- y señaló allá, a la inmensidad natural que teníamos adelante.
-Fili está preocupado porque dice que los presionas mucho- aproveché la ocasión para entrarle a ese tema- Es muy joven todavía para preocuparse por matrimonios, Thorin. Yo sé muy bien que no hay nada peor que eso. El amor debe llegar naturalmente-
-Fili ya es un hombre y un hombre debe ser, Bella. Es muy distinto. Debe buscarse una mujer porque ya es hora, y nuestras mujeres son notoriamente escasas, así que tiene trabajo. Claro que sí. Que honre a nuestros ancestros enriqueciendo nuestro linaje- soltó orgulloso y terco.
Entonces lo miré sugestivamente diciéndole con mis ojos "¿Y por qué tú no te has buscado tu pareja?" El Enano se tambaleó vencido ante eso y luchó contra una sonrisa muy indiscreta.
De repente hizo silencio y los dos contemplamos el lago por donde navegábamos a plena luz matinal. Y hacía muchísimo frío pues era invierno por aquellos lares.
Me estremecí y él lo notó. Y tuvo intensiones de abrigarme con su limpia y reluciente chaqueta de cuero adornada con finas pieles, un perfume a cuero y telas finas embargaba toda su presencia, pero la timidez lo limitó.
-Recuerdo esto como si fuera ayer cuando vivíamos aquí, yo y mi familia- susurró rompiendo el silencio del bote, respirando el aire fresco lleno de olores familiares de tiempos pasados.
-Me imagino lo que debes sentir, Thorin-
Él me agradeció toda la compresión, pero había algo que lo atormentaba y no podía decirme qué.
-Te agradezco todo lo que has hecho, de no ser por ti no estaríamos aquí, Bella- de la noche a la mañana hablábamos como viejos amigos. Estábamos muy a gusto. Aquello era inevitablemente la presencia de la muerte que ya la sentíamos- Pero quiero que sepas que si no te sientes segura con tu misión, pues no dudes en decírmelo-
Oh sí que estaba sorprendida. Pero ante eso dije:
-Estoy aquí porque quiero, una vez tuve intensiones de dejarlos y regresar a mi casa. Pero ya…- me sinceré emocionada ante su sonrisa –Ya no quiero regresar-
-Bella, tú no conoces a Smaug- el horror cruzó los ojos del rey Enano.
-Ese monstruo no sabe que estamos aquí. Cumpliré con el trabajo para el que me contrataron. Nunca hice nada en mi vida, así que ahora yo los ayudaré a que ustedes recuperen su tierra, Thorin. Bardo tenía razón al cuestionar nuestro plan, hay que hacer algo más para lograr eso: Hay que buscar la manera de matar a Smaug. Así que yo lo sacaré de su guarida protectora- le dije con firmeza y juntos observamos el camino que teníamos enfrente del bote: las laderas de la imponente y legendaria Montaña Solitaria.
Thorin Escudo de Roble estaba impresionado y nunca pudo sentirse más enamorado de Belladonna Bolsón.

Capítulo XI

Como ya había mencionado, desde la llegada de los Enanos al Bosque Negro no hay influencias de las películas en el fic. Sin embargo aquí añado a Bardo y algunas cosas que vi en el tráiler de La Desolación de Smaug. Pero nada más.

