viernes, 29 de noviembre de 2013

Capítulo XXII y final

-¿Hijo?- dijo el anciano. Thorin no podía decir nada de la profunda emoción que oprimía su pecho.
El anciano se acercó a él y lo miró todo vestido con las ropas de Thrór y se emocionó muchísimo.
-Hijo, mírate, ya eres todo un rey- dijo tomando a su hijo por lo hombros.
-Padre…- al fin pudo hablar. Su padre lo tocaba, no era un fantasma, no era nada de eso un sueño.
Todos observaron aquella escena hasta que Dís vio a su hijo Fili y corrió a abrazarlo. Ambos se abrazaron fuerte frente a las puertas de Erebor y ella preguntó por Kili con el corazón encogido porque allí estaban todos los Enanos menos Kili.
Los Enanos la tranquilizaron contándole que Kili estaba adentro.
-Cien años en Dol Guldur- decía Thráin –No sé cómo estoy vivo, no sé cómo aún te recuerdo, hijo. Pero ahora estamos en otra grave situación- lamentaba el Enano no poder disfrutar de aquel encuentro tan añorado.
-No padre, esto ya se resuelve- le dijo Thorin.
-¿Estás seguro? Has cedido el tesoro de nuestro pueblo ¡Thorin! ¿Qué haces?- el anciano no aprobaba tal acción –Nuestro tesoro es nuestro ¡No deshonres a tu abuelo así!-
-Padre, hay cosas más importantes que ese oro. La vida me ha bendecido demasiado como para poner eso en riesgo por ese oro- le dijo Thorin.
-¿Qué puede valer más que nuestro tesoro de miles de años?-
-Me voy a casar-
-¡Oh, buenas nuevas!- exclamó Gandalf ante aquellos hechos, pues había logrado su objetivo.
Dís se sorprendió muchísimo ante esa noticia, alzó las cejas observando incrédula a su hermano. Hubiera creído primero que las Ent-mujeres estaban allí a que Thorin se hubiera enamorado.
-¿Entiendes padre lo que me pasa? Tú sabes lo que es esto, tú te casaste-
-Oh, sí lo sé, eso lo recuerdo también- suspiró Thráin comprendiendo completamente la decisión de su hijo.
-Quiero vivir el amor, no morirme en una batalla-
-¡Vaya! ¿Pero dónde pudiste encontrar ese amor, Thorin?- intervino Dís sin creer aun nada de eso.
Thorin se quedó callado, era obvio que todos pensaban que era una Enana la mujer que amaba. No sabía cómo iba a entrarle a ese tema.
-¿Te echaste perfume, hermano?- Dís bromeó a propósito del aspecto tan limpio de su hermano.
-No es perfume, es jabón- gruñó él con una sonrisa.
-Bueno, esto se ha resuelto, sí- intervino Gandalf ya que estaban allí el rey Elfo muy fastidiado con aquello y Bardo, más todo un ejército que esperaba.
-Aún quedan cosas pendientes entre tú y yo, Elfo- dijo el rey Enano a Thranduil que torció el gesto con indiferencia. Gandalf intervino otra vez para no dejar que algo se inmiscuyera en la paz que habían logrado.
–Hemos de proceder a repartir el tesoro de una manera muy justa. Estos señores están aquí a la espera- señaló a los ejércitos de Thranduil y Bardo- Yo te ayudo Thorin, y además me ofrezco a celebrar tan hermoso acontecimiento- le guiñó un ojo al Enano y Thorin se ilusionó con su boda pues Gandalf lo casaría con su Belladonna.


Ahora vendría el momento de que todos los Enanos, su padre, su hermana, Dáin y su gente que venían a ayudarlo a reconstruir Erebor conocieran a la futura Reina Bajo la Montaña.



Continúa en fic "La Reina Bajo la Montaña"
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Capítulo XXI

A primera hora de ese día y en las laderas de la Montaña Solitaria, los campamentos de los Hombres y de los Elfos tenían una vida agitada. Esperaban impacientes el tiempo pautado para que Thorin Escudo de Roble decidiera entregar el tesoro, como habían acordado durante el último encuentro.
Los ejércitos no se esperaban la llegada ese día de extranjeros inesperados.
Un hombre a caballo venía galopando como el viento, directo a la tienda del rey Thranduil. Y no descansó hasta haber llegado ante la presencia del mismo Elfo.
Los Elfos se encontraban organizando armas y caballería para mantener la guardia ese día, cuando el hombre llega extenuado y salta del caballo trayendo un mensaje urgente para el rey.
-Viene un ejército por el norte, su majestad- dijo el hombre casi sin respiración –¡Ya están aquí!-
-¿Un ejército, humano?- Thranduil no se inmutó -¡Orcos!-
-No señor, no son Orcos, son Enanos- informó el hombre.
Thranduil enseguida hizo llegar la alarma a Bardo y sus hombres. Se acercaba un ejército de Enanos que no esperaban, y no tenían idea de quién era. Todos en los campamentos empezaron a correr de un lado a otro.

Pero otra sorpresa más les esperaba a Thranduil y Bardo. Esperaban el ejército de Enanos por el norte pero por el sur tres personas llegaron aparte y cubiertos por el misterio.
 -¿Qué? ¿Quién está allí?- bramó Thranduil montado sobre su alce blanco listo para la batalla, y Bardo estaba al frente junto sus hombres también listos para la batalla, pero ambos vieron llegar a otra gente por la retaguardia. Y ya esa gente estaba allí a unos pasos de ellos -¿QUIÉN VIVE?- gritó sorprendido el orgulloso Elfo.
-Thranduil hijo de Oropher- dijo una conocida voz y el Elfo se quedó de piedra aguzando la vista para ver la figuras misteriosas que se había colado entre su ejército -¿Te acuerdas de nosotros?-
El rey Elfo, Bardo y toda su guardia encararon a los tres recién llegados y distinguieron un hombre alto con una sombrero puntiagudo montado sobre el caballo más hermoso de toda la Tierra Media, el gran Sombragrís. Y aquel mago venía acompañado por dos personajes que más perplejos los dejaron: dos Enanos, uno muy desgastado y anciano y otro que se les antojó pensar que era una mujer.

Gandalf el Gris había llegado a Erebor al fin, acompañado por las personas más soprendentes.
-Thranduil hijo de Oropher. Supongo que te acordarás de Thráin Rey Bajo la Montaña y su hija Dís, que han regresado a su reino- sonrió Gandalf con mucha tranquilidad.
¿El curso de la guerra cambiaba con eso? Thranduil no lo creía así.
-Thráin hijo de Thrór… qué sorpresa- balbuceó el Elfo como si viera a una fantasma.
-Muchos años estuve en Dol Guldur, no sé si podré ser Rey Bajo la Montaña otra vez pero me han dicho que mi hijo Thorin han logrado retomar el reino. Él es el nuevo Rey Bajo la Montaña- dijo Thráin muy cansado y avejentado. El Enano estaba vivo gracias a Gandalf nada más.
-Así es, oh rey Elfo- apoyó Dís con solemnidad.
-Eso no redime el hecho de que parte del tesoro es nuestro- discutía Thranduil y su ejército partiría a las puertas de Erebor, tal como había acordado con Thorin si no se rendía antes.
-Causarás una guerra innecesaria, Thranduil- le dijo Gandalf –Pero bueno, hablemos con el Rey Bajo la Montaña ¡Vamos! Que Dáin ya llega-
El rey Elfo no respondió a aquello pero el mago agregó:
-Déjame hablar a mí primero, oh sabio rey, luego veremos qué nos dicen los Enanos de Erebor-
Gandalf y Sombragrís tomaron la delantera y empezaron a subir por el sendero nuevamente habilitado hacia las puertas del reino Enano. Y atrás el rey Elfo y Bardo se alinearon junto con sus soldados de vanguardia, detrás del mago y el Señor de los Caballos.