Capítulo XI
-Thorin, hijo de Thráin ¿Podemos hablar?- era Bardo, que se presentaba allí ante Balin y Thorin.
-Podríamos, si supiera quién es usted- el aludido no sentía ninguna simpatía por los humanos tampoco y menos aquel que desde que llegaron se la había pasado con la mirada fija en Belladonna Bolsón.
-Soy Bardo, heredero de Girion- se irguió ante ellos el hombre y Balin y Thorin soltaron una exclamación.
-Entonces, Bardo ¿Se uniría usted a nuestra misión?- Thorin se alzó pretendiendo con eso ser más alto, pero tan sólo le llegaba a la cintura al esbelto Hombre de Lago.
-Hum- Bardo meneó la cabeza -Es una locura, mucho me temo, esa arriesgada empresa, Thorin Escudo de Roble- dijo.
Thorin y Balin intercambiaron miradas.
-Lo sabemos, pero todos los signos se presentaron y ha llegado el momento, después de tantas décadas, de que nuestro pueblo regrese a casa- alegó Thorin.
Bardo suspira meditando aquello.
-No está usted interesado en recobrar su ciudad, ya veo- sentenció Thorin decepcionado ante el silencio del hombre. No había encontrado a nadie que lo apoyara más que aquellos doce Enanos y su querida y noble hobbit- Es extraño que una hobbit tenga más honor que usted-
Bardo se paseó por la habitación como si fuera suya. Eso molestó a los Enanos.
-Ustedes han traído a esa pequeña que nada tiene que ver con su asunto para entregársela al dragón- fue lo que dijo Bardo.
El corazón de Thorin se encendió ante una verdad que no quería aceptar.
-Eso no es así. El dragón está dormido, ella debe entrar porque es la única que puede hacer eso sin ser notada por Smaug, y dar fe de qué es lo que ocurre allí dentro. Smaug no la verá- intervenía Balin en defensa de Thorin pues sabía lo mucho que le había perturbado eso- No conoce a la hobbit-
-Está bien, pero supongamos que la pobre hobbit se salve ¿Qué harán ustedes entonces?- continuó Bardo implacable con su cuestionario.
-Sólo somos trece Enanos y una hobbit los únicos que hemos tenido el valor, el honor y la decisión de hacer esto. Porque ya ves que nadie más- lo enfrentó Thorin.
-Thorin…- Balin intercedió.
-Me preocupa la vida de la hobbit, que es inocente en medio de ustedes y Smaug-
-¿Y por qué tanto interés en ella?- al fin Thorin denotaba sus celos.
-¿Y por qué no habría de interesarme? ¿Por qué es una simple hobbit?- Bardo proseguía con sangre fría.
-¿Qué quieres decir con eso, Bardo de Valle?- la voz de Thorin se alzó sobre la de él. Era pequeño pero su voz y su presencia opacaron al hombre.
Bardo reflexionó pues no esperaba tal reacción del rey Enano. Algo había con él y la hobbit y eso no se lo esperaba. Debía medir sus palabras.
-Escuchen, no quiero entorpecer su misión, sólo pienso que van a despertar a Smaug, si es que existe, y eso nos va a destruir a todos-
-Smaug es muy real, mi señor- dijo Balin con un escalofrío- La misión de Belladonna en realidad es rescatar la Piedra del Arca, valioso tesoro de nuestro pueblo, luego ya veremos. Como dijo Thorin, hacemos lo que podemos, nosotros trece. No podemos hacer más-
Bardo los estudió con la mirada.
-Si no vamos nosotros, otros lo harán- denunció Thorin- ¿No es así, humano?-
-Si lo dices por Thranduil pues no eres tonto Thorin Escudo de Roble- lo apoyó el aludido.
Bardo era muy sabio y muy noble, al fin demostraba que su interés era desinteresado. Los ánimos de los Enanos se calmaron ante tal nobleza.
-Mañana partiremos a nuestro destino final. Prepararemos todo hoy- sentenció Thorin- Ya está dicho, no hay vuelta atrás-
Bardo lo miró con gravedad pero asintió. No estaba muy al tanto de las intenciones del gobernador con el asunto de los Enanos, pero sospechaba que algo tramaba pues el gobernador era muy ambicioso:
-Bien, vayan. Pero tengan mucho cuidado y si Belladonna no está segura no la obliguen-
-¡No lo haremos!- aclaró Thorin- Jamás la obligaría a algo-
-Bien, nos veremos antes de su viaje. Espero los Hombres del Lago los ayuden en todo, pero no confío en el gobernador… tengan cuidado Enanos de Erebor. Hay muchos intereses alrededor de ese tesoro-
Las palabras de Bardo alarmaron a Thorin y a Balin. Cuando el hombre se fue y cerró la puerta Thorin musitó:
-¿Crees que en verdad estamos haciendo mal, Balin?- y el Enano se dirigió a la ventana para ver la Montaña Solitaria –En hacer que Belladonna…-
-Hum, hum- gruñía Balin –Me preocupa todo, absolutamente todo-
Thorin bajó la mirada con pesar dejándose caer sobre la cama mientras Balin se quedaba parado junto a la puerta sin saber cómo aliviarlo. Después de lo último que dijo Bardo, definitivamente lo único que le interesaba a Thorin era Belladonna.
-Nunca debimos dejar que Belladonna se nos uniera ¡Nunca! Nunca nunca- repetía obsesivamente.
-La hicimos feliz, Thorin- dijo Balin- Ella no se sentía parte de los hobbits en cambio mira lo que es ahora, valiente y capaz de todo, y es parte de nosotros. Yo creo- el Enano sonó muy soñador- Que cuando recuperemos nuestro reino ella se quedará con nosotros y tomará como esposo a un Enano- dijo con doble sentido tratando de hacer reaccionar a Thorin –Por eso Gandalf planeó esto- agregó sugestivamente.
-¿Un Enano?- Thorin no pudo disimular el sobresalto pues su corazón había dado un vuelco violento. Balin no podía saberlo, lo que él sentía. Ningún rey Enano podía tomar como esposa a otra raza ¿Qué decía Balin? Lo atormentaba.
-Bofur- aclaró Balin alzando una ceja y miró de reojo la reacción de Thorin- ¿Por qué no? Se llevan muy bien, él ha sido muy atento con ella. Hacen buena pareja ¿Por qué no podría un Enano casarse con una hobbit?-
Thorin se paró como un resorte de la cama y el corazón le palpitaba frenético. ¿Por qué decía Balin esas cosas? Bofur casarse con Belladonna, Nunca… Pero la horrible realidad lo golpeaba:
-Claro… él puede. Él no es un rey- susurró amargo y sombrío.
Balin esperaba que eso al fin obrara algo en Thorin, que se aclararan sus emociones y reconociera lo que sentía, y que diera la iniciativa si amaba a Belladonna, como debía ser. Continuó con sus insinuaciones con lo de Bofur:
-Si Bofur quiere estoy seguro de que le hablará de sus sentimientos, y la conquistará. En fin, estamos en horas oscuras, y hay que prepararse para nuestro regreso a Erebor. Pero después de toda oscuridad viene la luz, mi amigo-