Un caballo blanco que resplandecía bajo el sol se veía desde lo lejos y los Enanos distinguieron la llegada de extraños visitantes que no eran ni gente de Bardo ni gente de Thranduil. Thorin y sus Enanos estaban frente a la Puerta Principal a la expectativa y cuando Thranduil y Bardo llegaron al reino, se sorprendieron mucho de verlo vestido con ropas reales pero ninguna armadura, como imaginaban.
Pero los Enanos de Erebor tenían esa vez otro objetivo que llamaba aún más su atención: no podían distinguir quienes más venían con los Elfos y los Hombres, allá junto con Thranduil y Bardo. Thorin se quedó esperando pacientemente pero aguzaba la vista lleno de sospechas y con los latidos del corazón más acelerados.
-Es Gandalf- murmuró al fin atónito a sus compañeros –Gandalf ha regresado-
-Pero ¿Quién viene con él?- dijo Balin inquieto a su lado. Los Enanos no podían creer lo que veían.
Thorin miraba atentamente hacia la multitud de recién llegados, pero no pronunciaba palabras.
-¡Salve, Thorin Rey Bajo la Montaña! He venido con el despuntar del nuevo día trayendo muy buenas nuevas- cantó el mago con una sonrisa.
Paralizado el rey Enano no respondió a ese saludo pues sus ojos estaban clavados en los dos ponys que flanqueaban a Sombragris, dos ponys que traían a dos Enanos sobre sus grupas.
Gandalf hizo silencio ante la sorpresa de los Enanos, y los otros dos se quedaron atrás sin acercarse todavía.
-¿Quiénes son…?- balbuceó al fin.
-Thorin, primero que nada debemos aclarar esta situación. Dáin ha llegado y aquí están Thranduil y Bardo…- le dijo el mago antes de distraer todo del asunto que tenían allí encima.
El rey Enano se sacudió de la cabeza las ensoñaciones que lo habían embargado pues era obvio que los Enanos que venían con Gandalf eran seguramente Dáin y algún capitán de las Colinas de Hierro, así que se enfocó en la situación con los invasores.
-Dime, Thorin Escudo de Roble- intervino Thranduil acercándose a los Enanos, intimidante por su tamaño y majestuosidad.
-Perdón, pero así me llaman los Enanos. Los Elfos me conocen como "El asesino del Elfos" así que así es como debes llamarme de ahora en adelante, Thranduil-
Ante esto Thranduil sólo asintió con fastidio y luego Bardo prosiguió.
-Thorin, no venimos aquí en son de guerra aunque hayas creído lo contrario. En verdad nosotros reclamamos lo que es justo-
Los Enanos no dijeron nada.
-Veo que…- añadía Bardo a propósito de que Thorin no llevaba puesta ninguna armadura de guerra- aún no se deciden ¿O me equivoco?-
Siguió el silencio entre los Enanos. Thorin empezó a pasearse por toda la entrada que ya estaba reparada y con las puertas de nuevo colocadas cerrando el paso hacia adentro.
Los ejércitos expectantes entraban en nerviosismo mientras unas trompetas anunciaban la llegada de los Enanos de las Colinas de Hierro. Thranduil, Bardo y Gandalf exigieron la respuesta de Thorin.
Poco a poco fueron apareciendo en las laderas los Enanos de Dáin montados en ponys armados con lanzas y escudos, pero los hombres de Bardo o los Elfos de Thranduil no hicieron movimiento alguno. Daín se acercaba, pero se quedó parado y a la espera montado sobre un enorme pony negro y con sus Enanos armados con cotas de mithril, escudos enormes colgados a sus espaldas, fuertes azadones en una mano y espadas cortas en la otra, todos formados detrás de él.
-Bien- al fin habló Thorin- He decidido que no habrá ninguna guerra aquí-
Aquello levantó murmullos entre todos, especialmente Gandalf reaccionó, y los dos Enanos que estaban detrás de él igual.
-Accedo a que sea repartido el tesoro equitativamente. Mis Enanos vigilarán muy bien eso. Si aceptan la repartición del tesoro así pues accedo a su petición-
Thranduil se quedó perplejo, Bardo sonrió y Gandalf aprobó orgulloso las palabras del rey Enano que había vencido la enfermedad del dragón y la codicia del oro.
-Thorin, Rey Bajo la Montaña, aún no has reconocido a quienes vienen conmigo ¿No?- el mago se acercó a las Puertas Principales después de que el barullo se calmó, y lo mismo hicieron los Enanos que lo acompañaban.
La inquietud se apoderó de todos los compañeros de Thorin a medida que los extraños visitantes se acercaban, sobretodo Thorin empezó a temblar pues ya su corazón le decía lo que todavía no le decían sus ojos. Perplejo había identificado a su hermana Dís allí presente, y ella venía con un anciano que aún no identificaba quién era.
-Thorin- ella lo saludó y luego le hizo un gesto para que saludara a su acompañante. Thorin no reaccionaba, estudiaba al anciano Enano negándose a reconocerlo.