Como un león enjaulado Thorin se paseaba por la casa mientras los demás empacaban y preparaban todo para el viaje final esa última tarde en Esgaroth. Los Hombres del Lago ayudaban en todo. Pero para Thorin ya no era eso tan importante.
Increíble, él más fuerte que ningún Enano, que no le temía ni a los peores orcos de Melkor, estaba ahí debilitado por el amor, sin saber cómo entrarle a esa mujer antes de que llegara otro, tal como le había dicho Balin. Mientras él estaba muriéndose de timidez y de la estupidez, Bofur se ganaba a su hobbit. Incluso Bardo era más conquistador que él.
Pero ¿Como fallarle a su padre? Su padre perdido en Dol Guldur y él allí sin saber nada. Sin saber nada de Gandalf que por ningún lado se aparecía para ayudarlos. Estaba entre la espada y la pared. Entre el amor y el deber.
Él era el responsable de todo, por eso Bofur podía darse el lujo de conquistar a Belladonna. Eso era lo que pasaba, y entregar a la hobbit al dragón le negaba la posibilidad de rendirse ante el amor.
Esa noche ninguno durmió, ni la hobbit ni el rey Enano. Thorin no olvidaba las palabras de Balin, que pesaban sobre él junto con todo lo demás: la herencia de su padre, el compromiso con su pueblo, la venganza contra Smaug, la amenaza de los Elfos.
Y Belladonna, ella sentía su final cerca pero no daría marcha atrás, ella haría que los Enanos recuperan su reino. Los Hombres del Lago los llevarían a La Montaña Solitaria, ya el destino estaba allí en sus puertas.

Capítulo X

Esgaroth, la Ciudad del Lago, se alzaba justo en el medio del Lago Largo, la extensión de agua más grande que pudieran ver los visitantes. Era una ciudad de madera construida sobre troncos en la misma superficie del lago.
Eran Los Hombres de Lago los únicos que se atrevían a vivir en una zona tan cercana a la montaña del dragón. Eran gentes pacíficas y lo único que sabían de Erebor eran viejas canciones que hablaban sobre el regreso de Thror y Thráin, los reyes Enanos de la raza de Durin, sobre la llegada de un dragón y la caída de los Señores de Valle.
Las canciones profetizaban el regreso del Rey Bajo la Montaña y que cuando eso sucediera el oro saldría de la Montaña Solitaria como un río dorado.
Pero nadie creía ya en esas leyendas e incluso dudaban de la existencia de un dragón dormido allá dentro de la montaña. Hasta que una mañana el grupo de guardias que despreocupados y alegres vigilaban el gran puente ven llegar a cuatro extraños visitantes que muy pomposamente cruzaban el puente directo a la ciudad….
Del susto que se llevaron saltaron de sus asientos con las armas apuntando a los tres hombrecitos pequeños y extravagantes, más una criatura más pequeña todavía que no conocían, que venían llegando de la nada.