Capítulo XX

La reconstrucción de Erebor tomaría algún tiempo, pero siendo nosotros sólo trece Enanos y yo y ya el lugar se veía más limpio y organizado, las cosas marcharían mucho más rápido cuando llegaran los Enanos de Las Colinas de Hierro.
Bofur me llevó a unas cámaras más profundas todavía y el tiempo parecía no haber pasado allí, el lugar conservaba toda la belleza de los tiempos de Thrór, hacía ciento cincuenta años atrás. La muleta que me habían hecho me funcionaba muy bien, casi podía andar al paso de Bofur que me ayudaba en algunas partes que estaban derrumbadas.
No sé que querría Thorin conmigo después de todo lo que me dijo, después de que se había vuelto un vaivén entre sí y no.
-Hola- cuando el rey Enano nos recibió a puertas de una habitación majestuosa me impactó su presencia: Estaba totalmente limpio y con ropas nuevas que no había visto antes, y olía a perfumes de jabón y telas finas que no sé de dónde salieron. Su cabello negro brillaba trenzado a la usanza Naugrim.
-Hola- saludé secamente pero mis ojos se fueron a recorrer la habitación que tenía atrás. Era hermosísima, y como si nunca hubiera estado abandonada; y Bofur tampoco disimulaba su admiración- ¡Este lugar es hermoso!- dije inevitablemente.
-Sí, lo he acomodado todo- explicaba Thorin.
-Entonces a esto te dedicabas todos estos días- adiviné al fin.
-Algo así. Yo… estuve muy ofuscado la última vez. Me disculpo- dijo ante nosotros dos con un semblante muy distinto a cuando nos dio la noticia de la guerra –Bella ¿Viste ese pasillo de paredes blancas que está allá después de las escaleras?-
Él me señaló hacia el lugar de donde veníamos y yo asentí.
-Eran los aposentos de mis padres, y en las puertas de enfrente dormíamos nosotros tres- contó Thorin con la mente en el pasado.
-Oh, tú, tu hermana y Frerin-
-Sí, así es- sonrió –Yo creo que Dís ha hablado mucho de eso en Ered Luin ¿Verdad Bofur?-
-Sí- Bofur sintió nostalgia por su casa. Aún no se acostumbraba del todo a Erebor –Ella siempre recuerda este lugar y a sus padres-
-Esto debía increíble cuando reinaba tu abuelo- dije con admiración- Pero volverá a ser igual-
Thorin suspiró ante eso y Bofur y yo intercambiamos miradas.
-Yo creo que…- iba a mencionarle el asunto que me traía pero mis ojos notaron una magnífica armadura de oro que tenía Thorin atrás de la puerta y que hizo que exclamara: –Por mi abuelo ¿Qué es eso? ¿Era de Thrór?-
-Sí –respondió él orgulloso y nos llevó a ver de cerca la obra de los Enanos –La usaré yo ahora- dijo rozando la gloriosa armadura con sus dedos.
-Sé que honrarás a tu abuelo y a tu padre con ella. Pero también debes saber que ya los has honrado, porque estamos aquí, estás aquí y el dragón ha muerto. Ya has saldado tu deuda, Thorin-
-Tal vez- reconoció, pero tenía algo más importante que decirme, la razón por la cual me mandó a llamar- Pero mira, Bella, mira. Las cosas aquí se han mantenido muy bien, hay muchas que están como las dejamos. Mira- y entonces quitó una sábana que tenía encima de otro perchero que estaba al lado de la armadura. Un vestido rojo de bordados de plata apareció ante nosotros, adornado con joyas y cintas blancas. Hermosísimo que incluso yo quedé prendada con el vestido –Era de mi abuela-
-Ohh- me acerqué a tocar aquella tela, con delicados acabados y costuras. Una obra sin duda de las Enanas de Erebor- Todo esto es… woww, es que todo es tan hermoso. Nunca había visto algo así. Ya había oído hablar de las habilidades de los Enanos, y mucho he visto, pero todo esto… es precioso. Y tú te recuerdas muy bien-
-Sí, apenas lo vi lo recordé- suspiró con emoción, con las imágenes del pasado cruzando ante sus ojos –Y ahora quiero que lo uses tú, lo mandé a limpiar con Ori para que estuviera como nuevo para ti ¿Ves que también eres de nuestra talla?- me mostró que al vestido lo ajustaron un poco pues yo era mucho más delgada pero de resto era una Enana completa - Porque yo he sido bastante descortés y malhumorado. Lo siento. Pero eso no significa que desde que te vi la primera noche no me gustaras y mucho. Yo, este Enano tosco y poco romántico, te ama-
Lo había dicho, muy a su estilo, pero asi contenía más sentimiento que de otra manera.
-Thorin…- se me encogió el corazón de conmoción y Bofur prefirió irse a ver las obras de arte de la habitación de Thrór para dejarnos un poco de privacidad.
-Es verdad. Y aprecio todo lo que has dicho y todo lo que hemos pasado en esta aventura. Y abrazarte aquella vez del Día de Durin… eso fue la sensación más maravillosa que pudiera experimentar en todos mis años de vida-
-Thorin, yo quiero decirte que tal vez, que tal vez hay otras salidas que aceptar las provocaciones de esos oportunistas de allá afuera- solté todo lo que tenía en mi pecho ante su declaración de amor. Estaba desesperada que no salían mis emociones con palabras.
Él me miró con tristeza y dio unas vueltas sin perturbarse.
-Ojalá las hubiera, lo he pensado… pero la guerra… la guerra no se acaba nunca, mi Belladonna Bolsón- decía él.
-Tal vez- esta vez Bofur debía intervenir- Tal vez nos conviene sacrificarnos nosotros-
-¿El reino dices tú, Bofur?- lo estudió el rey Enano con las cejas alzadas.
-Sacrificar el reino para vivir nosotros. Piénsalo, por favor- le dije y me aferré a él sin miramientos. Con un abrazo Thorin me acogió deseando sentirme como aquella vez ante la puerta secreta y no dejarme ir nunca.
No todos los Enanos estarían de acuerdo con eso, ellos habían venido para luchar hasta morir. Eso lo sabía Thorin, y en su rostro se reflejaba el fin.

Fue un honor para mí probarme el vestido escarlata de legendario pasado, y Fili se encargó de trenzarme todo el cabello y mi apariencia cambió. Esperaba con ansias curarme totalmente pero eso tomaría algún tiempo.
Afuera de la Puerta Principal se montaba guardia constante, dos o tres Enanos, el resto trabajábamos adentro, e espera de la llegada de Dáin que decidiría nuestro destino.

Por las noches Bombur hacía grandes banquetes gracias a que algunos Hombres de Bardo nos daban comida y agua, además de que los conductos y desagües de agua internos de Erebor ya comenzaban a funcionar como antes.
Estar allí adentro nos hacía olvidar un poco de la situación que esperaba afuera, al menos por esos días. El día que me estrené el vestido para la cena, Thorin se presentó a comer con nosotros, y era otra persona, con esas ropas y ese porte. Era todo un rey, y ya no más el Enano en el exilio.
Orgulloso no dejó de admirarme con mi nuevo atuendo y mi cabellera trenzada, le brillaban los ojos tan sólo de verme.
-Eres hermosísima, ratoncito- me dijo con picardía –Esos hobbits estaban bastante mal de la cabeza al no verlo y dejarte ir, pero bueno, tanto mejor porque así los Enanos nos ganamos esto. Y aunque fueras un ratón yo igual te quería, porque eres hermosa tal como eres-
Yo me sentía muy halagada, y casi era feliz, de no ser porque sabía que pronto él iría a una guerra devastadora, tal vez más pronto que lo que deseaba, y que aquella cena podría ser una cena de despedida. Y era cruel, era cruel tener eso ahora cuando no podría disfrutarlo.
Quería llorar pero no dejé que ninguno de los Enanos lo notara.
-¿Sabías que toco el arpa, Bella?- comentó Thorin alegre en medio del banquete –Voy a tocar para ti esta noche ¡Bifur!- ordenó con un gesto y Bifur trajo el instrumento, muy bien lustrado y afinado. Debió ser muy antiguo, nunca había visto un arpa así.
Tomó el arpa y se sentó en otra butaca y los Enanos comenzaron a recoger todos los platos y limpiar la mesa, y preparar todo para la música. Y luego de aquel caos hicieron silencio.
Thorin se concentró y con ligeros movimientos de sus dedos empezó a acariciar las cuerdas de su instrumento. Las notas que salieron del arpa me encantaron como un hechizo de los Istari.
-Es una vieja tonada- me dijo Balin melancólico- Eso está saliendo de su corazón, Bella. Sin duda ¿Eh?-
Luego de la canción de Thorin, los Enanos tomaron flautas y tambores y comenzaron a tocar alegremente y otros a bailar. El rey quiso tomarme de la mano y bailar, pero ni yo podía bailar ni él bailaba mucho, pero accedí, y me acercó a su cuerpo y me abracé a él con las melodías alrededor de nosotros hechizando el ambiente.
-Cuando Dáin venga nos casará- me susurró al oído, sus labios rozaban mi oreja con deseo, con sus barba muy suave cosquilleando mi mejilla- Ojalá hubiera un Enano aquí con la potestad pero no lo tenemos entre nosotros. Espero a Dáin y su gente-
-Yo también- le dije de corazón con voz quebrada. Él me apretó fuerte para hacerme sentir su cuerpo y él sentir el mío. No bailábamos en realidad, era un abrazo melódico.
Thorin también tenía el peso de la muerte en su alma, cuando quería vivir nada más que para estar con ella.
Me miró a los ojos y sentí su aliento fresco y tentador, y él el mío, y no quiso que me alejara, me atrajo hacia él y poco a poco sus labios húmedos como imanes atraían los míos.
Una caricia, un roce y sus labios se posaron sobre los míos, al más puro estilo Naugrim. El beso con las caricias de su lengua me hizo debilitar las piernas y ya la cocina dejó de existir para nosotros, y mi mano acariciaba aquella barba negra suave y recién cortada.
El beso Naugrim salía del alma de Thorin por primera vez y hechizó a la hobbit con un ardor que quemaba cada fibra de su ser.
Casi desmayados los dos, nos abrazamos después de aquel beso y yo entre lágrimas le dije lo mismo que me había dicho él cuando entré a la puerta secreta:
-Regresa con vida a mí, mi Enano amado-

Capítulo XIX

-Bella…- Thorin abrió muchos los ojos que eran como un mar profundo de salvaje oleaje, pues era mucho lo que sentía en momento tan importante de su vida –Qué mal momento, muy mal momento…- lamentó sacudiendo la cabeza de todas esas ensoñaciones y apartó la mirada de mí.
-Sí, ya veo que lo es- estuve de acuerdo, pero igual quería aceptar su propuesta. Mi corazón era como un caballo salvaje.
-Esto es lo más importante de mi vida- dijo manteniendo en vilo a todos los presentes- Pero no creo que tú estés muy al tanto de la realidad. Yo creí que al fin había cumplido con mi destino y que al fin podía pensar en otra cosa para mi vida pero no, aquí estamos otra vez: Han venido a mis puertas para recordarme lo que soy-
Quise acercarme a él y consolarlo pero mi pie me mantuvo inútil. Él evitaba mi mirada pero nuevamente da un giro:
-Soy un asesino. Pero parece que todo el mundo se olvida de eso- soltó de repente con rabia infinita que nacía de sus entrañas. Se odiaba a sí mismo por todo lo que había hecho- Yo no soy ningún galán romántico, Bella, no sé amar como tú misma me dijiste. Tenías razón con lo que me dijiste el Día de Durin. Soy un Khazâd y los Khazâd no somos esos príncipes enamorados ¡Soy un asesino!-
Los Enanos presentes menearon las barbas pero no podían contradecir a Thorin que decía una gran verdad, aunque a Kili le hubiera gustado contradecirlo en eso último que dijo. Kili era un romántico, es sólo que no se atrevía a decir nada al respecto porque lo avergonzaba.
-Entonces… me pregunto si aceptarías casarte conmigo si yo estuviera aquí con la cabeza de Thranduil colgando de mi mano-
-Thorin… no seas tan duro contigo mismo- me horroricé con aquello.
-¿Aceptarías casarte conmigo si estuviera aquí bañado en sangre de pies a cabeza? Después de haber matado a cientos como lo he hecho tantas veces en el pasado? ¿Sabes a cuántos he matado sin piedad?- Thorin parecía poseído por la maldición del oro otra vez, pero no, me engañaba, era el verdadero Thorin el que me hablaba- Porque eso es lo que voy a hacer allá afuera ahora, voy a salir y los voy a matar a todos, y le sacaré el corazón a ese Bardo y lo tendré en mi mano regodeándome con la sangre-
-¡Thorin!- exclamé y retrocedí aterrorizada –Yo sé lo que eres, yo sé lo que has hecho, y aún así te amo- confesé –Además tú te olvidas que yo tampoco soy una princesa, coqueta, hermosa o delicada. Me llamaban ratón, nunca preciosa hobbit, sino ratón, varonil como un niño. Y soy una asesina también, maté a tres arañas gigantes y mataré en una batalla también- me hinché orgullosa y hubiera querido tener mi pequeña espada "Aguijón" allí conmigo.
El rey Enano gruñó sin argumentos contra eso, y los demás bajaban la cabeza ante una realidad de la que antes se enorgullecían, pero ya no tanto.
-Bella…- mis palabras habían aplacado notoriamente el fuego del ímpetu de Thorin- ¿Cómo puedes verme si yo sólo sé matar? No sé amar, y parece que muchos se crean una imagen de mí al respecto que nada tiene que ver con esta naturaleza. De mis ciento noventa y cinco años, la mitad me la he pasado matando, Orcos, Elfos, lo que sea, y la otra mitad luchando contra las adversidades. Y esos muchachos, que tú dices que yo he sido un buen padre, también son unos asesinos porque yo los enseñé-
Fili y Kili permanecían callados, y con eso confirmaban las palabras del rey.
-Yo eso lo entiendo ¿Qué no lo ves? Yo sé eso, y entiendo sus vidas y no la juzgo ni intento cambiarla, y lo acepto. Y juzgo por lo que veo, y en este viaje yo sólo he visto de ti gentileza y nobleza-
-Pero nos han truncado todo…-soltó con ojos llorosos, desesperado –Ahora moriremos, porque la vida nos negó el llegar aquí y construir una vida nueva- Pero cuando lleguen Dáin y sus ejércitos saldremos allá afuera y los mataremos-
-Así sea, sí, por Mahal, los mataremos- exclamó Fili, y Glóin, Oin, Bofur, todos allí clamaron guerra con orgullo.
Yo meneaba la cabeza decepcionada, todo había cambiado en un abrir y cerrar de ojos, y por un momento yo creí vivir un tonto romance. No, esa tontería ya no más, la vida real era eso, lucha, y lucharía. Mi ilusión se ensombreció y nada podía hacer para cambiarlo.
Estaba viendo la realidad de los Enanos y de mi Thorin, pero no me echaba para atrás, no dejaba de amarlo así fuera él una bestia sanguinaria. Sabía que lo era y aún así veía lo hermoso en él y me había enamorado.
Entonces Thorin se me acercó y yo retrocedí, pero no tenía razones.
-No, no temas- dijo sereno, pero con los ojos brillantes todavía- No temas, pequeña hobbit. Tú sabes que estas manos llenas de muerte jamás te harían daño, nunca. Tú si que has sabido ser para mí- y me tomó de las manos con una gentileza asombrosa- No permitiré que te pase nada. Estarás protegida aquí y si tengo que morir moriré antes de que entren a la montaña a hacerte daño. Yo no puede creer que me aceptes tal como soy, eso es lo que pasa- confesaba, pues todo había sido consecuencias de la situación que había caído encima de nosotros.
-Yo te veo, Thorin- le repetí mis mismas palabras.
-Entonces lucharé, lucharé para regresar a ti y cumplir con mi propuesta. Es lo que más deseo en esta vida- dijo con una profunda pena marcada en su rostro hermoso, pues no había muchas esperanzas- Eres mía, Bella, y te tomaré- agregó con el ímpetu en la piel.