Nuestra llegada a Esgaroth fue todo un espectáculo, Thorin iba delante y yo con Fili y Kili caminábamos unos pasos más atrás, marchando con paso firme.
-¿Quién eres?- gritaron los hombres que vigilaban el puente al vernos llegar y nuevamente estaba yo sorprendida de ver gente tan alta e imponente. Eran los Hombres, a quienes yo veía por primera vez, y por la sorpresa en el rostro de aquellos hombres ellos también veían a alguien como yo por primera vez.
Thorin les llegaba apenas a la cintura y yo era aún más pequeña.
-¿Quiénes son? ¡Hablen!- temblaba otro de los guardias.
-¡Soy Thorin hijo de Thráin hijo de Thror, Rey Bajo la Montaña!- dijo el Enano con voz recia y a pesar de las ropas prestadas que llevaba desgastadas por el viaje, pues Thraduil le había quitado su traje real, Thorin conservaba joyas y cadenas de oro encima suyo que no dejaba de usar y eso lo hacía lucir como un verdadero rey- He regresado y deseo ver al gobernador-
Todo el mundo allí lanzó exclamaciones pues el rey Enano de las leyendas llegaba y algunos incluso corrieron a ver si el río se tornaba dorado.
El capitán de la guardia preguntó quiénes éramos entonces los otros seres que veníamos con él.
-Ellos son Fili y Kili, hijos de la hija de mi padre. Y ella es la señorita Bolsón, miembro valioso de mi compañía y que ha viajado con nosotros desde el oeste. Venimos en paz, como ven no tenemos armas. Hemos regresado a nuestros dominios, y como me dijo la señorita Bolsón, no podemos luchar contra todos ustedes-

Los Hombres de Esgaroth recibieron a los sorpresivos visitantes con perplejidad. Atendieron la petición de Thorin y los llevarían con el gobernador de la ciudad que estaba en una fiesta, y para allá llevaron a los Enanos y la pequeña criatura que iba con ellos.
El gobernador de la ciudad era un hombre enorme, y estaba sentado en una silla disfrutando de un banquete en medio de su gente y algunos Elfos cuando a las puertas del lugar llegó un Enano que se presentó antes de que cualquier guardia pudiera hablar:
-¡Soy Thorin hijo de Thráin hijo de Thror, Rey Bajo la Montaña y he regresado!-
Todos en la fiesta se levantaron de sus asientos de un salto ante la presencia del Enano, incluyendo el gobernador, y los Elfos presentes gritaron:
-Éste es el Enano que se escapó de nuestras prisiones- denunciaron a Thorin enérgicamente ante el gobernador. El Hombre cuestionó a Thorin con la mirada.
-Es cierto, los Elfos me encarcelaron sin razón alguna. Cuando yo soy sólo alguien que regresa a su tierra legítima. Nadie puede impedir que se cumplan las profecías-
El gobernador de Esgaroth era imparcial pero se regía por la política y ellos tenían trato con Thranduil. Sin embargo no cedió antes las denuncias de los Elfos sino que actuó con cierto interés y para complacer a la supersticiosa multitud: Fingió que Thorin y compañía eran lo que decían y así los recibió en la ciudad como huéspedes. A los otros Enanos los fueron a buscar e igualmente la gente los aclamó cuando llegaron.
Prepararon una casa enorme con habitaciones para cada uno de ellos, con comida y comodidades y la gente cantaba las canciones por las calles.