Pasarían algunos días antes de tener a Dáin y sus ejércitos en la Montaña Solitaria. Fueros días de angustia y Los Enanos trabajaban sin parar y preparaban sus armas para la guerra.
Yo deseaba ir con ellos, batallar, pero estaba inválida al igual que Kili que se retorcía de frustración en su cama. Yo me ocupaba de él, pues de mi Thorin no supe más, se había encerrado para no verme más en los aposentos de Thrór.
Había mucha preocupación en el ambiente y los Enanos murmuraban , murmuraban mucho de Thorin. De resto me concentraba en ayudar en algo en los trabajos, construyendo un reino que ya creía mío, porque estaba segura de una cosa, de que el rey Enano me tomaría por esposa si no pasaba una desgracia mayor. Me tomaría, como decía él a su estilo, sea para bien o para mal.
Hasta que una tarde, me sorprende Bofur con el anuncio de que Thorin solicitaba mi presencia en sus aposentos.
-¿Qué querrá conmigo?- me negaba a acceder a su inesperada petición.
-Vé, Bella. Él te necesita- me aconsejaba Bofur- Tú eres la única que puede hablar con él de ciertas cosas, hacerle entrar en razón. Thorin te escucha, aunque ande ladrando todo el tiempo, él te escucha- me guiñó el ojo el Enano con su picardía habitual -¿Sabías que allá en Ered Luin, Dís le metía sus buenas jaladas de oreja?-
Yo sonreí sin poder evitarlo.
-Thorin habla mucho, se ganó de hecho el sobrenombre de "Asesino de Elfos" shhh, casi nadie sabe eso, pero ahora lo sabes tú. Está muy orgulloso de esa fama… Pero no te dijo nada de eso porque no se glorifica ante ti de tal fama ¿Ves lo que significa? Tú haces que él se abra un poco más y salga de la coraza que tiene encima. Creo que con tus consejos podremos llegar a una solución menos devastadora-
-¿Qué puedo hacer yo ante esta guerra, Bofur?- lamenté con inmenso cansancio- La guerra no es mi especialidad. No debo inmiscuirme-
-Precisamente, de eso tienes que hablar con él. Muchos tememos que Thorin no está bien. Por favor, debe haber otra salida a esto. Habla con él-
Dijo el Enano y yo accedí a ir a las cámaras de Thrór, con la ayuda de Bofur pues por mí sola yo no podía moverme mucho.

Capítulo XVIII

El joven rostro de Kili había adquirido color y poco a poco se fueron abriendo sus ojos para distinguir el techo de una oscura y abovedada cámara.
Volteó confuso y lo que vio fue una cama improvisada colocada no muy lejos de la suya donde dormía la hobbit, Belladonna.
-¿Qué pasó?- reaccionaba lentamente, aclarando su visión y su mente. Pero no se podía mover, tenía todo un brazo y una pierna totalmente inmóviles y le dolía el cuerpo.
-Muchacho, bienvenido al mundo- le dijo una voz y el muchacho volteó hacia su izquierda.
Oin estaba allí a la luz de unas antorchas y no muy lejos estaba Bombur sentado observándolo con curiosidad.
-Estás muy herido, no te muevas mucho- le decía Oin- Tu pierna y brazo estaban… Bueno. Pero te recuperarás-
-¿Qué le pasa a Belladonna? ¿Por qué está en esa cama?-
-Ella también resultó herida, y aunque tiene menos fracturas que tú el humo de los incendios de Smaug la enfermaron- le explicaba Oin quien fue a echarle un vistazo a la hobbit- Esperamos que despierte al menos pronto. No debería estar así pero- el Enano le tocó la frente- está fresca, respira mejor… Debería despertar, pero bueno. Hay que dejar que la naturaleza obre-
-¿Qué pasó con Smaug, dónde están todos?- Kili quiso pararse pero ni modo, cayó abatido por el dolor -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?-
-Han pasado no sé, como unos tres días. Por Mahal que ya el tiempo ni existe aquí abajo, no sabemos- resoplaba Oin muy cansado.
-Lo que sí sabemos, Kili...- intervino Bombur- Es que la bestia ha muerto, amigo. ¡Muerto!-
Kili no pudo reaccionar ante la noticia como hubiera querido, estaba demasiado inmóvil y adolorido.
-Pero, pero…- gruñó al fin.
-Pero nada, estamos aquí sitiados. La Montaña Solitaria está rodeada de un ejército de Hombres y Elfos que vienen a reclamar parte de nuestro tesoro- Oin fue donde Belladonna y se sentó a su lado, en el piso, por supuesto- Tenemos un enorme problema ahora. Ya han armado campamentos y todo allá afuera-
-¡No! No podemos permitir eso- se enfureció Kili- ¿Qué dice mi tío?-
-Ya te podrás imaginar la preocupación que tiene encima, pero saber de ti lo alegrará- el viejo Enano llamó a Bombur y le indicó que anunciara a los otros que Kili estaba consciente y que trajera un poco más de agua fresca. El aludido obedeció –Al menos algunos de los Hombres de Bardo nos han ayudado a traer comida y agua, y ya este lugar está más habitable que antes y el humo se ha ido-
-Belladonna tiene que ponerse bien, tiene que comer algo- Kili quiso pararse otra vez e ir donde estaba ella –Vamos-
-Sí, y tú también- Oin se inclinó sobre la hobbit y empezó a sacudirla por un brazo suavidad –Bella, despierta- la llamaba tratando de despertarla –Bella, Bella- Luego fue a buscar un pedazo de tela húmedo y agua para refrescar a la hobbit.
Thorin y los otros Enanos no tardaron en llegar a la cámara de los heridos, y ven a Kili despierto y sereno sobre su cama y Thorin respira profundamente.
-Kili- susurró con voz temblorosa.
-Tío…- dijo Kili cohibido. No era muy emocional con su tío, tal vez porque éste no le daba muchas oportunidades de serlo. Su educación había sido muy formal y rígida, sobre todo con el asunto emocional, que no era propio de los guerreros. Pero en ese aspecto Kili no podía acatar las enseñanzas de su raza.
El rey Enano fue a arrodillarse junto a su cama y le tomó la mano al muchacho.
-Kili, está bien. Te recuperarás-
Kili estaba sorprendido de aquello, y se avergonzaba de haber caído ante Smaug.
-Lo siento, yo no pude, tío, Smaug…- murmuraba excusándose.
-Nadie hubiera podido contra Smaug, Kili, no tienes nada de qué avergonzarte. Luchaste como todo un guerrero, me lo contaron tu hermano y Dwalin- le dijo Thorin con una expresión de orgullo –Eres un digno hijo de la raza de Durin-
Kili se sintió inmensamente feliz y Fili también se le acercó, y Thorin junto a ellos dos sonrió agradecido por tener esa familia, aunque faltaran su padre perdido, su hermana Dís y… su amada Belladonna .
-Pero ahora tenemos problemas mayores- volvió a la realidad y el rey Enano se levantó para hablar seriamente con sus compañeros –Nos quieren invadir, mucho me temo, y nosotros somos trece y…- miró hacia Belladonna y sintió una punzada de dolor y no pudo continuar.
-No podemos permitir esto- exclamó Dwalin -¿Cómo van a venir ahora a pretender quitarnos el tesoro de Thrór?-
-Es verdad- refunfuñaba Balin dando vueltas por toda la cámara que ya estaba limpia de escombros y piedras –No es justo. Pero, nada podemos hacer-
-Oh, sí podemos hacer, negarnos y no ceder- intervino Fili enérgicamente –A ver cómo hacen para sacarnos de aquí. Podemos vivir bajo la tierra por muchos años-
Thorin se quedó pensativo un rato, luego apoyó lo dicho por Fili.
-No cederemos. Nos quedaremos aquí, y si quieren guerra se la daremos. Ahí tenemos las armaduras y lanzas de nuestros ancestros, así que las vestiremos y los enfrentaremos hasta la muerte- sentenció con severidad y ojos centellantes.

-¿Oin?- me oí pronunciar con una voz que no reconocía. Abrí los ojos y respiré profundamente. Ya mis pulmones no ardían.
-¡Bella!- alguien exclamó y en medio de una visión borrosa distinguí una figura que se me acercaba. La vista se me aclaró y reconocí a Glóin.
-¿Glóin?- balbuceé y moví un poco la cabeza. Glóin corrió a buscar una copa con agua y se acercó a mí otra vez -Toma, debes tener sed, toma, bebe-
Con dificultad me levanté y era como si despertara de un sueño vivificante y reparador. Observé todo a mi alrededor y recordé todo lo que había pasado. Estaba en Erebor aunque ahora todo se veía claro, limpio y seguro.
Estaba en la cámara donde me había desmayado, pero acompañada por Kili en otra cama y Oin y Glóin. Tomé agua en una copa de oro puro y estaba fresca. Bebí como nunca.
-Qué felicidad, los enfermos resucitan- cantó el viejo Oin.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- pregunté tanteando mi pie vendado e inmóvil, que ya no me dolía -¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Kili?-
-Ha pasado mucho ¡Ah! Pero lo importante es que ya estás mejor y Kili también- me ayudaban a sostenerme los dos Enanos.
Entonces recordé lo último que había oído en mi estado febril, lo que me había dicho Thorin y mi corazón dio un vuelco. No fue un sueño, fue la realidad.
-¡La bestia ha muerto! Y estamos todos vivos- me anunciaron con una sonrisa- Sin embargo las cosas no están del todo bien. Pero eso no importa ahorita ¿Cómo te sientes?-
-Bien, de hecho- me senté y creía que podía pararme también, pero con la ayuda de algo –Pero ¿Qué me pasó?-
-Creo que te desmayaste a causa del humo que inhalaste y la debilidad, y lo del pie que no fue fácil, además del influjo maligno del fuego de Smaug- opinaba Oin –Pero al menos eso ya pasó. ¿Ves lo fuerte que eres?-
-Puedo parame, si me dan algo. La verdad no soporto más estar acostada-
-Toma, esto te servirá- Glóin me dio una pieza de metal que me serviría de apoyo y los dos me ayudaron a parame. Tenía muy ligera ropa, y estaba muy sucia así que quise limpiarme un poco.
-Por Ilúvatar que parezco una miserable. Me quiero asear un poco y este pelo ¡Cómo ha crecido!- exclamé notando por primera vez desde que salí de La Comarca que lo tenía largo, y ahora me caía sobre los hombros -¿Cómo está Kili?-
-Bueno, él está más delicado… debe quedarse en cama por todas esas fracturas. Pero si lograra hacer los medicamentos que conozco sanaría más rápido- decía Oin con frustración.
-Y ¿Donde está… él?- dije con emoción contenida, todavía un poco ida de la realidad.
-Él… ¿Quién?- Oin preguntó tontamente y Glóin le dio un codazo –Ah, sí, él. Pues bueno, hay muchos problemas aquí, Bella, y todos estamos trabajando muchísimo… Supongo que anda por allí con Fili, o afuera hablando con los Hombres…-
-¿Los Hombres? ¿Qué Hombres?-
-Oh, es una larga historia. Pero esta mañana estuvo aquí con Kili- contaba Glóin –Bueno, creo que necesitas tiempo para ti ¿Estás bien con ese pie?-
-Estoy de maravilla, y mi pie completamente inmóvil y muy bien entablillado y casi no me duele- solté demostrando una fortaleza que yo no conocía antes.

Nuevamente Thorin con Fili, Dwalin, Bofur y Bifur había salido a hablar con los invasores después de haber estado en la cámara de los enfermos.
Y nuevamente el rey Enano rechaza la propuesta de Bardo y Thranduil de compartir el tesoro de Erebor con ellos. Entonces Thranduil orgulloso declara la guerra a Thorin Escudo de Roble y sus Enanos.
-Enano, no te conviene tener esa actitud- decía el poderoso Elfo de cabellos dorados, muy por encima de Thorin sobre aquel alce misterioso- Tienes heridos allá dentro, y ustedes son muy pocos-
-Habla claro, Elfo ¿Qué quieres decir? ¿Por qué has venido a mis puertas con ese ejército?-
-Porque sabía que ibas a ser un testarudo, poco digno de tu linaje-
-Testarudo soy que estoy aquí para cumplir con la misión que me encomendó mi padre, benditas sean sus barbas, y proteger el tesoro de mi abuelo y que le pertenece a mi gente nada más. Ya veo- razonaba el Enano, pero ni Thranduil ni Bardo comprendían, condenaban a Thorin Escudo de Roble de arrogante y codicioso, cuando en realidad tenía todo el derecho de rechazar la propuesta.
-Tu padre está muerto y no le cumpliste, Enano- dijo Thranduil seco como una roca, inmisericorde –Ahora tienes allí dentro a gente herida ¿No es así? Gente débil como esa hobbit-
-¿Qué quieres decir…?- reventaba en rabia el corazón del rey Enano cada vez que el Elfo se metía con Belladonna.
-Que están en una situación mísera, y ella podría morir… si mi ejército entra a ese antro- sentenció Thranduil. Eran claras amenazas que ponían a Thorin entre la espada y la pared ante las intensiones del rey Elfo, porque había venido a acabar con ellos, con o sin tesoro. Eso entendía él.
Bardo no estaba del todo de acuerdo con Thranduil pero nada había logrado con las discusiones que había tenido con él.
Si no salían ellos a batallar entrarían a la fuerza al reino y la vida de Belladonna correría grave peligro.