Al fin podía sentirme como en casa. Tenía una cama enorme y cómoda, comida, tinas y baños para asearme a gusto, y ropa limpia.
En aquella cama cabíamos como cinco hobbits ¡Los Hombres eran en verdad grandes!
La llegada a Esgaroth nos alegró a todos, incluso Thorin se veía más animado, ahora con sus ropas limpias, el cabello arreglado, sin rastros de ninguna herida. Era como un rey que ya se paseaba por sus dominios… De una belleza extraordinaria.
De todos los Hombres de Lago, uno en especial llamó mi atención: Durante nuestros días en Esgaroth, Bofur y yo conocimos a Bardo el Arquero, el Hombre que habla con las aves.
Éste era el que no me quitaba los ojos de encima desde que llegamos, de cabellos negros y muy apuesto. Muy amablemente nos invitó a comer en la taberna esa tarde, donde también estaban Bombur, por supuesto comiendo, Dori, Nori y Ori sentados en una mesa al otro extremo.
-Entonces, tú eres de la raza de los Hombres de Valle- adivinó Bofur pues los Hombres de Valle entendían la lengua de los zorzales- Entonces es cierto que hay aquí descendientes de Girion-
Bardo asintió con la cabeza pero no dijo nada al respecto.
-Y tú, pequeña- se dirigió a mí- ¿Es cierto que salvaste a Thorin Escudo de Roble?-
-Sí, señor-
-Nunca había visto a un hobbit. Ya veo que son criaturas maravillosas, y también muy lindas- elogió el hombre y yo me puse muy colorada. Me hubiera gustado oír esas palabras tan galantes en Thorin.
-¿Y cuál es tu misión en la compañía?-
-Entrar a la Montaña Solitaria y averiguar de Smaug y el tesoro. Especialmente rescatar la Piedra Del Arca de Thror para Thorin-
-Sí, algo así- agregó Bofur sin parar de engullir comida como un desesperado. No lo podía evitar después de pasar tanta hambre, tenía el temor de que nunca más volvería ver tanta comida.
-Pero no entiendo mucho ese plan- Bardo jugueteaba con su vaso de jugo pensativo. Bofur y yo nos miramos, en realidad no era un plan muy convincente –Hablaré con ese jefe de ustedes ¿Dónde está?-
-Thorin se pasa casi todos los días en su habitación y no sale mucho- informa Bofur- Y cuando sale es para pasearse por allí, pensando en quién sabe qué, o para reunirse con el gobernador-

Efectivamente Thorin estaba en su habitación y nunca se reunía con sus compañeros en la taberna, solía comer allí también, sentado en el escritorio que estaba lleno de papeles y libros (y el mapa de la Montaña Solitaria) en completa soledad.
Alguien tocó a su puerta y Enano se levanta a abrir: era Balin.
El recién llegado pasea la mirada por la habitación deteniéndose en la ventana:
-Estamos muy cerca- comenta mirando por la ventana la Montaña Solitaria que ya se veía desde allí -Pareciera que todo sucedió ayer-
-Así es- suspira Thorin invadido por los recuerdos y las sensaciones de antaño, de cuando vivía allá en el reino con su familia completa.
-¿Ves como pasan los años de rápido? No hay que dejar pasar nada, Thorin- dijo el Enano enigmáticamente para Thorin.
-¿A qué te refieres?- gruñó el aludido.
-Sólo quiero que sepas que si tienes algo qué hablar, puedes contar conmigo, como siempre-
-Yo no tengo nada de qué hablar-
Balin respiró profundo y se sentó en la cama con cansancio.
-Déjame decirte algo, es un grave error ocultar los sentimientos, un grave error. Los sentimientos se deben demostrar y eso no es ninguna debilidad, Thorin- le clavó sus negros ojos encima al rey Enano- No sabemos cuánto tiempo tenemos aquí en esta tierra, y hay cosas más importantes que el oro, que nuestros logros como guerreros o reyes, y eso es, te lo digo por mi experiencia, el amor, y estar con las personas que más queremos. Y yo creo que tú sabes eso muy bien ahora que otra cosa ocupa tu corazón y que no es precisamente Erebor ¿Hum?-
Thorin reflexionó y por un momento sintió un fuerte impulso para desahogarse con Balin. Contarle todo. Pero en ese justo momento llegaba un Hombre del Lago a su puerta y ambos Enanos se ven interrumpidos.

martes, 15 de octubre de 2013

Capítulo IX

En las mazmorras del rey Thranduil, Thorin había cambiado para siempre.
A pesar de todo el odio que había dejado en él Thranduil, y todo el peso de la venganza contra Smaug que había heredado de su padre, ahora había un nuevo sentimiento que crecía indetenible adentro de esa fuerte coraza que tenía y que ocupaba su mente más que el propósito de llegar a Erebor y recuperar el antiguo reino de los Enanos.
La sensación de las suaves manos de ella rozando todo su adolorido pecho, el calor de sus cuidados aquella noche, era demasiado hipnotizante para él. Algo en su cuerpo había despertado como un volcán y ahora no sabía a dónde lo iba a arrastrar eso.
Pero aceptar lo que le ocurría ahora era renegar de su raza y su linaje.
Thorin no podía amar a una hobbit, tan simple como eso, él no podía amar a la persona que habían contratado para entregar a las fauces de Smaug.
Porque su hobbit era para eso, ésa era su misión, y si Thorin ahora se retractaba, la misión se vendría al piso por completo. No sabía si lo que más le dolía era eso, poner la vida de Belladonna en semejante peligro, o el hecho de que ella jamás se fijaría en él de la manera que deseaba.
Todo su orgullo se tambaleó en la cuevas del Rey Elfo, nunca notó que en realidad era débil en aspectos importantes de la vida pues no sabía tratar a la mujer que le había robado el corazón. No creía que podría acercársele nunca como hombre y además no se la merecía. Y las palabras de Thranduil sellaban el destino de aquella ilusión: él no era más que "un enano feo y apestoso".
Era demasiado doloroso, y él no pidió eso, no lo quería, era un estorbo, una distracción para un guerrero con una misión tan importante como él ¡La hobbit estaba allí para enfrentar a Smaug así le costara la vida, y así ellos poder recuperar su tesoro y aún más, Erebor mismo! ¡Esos sentimientos inoportunos! ¡Lo arruinaban todo!
Thorin cerraría su corazón a ese invasor y entrometido sentimiento que era un estorbo. Para eso lo educaron, para ser un guerrero y un líder fuerte que no se dejaría doblegar por las emociones y sentimentalismos.


Más apesumbrado que nunca se la pasaba más callado y alejado de ella que antes.
Ya cuando la compañía llegaba a Esgaroth, todos preguntaban a su líder cómo iban a entrarle a los Hombres. El rey Enano no tenía cabeza para responderles, divagaba torpemente que Balin empezó a darse cuenta de que algo ocurría entre él y Belladonna, porque ambos tenían la cabeza en otra cosa que no era la misión.


Una noche me encontré con Thorin sin querer mientras él paseaba solitario a la luz de la luna.
-Belladonna- me llamó al verme impulsado por el temor a que me fuera -Hemos estado muy ocupados todos estos días, sin poder...hablar-
-Bueno sí, ehh- fue lo que me salió pero me ilusioné, y me ilusioné mucho.
-Eres oficialmente amiga de los Enanos de Erebor, nos salvaste y te espera un
titulo de honor en mi reino cuando lo recupere-
Fue lo que dijo, lo que tenía que hablar. Esperaba otra cosa, mi corazón que latía con fuerza tontamente ilusionado esperaba otra cosa después de aquella noche juntos a orillas del rio.
-Cuidaste de mí y me sanaste- aquello lo decía con mucha majestuosidad pero nada más. Me sentí como uno de sus soldados -Serás recompensada-
-Sí, lo sé. Así como también recibiré mi parte del tesoro- dije disimulando mi emoción.
-Claro- dijo él.
-Bien, entonces no hay más nada que hablar- claramente veía que yo no sería nada para él, que no era una Enana hermosa y digna de un rey, así que di la media vuelta y me marché para preocuparme más por mi misión: un enorme dragón que me esperaba, y no debía pensar más en este tonto amor de niña.