Parecía que todo lo que necesitaba mi cuerpo era unos días de sueño profundo para reparar todo el cansancio y todas las heridas que había acumulado de mi aventura. Me sentía bien, y con muchas ganas de quitarme la enfermedad y el desgaste del viaje y la lucha contra el dragón de encima.
Tal vez lo que en realidad me animaba era lo que Thorin me había dicho cuando me componían el pie.
Estaba en ropa interior mientras Oin me buscaba ropa limpia, por lo tanto era la primera vez en mucho tiempo que me sentía tan descubierta. Los Enanos usaban una camisilla muy ligera y fina con unos cortos pantaloncillos como ropa interior y eso era lo que tenía encima, nada más. No me importaba lo inadecuada que era esa camisilla para una mujer, me arreglaba el cabello mientras Glóin hablaba interminablemente todo los conflictos entre Enanos y Elfos que conocía. De repente alguien más llegó a la cámara y yo volteé creyendo que era Oin con mi ropa… pero no ¡Era Thorin!.
Fue cuando me di cuenta entonces que yo era totalmente diferente a ellos, que era una mujer. Durante todo el viaje nada más lo recordaba pues la ropa me ocultaba todo, pero ahora lo vivía. Thorin se quedó mudo cuando me vio, y nunca lo había visto con aquella mirada y aquella expresión, no disimuló en ningún momento que sus ojos estaban fijos en mi cuerpo.
No me sentí avergonzada ni de cerca, qué extraño, aquello me gustó, el hechizo que el sólo verme causo en él. No había experimentado algo así antes. No me oculté, no me volteé y él no quitó sus ojos de mí, y quise sonreír sorprendida de mi actitud. Cuando Glóin se da cuenta de lo que pasaba y al fin llegaba Oin con la ropa.
-¡Cúbrase, maese Bolsón!- dijo Glóin alegremente y me puso una sábana encima carraspeando.
-Está ropa está recién lavada- agregaba el otro Enano.
-Ehh bueno- reacciona Thorin al fin sacudiendo las botas, había venido con un peso enorme en su alma y el corazón le saltó al entrar en la cámara de los heridos –Yo… he venido pues para decirles que debemos… - se suponía que iba a anunciar el inicio de una batalla, traída sobre sus hombros las amenazas de Thranduil, pero en ese momento lo olvidaba y esa compostura orgullosa y seria que adquiría por coquetería ante la hobbit volvió a él–a ver cómo están, pues vengo de afuera y… hay asuntos muy graves que me acongojan, pero no importa . Estás levantada, Bella, qué bueno- nuevamente la mira a ella, y esa vez a los ojos- ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?-
-Me estoy recuperando- sonreí –Y… recuerdo bien todo lo que me dijiste, Thorin- tomé aire emocionada, y no me iba a callar, ya había pasado dos días o más callada- Desde mis sueños tengo algo muy importante que decirte-
El rey Enano se hinchó y parecía más alto, si algo había pasado con los Hombres y los Elfos, si había una amenaza sobre ellos, sentía que podía con eso, que podía vencer.
-Acepto- dije muy sonrojada pero totalmente decidida y Glón, Oin y Kili giraron todos a ver a Thorin.

Capítulo XVII

El hambre, el agotamiento y las heridas hacían estragos en los Enanos sitiados en La Montaña Solitaria. Las horas pasaban como días.
Kili y Belladonna permanecieron inconscientes por casi dos días mientras Smaug revoloteaba por los alrededores aterrorizándolos. La Puerta Principal era una amenaza pues por allí podía entrar el monstruo y destruirlos de una buena vez. Pero algo había distraído el juego sádico de la bestia, algo que ocurría más allá de las laderas. Nada sabían del mundo de afuera más que lo que Bofur, Fili y Ori en su vigilancia podían ver.
La situación adentro se había puesto tensa, Thorin no toleraba tener a Belladonna y a Kili allí tirados en el piso inconscientes al cuidado de Oin, sin saber de verdad cómo estaba su salud y sin saber qué respuesta le iba a dar ella a su propuesta. Al parecer una enfermedad los agobiaba ahora. Era un castigo. Atormentado se iba a recorrer Erebor por horas y horas recordando el pasado y ensombreciéndose completamente sin el consuelo de tenerla a ella allí para escucharlo.
Los otros Enanos por su lado hacían otras cosas, el trabajo era su pasión por lo tanto no tardaron en empezar a limpiar y arreglar el reino así fuera paso por paso. Recuperaron las armaduras, escudos y las armas de sus antepasados y las limpiaron para ellos usarlas algún día.
Pasaron dos días así, pero no más. Algo ocurría en las afueras de la montaña y de Smaug no supieron más, se había ido pero eso no les daba ningún alivio.
Pronto sabrían lo que estaba pasando, cuando al despuntar el sol del tercer día del sitio un cuervo llegó a donde ellos estaban, trayendo un mensaje y el sonido de unas trompetas en la lejanía.
-Soy Roäc, hijo de Carc ¡Oh Gloriosos Khazâd de tiempos antiguos!. He venido a traerles la noticia de que la gran bestia, Smaug el Magnífico, ha muerto- dijo el cuervo ante los Enanos en la Puerta.
-¡Muerto!- gritó Nori.
-Muerto- repetían Bofur y Fili perplejos.
-Sí, y que al zorzal que lo vio caer nunca se le caigan las plumas. Vio a los Hombres de Esgaroth acabar con él. Bardo el Arquero ha matado al dragón- cantaba Roäc agitando sus alas –Glorioso sea ese día-
-¡Muerto Smaug!- saltaron los tres –Muerto, el gusano ha muerto-
-Pero he de decirle algo a Thorin Escudo de Roble, el tesoro es todo suyo, pero la noticia de la muerte de Smaug ya llegó a todos los reinos aledaños y han venido para acá ambicionando encontrar el valioso oro-
Fueron ésas las palabras del cuervo.
Ori y Nori corrieron a llevar la impactante noticia a las entrañas de las cavernas.
-Sí, así es hermanos. Smaug ha muerto- jadeaba Nori de la emoción.
-"¡Bajo la montaña tenebrosa y alta
El rey ha regresado al palacio!
¡El gusano terrible ha caído y ha muerto
Y así una vez y otra caerá el adversario"-
Cantaban los Enanos la legendaria canción por los cavernosos recintos.
-Pero cuidado, el cuervo nos advirtió algo…Creemos que hay gente afuera- informaba Nori -¿Dónde está Thorin? Debemos llevarle un mensaje-
-Se perdió otra vez- meneaba la cabeza Dwalin- Algo le pasa desde que Oin diagnosticó que Belladonna estaba enferma. Es que no puede estar en paz. Cuando creíamos que todo se arreglaba… pasan estas cosas ya ves-
-Ve a buscarlo, Dwalin. Creo que anda ya sabes dónde, en los aposentos de su abuelo- le dijo Balin.
El Enano fue a buscar a Thorin rápidamente mientras la confusión, y a la vez los cantos, imperaban en todo Erebor.

-¡Nunca!- rugió el rey Enano al enterarse del mensaje de Roäc- No permitiré que oportunistas vengan a adueñarse de nuestro tesoro-
Tal como dijo Balin, Thorin Escudo de Roble se encontraba en los aposentos de Thrór, ahora en ruinas, pero el Enano se esforzaba por arreglar todo de nuevo. Y la preciosa Piedra del Arca había sido guardada allí en su antiguo cofre de plata.
-Eso dicen- explicaba Dwalin – Mucho me temo. Y ya están aquí…ellos-
-Es nuestro oro, y más ahora que yo voy a levantar el reino otra vez, que tengo tantos planes ¡No tienen derecho alguno!- se paseaba inquieto por todo el cuarto, molesto por tal atrevimiento. La muerte de Smaug le había dado una enorme alegría pero la idea de tener a gente oportunista allí lo arruinaba todo y había envenenado el alma debilitada del jefe de los Enanos.
-Debemos dialogar con ellos- opinaba Dwalin y con razón. Thorin a pesar de su ofuscamiento, trataba de razonar.
-Eso creo.. .ehh ¿Cómo siguen Kili y Belladonna?- preguntó preocupado.
Dwalin negó con la cabeza apesadumbrado.
Thorin frustrado dio una patada a una roca que encontró en el piso pues la preocupación le oprimía el pecho y ahora se presentaba eso… un ejército de gente a puertas de su reino. Era el peor momento, necesitaba que sus seres queridos ("su esposa y su hijo" le repetía la mente) estuvieran bien para él afrontar aquella difícil situación pero no era así.