Thorin se sintió miserable al verla marcharse, pero así debía ser. Aquel viaje era lo más cruel que podía soportar, y no imaginaba el llegar a las ruinas de Erebor y dejar que Belladonna entrara sola allí... ¡Oh, quién podría comprender!
Ese amor inoportuno era una maldición... y una bendición, debía reconocer, porque ella le estaba abriendo los ojos a un mundo que antes desconocía.
Ah, el Enano bufó ruidosamente y miró hacia el horizonte donde estaba la Montaña Solitaria y solamente debía tener en mente a Smaug y nada más. En cuanto a lo que ocurriera con Belladonna durante su misión... él nada podía hacer al respecto.
De mal humor volvió con los Enanos para discutir su llegada a Esgaroth. Entonces fue cuando vio aquello: Kili y Fili bromeaban sin camisa y con los pantalones colgándoles de la cintura que casi se le caían por las piernas, con Ori, Bifur y Bombur riéndose escandalosamente y muy poco respetuosamente en un rincón, y a su lado vio algo mucho peor: Era Bofur y estaba tomado de las manos con su hobbit, su Belladonna ¡Vaya atrevimiento más grande! Belladonna siempre corría a sus brazos, de arriba a abajo iba con él, desde que salieron de La Comarca eran Bofur y Belladonna y eso ya molestaba a Thorin lo suficiente. La puñalada de los celos le atravesaba el pecho.
Claro, no podía saber que Bofur había encontrado a la hobbit triste y que se había sentado con ella para consolarla. Que no había allí otra cosa que una profunda amistad. Y aunque lo viera, la naturaleza celosa de los Enanos no lo dejaría razonar.


-¡Kili! ¡Fili!- una voz nos sobresaltó a todos -¡Qué hacen comportándose como unos ebrios y con esas fachas!- Thorin había aparecido en el grupo furioso con sus sobrinos -¡Qué falta de respeto es ésa! No parecen ser dignos de llevar el linaje de Durin ¡Vístanse!-
Kili y Fili se avergonzaron mucho y enseguida corrieron a ponerse sus camisas. Los jóvenes habían tenido un momento de vanidad para con la hobbit mientras trataban de animarla, ésa era la verdad, por eso se quitaron las camisas. Thorin no era tonto. Ori, Bifur y Bombur se estaban riendo de aquel teatro que los jóvenes montaban pero ya no.


-Sólo estaban jugando- bufó Balin observando todo-Todos necesitamos relajarnos después de lo que hemos pasado, y tratamos de divertir a nuestra saqueadora que anda nerviosa por la cercanía de su trabajo... ¡Enfrentar a Smaug, nada menos!. No hay que tomarse las cosas tan en serio-
-Bofur, quiero hablar contigo- Thorin ignoró a Balin pues estaba enfocado en Bofur nada más.
-¿Qué pasa?- perpleja por aquello traté de razonar con Thorin. Pero él sólo me miró con reproche y volvió a su asunto con el Enano. Bofur no dijo nada sino que se levantó de la hierba para atender al jefe. Él era muy humilde y poco orgulloso, por lo tanto no chistaba ante estas cosas
-Ya estamos demasiado cerca de Smaug- le dijo el jefe enérgicamente. Yo y los otros Enanos observábamos atontados la escena- Nadie cree que lo logremos, todos nos ven muertos apenas lleguemos allá. Esperan que muramos para tomar nuestro tesoro ¿Entiendes la responsabilidad que tenemos, Bofur?-
-Claro que sí- Se defendía el aludido nerviosamente.
-Entonces es hora de que dejes de jugar todo el tiempo y te pongas a entrenar en combate, porque podemos ser atacados por orcos en cualquier momento y tú no has agarrado una espada en todo el viaje. Sólo andas de amiguito ¿Entiendes?-
-Un momento muchachos, calma, calma- intervino Balin al fin -¿Por qué la preocupación, Thorin? antes no te importaba que no todos fueran guerreros-
-Me importa ahora ¡Ocúpense de la situación y dejen el amigueo!- ordenó a Bofur y a todos los demás -Los espero junto a la fogata, a todos, vamos a hablar lo de mañana-
Dejando las cosas claras y sin darme un chance de calmarlo, el rey Enano se aleja dejando a Balin meneando la cabeza ante una clara escena de celos.
-¿Qué rayos pasó?- balbuceó al fin Bofur- ¿Y qué tiene de malo que andemos sin camisa? No estamos desnudos, vamos. Nunca ha sido problema, no le hemos faltado el respeto a nadie-
-Pues tal vez ante una mujer a Thorin no le guste que anden sin camisa- suspiró Balin.
-Bah y eso ¿Por qué?- torció el gesto Bofur –Yo soy un Enano bastante decente y les dije a estos torpes que se bañaran con sus pantalones, al menos-
-Ah, muchacho, no preguntes, que ese mal genio de Thorin es porque está atravesando algo muy confuso que le ha llegado justo ahora. Está sufriendo...- Balin meneaba la cabeza cansadamente- Vamos, todos, a la fogata-
Esto no podía quedarse así, yo hablaría lo que tuviera que hablar en aquella reunión.


La noche estaba clara pues la luna brillaba como nunca sobre nosotros en aquel cielo inhóspito. Los Enanos y yo nos sentamos al rededor de la fogata, excepto Dwalin y Dori que debían permanecer vigilando todo el lugar. Ya nuestra compañía estaba sin los ponys (Que tuvimos que dejar antes de entrar al Bosque Negro) y sin la mitad de nuestros fardos. La comida la habíamos recuperado un poco en nuestro trayecto, nada más que puras frutas secas y vegetales que conseguíamos para comer en aquellas tierras. El hambre era perenne sobre todo en ellos cuya dieta consistía en carne mayormente. Sólo yo estaba bien con comida como ésa
-Bien- habló Thorin más sereno pero en su rostro quedaban las marcas de sus tormentos. Ninguno de ellos podía comprender lo que le pasaba, debía controlarse, no se estaba comportando como el líder que aquella compañía necesitaba -Mañana llegaremos a Esgaroth y de allí sólo es un paso a nuestro destino. Hemos pasado juntos incontables días, compartiendo esta vida al aire libre, de privaciones y peligros. Todos nos hemos vuelto una familia- y sus ojos azules se clavaron en mí haciéndome estremecer, y no tanto por lo que sentía por él, sino por la tristeza que había en ellos.
-Estoy seguro de que los herederos de Girion están allí- intervino Glóin -Podremos negociar con ellos, sabrán que somos los que hemos venido a
retomar Erebor y lo respetarán-
-Es posible, Glóin- apoyó Oin.
-¿Quién es Girion?- intervine yo muy acomodada en el grupo; que allí reunidos alrededor de la fogata se sentía la compañía de verdad como una familia, a pesar de las discusiones.
-Era el antiguo regente de Valle, la ciudad que está junto a la Montana Solitaria. Solíamos ser aliados los Enanos y la gente de Valle. También fueron arrasados por el dragón- contaba Oin.
-Entonces esta gente no son enemigos- preguntó Fili ansioso.
-No deberían- susurró Thorin- Los descendientes de Girion y la gente de Valle deben estar tan interesados como nosotros en matar a Smaug-
-Entonces ¿Qué hacemos?- Bombur bostezaba cansado.
-Entraremos a esa ciudad y reclamaremos nuestro lugar. Si se oponen y no se nos unen los atacamos- opinó Thorin enérgicamente.
-No, no no, espera Thorin, creo que eso no es prudente- hablé yo parando un poco aquel ímpetu -¿Cómo atacar nosotros a toda una ciudad? Es una tontería-
-Es cierto, me dejé llevar por mis impulsos- Thorin reflexionó, La hobbit obraba ese efecto en él, pues antes estaba totalmente ciego por muchas cosas y por eso cometía algunas imprudencias.
-Muy bien dicho, mi querida hobbit- me felicito Glóin por aquel logro. Otra vez veía que yo enfrentaba a Thorin victoriosamente. Pero no se atrevió a poner su mano sobre mi hombro delante de él y nadie sabía en realidad por qué.
-Entonces. Que nuestras saqueadora haga el plan- anunció Thorin sobresaltándome -La que nos salvo. Ella decide ¿Qué opinas, Bella?-
-Bueno, hum- me agarró de sorpresa pero bueno, yo ya tenía una idea clara- Está bien. Si esta gente fue víctima de Smaug también y fueron gente de Valle aliados de los Enanos en tiempos pasados, no veo por qué habrían de apresarnos. No pensemos lo peor y no actuemos a la defensiva-
Los Enanos murmuraron entre sí.
-Opino que mañana lleguemos a Esgaroth con tranquilidad y nos presentemos. Porque no tenemos nada que ocultar y nada por qué actuar como bandidos, nos presentaremos como lo que somos - continué.
Thorin asintió con la cabeza aceptando mi plan.
-Iremos yo y mis herederos primero- agregó Thorin para redimirse con Fili y Kili que sonrieron.
-Bien, eso suena mucho mejor- apoyé.
-Y también con mi hobbit- concluyó el rey Enano.