Dos ejércitos se acercaban a la Montaña Solitaria liderados por un majestuoso Elfo montado sobre un alce blanco. Era el rey Thranduil que venía a Erebor y no estaba solo, venía con Hombres, un ejército de Hombres encabezados por Bardo el Arquero.
Los cascos y las lanzas brillaban a la luz del sol matinal y esos reflejos se vislumbraban desde la entrada del reino Enano. Era todo un mar de armaduras y caballos engalanados para la guerra.
Tardaron unas horas para subir y llegar a las puertas de Erebor donde esperaba Thorin y cinco de sus Enanos más fuertes, con sus armas y escudos preparados. Los Elfos y los Hombres traían sus estandartes y todo parecía muy pacífico.
-Saludos, Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór- saluda Bardo muy sorprendido- Están vivos, Enanos de Erebor ¡Grandes noticias!-
-Sí, estamos vivos, veo que eso los sorprende mucho ¿Y dónde está Smaug?-
-Muerto y pudriéndose en medio de Esgaroth, la ciudad que destruyó- habló Bardo.
Thorin no dejaba de lanzarle miradas a Thranduil que indiferente observaba todo el lugar.
-Lo ven, hemos llegado y hemos vencido. Aquí está de nuevo el Rey Bajo la Montaña, y las profecías se han cumplido- el Enano se alzó majestuoso ante todos ellos.
-Bardo, heredero de Girion, ha matado a la bestia, Thorin, hemos venido a reclamar la parte del tesoro que corresponde a Valle y al Bosque Negro- habló Thranduil al fin, ignorando lo último dicho por el Enano.
-El tesoro es sólo de los Khazâd- el hecho de que hubiera sido Thranduil el que planteó el reclamo cegó a Thorin de ira- Y sólo nosotros hemos venido a luchar por este reino, nadie más. Los demás lo que hicieron fue entorpecer nuestra misión. Ahora no quieran venir a aprovecharse- soltó una clara indirecta a Thranduil.
-Thorin- Bardo intercedió- Parte del tesoro de mi gente, la gente de Valle, que Smaug nos arrebató está allí también. Eso nos corresponde a nosotros y más si soy yo el que mató al dragón-
-¿Qué es lo que quieren aquí con este ejército? Porque para pedir parte del tesoro sólo necesitan a una persona- respondía Thorin suspicaz y la maldición de Smaug se adueñaba de él otra vez ante la indignación que sufría, poco a poco- Ah sí, claro. Vinieron para adueñarse del tesoro creyendo que estaba muerto, porque todos creía que Smaug acabaría con nosotros-
Parado firmemente frente a los inmensos caballos y altos hombres, Thorin no retrocedió y no cedió en nada.
-No compartiré mi tesoro con ustedes, mucho menos con este Elfo-
-Te comportas como todo un rey, Enano. Ya veo...- torció el gesto Thranduil con un tono sardónico que hirió al Enano.
Pero una cosa había aprendido Thorin durante el viaje, y era a controlar esos demonios y más si eran infringidos por el oro y la codicia, o las provocaciones. Se decía que no se dejaría dominar.
-Sí, es verdad, estoy aprendiendo. Aquí estamos construyendo nuestro reino, y con buenas nuevas, habrá rey y reina- soltó aquello con la ingenuidad de su inexperiencia con el amor.
-¿Una reina?- alzó una ceja Thranduil con algo de envidia -¿Pero quién es tal afortunada en tu corazón, Enano? No he visto nunca a una mujer Khazâd-
-Será una hobbit- sonrió orgulloso- Lo ven es un reino nuevo para una vida nueva-
Una sonrisa cruzó el rostro de Thranduil y no era nada agradable.
-Por Ilúvatar que estos Enanos han hecho un desastre en este lugar… una hobbit de reina, sin duda muy majestuso para los Khazâd, Thorin Escudo de Roble. Harán una parejita... preciosa- musitó el rey Elfo riendo y dejando a Thorin perplejo, pues no se esperaba aquello- Bueno, la pareja va con tu atuendo-
-¿QUÉ QUIERES DECIR?- bramó el Enano ofendido. Tal vez se había controlado antes, pero ahora el Elfo se metía con Belladonna y eso no lo toleraba–Retráctate, estás tratando de ofender a la señorita Belladonna Bolsón-
-"Reina Belladonna Bolsón"… tiene mucho estilo- se burló Thranduil de cada palabra de Thorin. Bardo a todas ésas se había quedado callado pues no se atrevía a discutir con el rey Elfo un asunto tan delicado- Yo no he visto casi nada de los hobbits, pero, bueno, supongo que al menos será algo más "bonita" que una Enana y no tendrá barba, porque la verdad …Nunca entenderé el sentido de la belleza de los Enanos ¡Ah! Por supuesto, también irá acorde a tu tamañito-
-¡CÁLLATE!- enfurecido el Enano sacó su espada e iba a cometer una imprudencia, pero Dwalin y Glóin lo detuvieron. Eran claras las provocaciones de Thranduil pero para Thorin era demasiado que soportar así que no podía razonar –La belleza, Elfo, de mi Belladonna no es ni de lejos esa nauseabunda idea de belleza que tienen los Elfos-
-Basta- intervino prudentemente Bardo a favor de Thorin, sabiendo lo mucho que lo había herido el rey Elfo con sus impertinencias- Esperaremos tu respuesta, Thorin hijo de Thráin, Rey Bajo la Montaña. Sé justo y sabio en tus meditaciones ante nuestra propuesta-

Enardecidos los Enanos dejaron a los emisarios aquellos con la palabra en la boca. Llevaron a Thorin adentro para que se calmara y pensara con la cabeza fría. Había que sopesar las ventajas y desventajas del negocio propuesto por Thranduil y Bardo, olvidando las provocaciones de los Elfos.
Con un puertazo el rey Enano se encerró en la habitación de su abuelo dejando a los demás en vilo en medio de una discusión. Solo un mensaje claro dejó a sus herederos antes de eso, buscar la ayuda de un cuervo para mandar a llamar a Dáin de las Colinas de Hierro. Que Dáin viniera a la Montaña Solitaria con su ejército. Eso clamaba Thorin.
Había estado en realidad muy emocionado arreglando los aposentos para su nueva vida, ilusionado con que Belladonna se casaría con él. Pero ella había caído enferma y ahora esos intrusos estaban a puertas de su reino sitiándolos con todo un ejército y provocando los vientos de guerra que él no buscaba.
Otra vez era arrastrado a la guerra, ahora que él ya deseaba casarse, que como varón había despertado como un volcán y tenía deseos cada vez más intensos por su amada. No quería volver a caer en lo mismo, lo que más pensaba era en su matrimonio con Belladonna y en traerla a esa cama y hacerla suya. Pero había llegado una gente maldita a arruinarle todo, y el Enano invadido por los deseos de amar y la ira contra todos, no lo soportaba.