viernes, 29 de noviembre de 2013

Capítulo XXII y final

-¿Hijo?- dijo el anciano. Thorin no podía decir nada de la profunda emoción que oprimía su pecho.
El anciano se acercó a él y lo miró todo vestido con las ropas de Thrór y se emocionó muchísimo.
-Hijo, mírate, ya eres todo un rey- dijo tomando a su hijo por lo hombros.
-Padre…- al fin pudo hablar. Su padre lo tocaba, no era un fantasma, no era nada de eso un sueño.
Todos observaron aquella escena hasta que Dís vio a su hijo Fili y corrió a abrazarlo. Ambos se abrazaron fuerte frente a las puertas de Erebor y ella preguntó por Kili con el corazón encogido porque allí estaban todos los Enanos menos Kili.
Los Enanos la tranquilizaron contándole que Kili estaba adentro.
-Cien años en Dol Guldur- decía Thráin –No sé cómo estoy vivo, no sé cómo aún te recuerdo, hijo. Pero ahora estamos en otra grave situación- lamentaba el Enano no poder disfrutar de aquel encuentro tan añorado.
-No padre, esto ya se resuelve- le dijo Thorin.
-¿Estás seguro? Has cedido el tesoro de nuestro pueblo ¡Thorin! ¿Qué haces?- el anciano no aprobaba tal acción –Nuestro tesoro es nuestro ¡No deshonres a tu abuelo así!-
-Padre, hay cosas más importantes que ese oro. La vida me ha bendecido demasiado como para poner eso en riesgo por ese oro- le dijo Thorin.
-¿Qué puede valer más que nuestro tesoro de miles de años?-
-Me voy a casar-
-¡Oh, buenas nuevas!- exclamó Gandalf ante aquellos hechos, pues había logrado su objetivo.
Dís se sorprendió muchísimo ante esa noticia, alzó las cejas observando incrédula a su hermano. Hubiera creído primero que las Ent-mujeres estaban allí a que Thorin se hubiera enamorado.
-¿Entiendes padre lo que me pasa? Tú sabes lo que es esto, tú te casaste-
-Oh, sí lo sé, eso lo recuerdo también- suspiró Thráin comprendiendo completamente la decisión de su hijo.
-Quiero vivir el amor, no morirme en una batalla-
-¡Vaya! ¿Pero dónde pudiste encontrar ese amor, Thorin?- intervino Dís sin creer aun nada de eso.
Thorin se quedó callado, era obvio que todos pensaban que era una Enana la mujer que amaba. No sabía cómo iba a entrarle a ese tema.
-¿Te echaste perfume, hermano?- Dís bromeó a propósito del aspecto tan limpio de su hermano.
-No es perfume, es jabón- gruñó él con una sonrisa.
-Bueno, esto se ha resuelto, sí- intervino Gandalf ya que estaban allí el rey Elfo muy fastidiado con aquello y Bardo, más todo un ejército que esperaba.
-Aún quedan cosas pendientes entre tú y yo, Elfo- dijo el rey Enano a Thranduil que torció el gesto con indiferencia. Gandalf intervino otra vez para no dejar que algo se inmiscuyera en la paz que habían logrado.
–Hemos de proceder a repartir el tesoro de una manera muy justa. Estos señores están aquí a la espera- señaló a los ejércitos de Thranduil y Bardo- Yo te ayudo Thorin, y además me ofrezco a celebrar tan hermoso acontecimiento- le guiñó un ojo al Enano y Thorin se ilusionó con su boda pues Gandalf lo casaría con su Belladonna.


Ahora vendría el momento de que todos los Enanos, su padre, su hermana, Dáin y su gente que venían a ayudarlo a reconstruir Erebor conocieran a la futura Reina Bajo la Montaña.



Continúa en fic "La Reina Bajo la Montaña"
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Capítulo XXI

A primera hora de ese día y en las laderas de la Montaña Solitaria, los campamentos de los Hombres y de los Elfos tenían una vida agitada. Esperaban impacientes el tiempo pautado para que Thorin Escudo de Roble decidiera entregar el tesoro, como habían acordado durante el último encuentro.
Los ejércitos no se esperaban la llegada ese día de extranjeros inesperados.
Un hombre a caballo venía galopando como el viento, directo a la tienda del rey Thranduil. Y no descansó hasta haber llegado ante la presencia del mismo Elfo.
Los Elfos se encontraban organizando armas y caballería para mantener la guardia ese día, cuando el hombre llega extenuado y salta del caballo trayendo un mensaje urgente para el rey.
-Viene un ejército por el norte, su majestad- dijo el hombre casi sin respiración –¡Ya están aquí!-
-¿Un ejército, humano?- Thranduil no se inmutó -¡Orcos!-
-No señor, no son Orcos, son Enanos- informó el hombre.
Thranduil enseguida hizo llegar la alarma a Bardo y sus hombres. Se acercaba un ejército de Enanos que no esperaban, y no tenían idea de quién era. Todos en los campamentos empezaron a correr de un lado a otro.

Pero otra sorpresa más les esperaba a Thranduil y Bardo. Esperaban el ejército de Enanos por el norte pero por el sur tres personas llegaron aparte y cubiertos por el misterio.
 -¿Qué? ¿Quién está allí?- bramó Thranduil montado sobre su alce blanco listo para la batalla, y Bardo estaba al frente junto sus hombres también listos para la batalla, pero ambos vieron llegar a otra gente por la retaguardia. Y ya esa gente estaba allí a unos pasos de ellos -¿QUIÉN VIVE?- gritó sorprendido el orgulloso Elfo.
-Thranduil hijo de Oropher- dijo una conocida voz y el Elfo se quedó de piedra aguzando la vista para ver la figuras misteriosas que se había colado entre su ejército -¿Te acuerdas de nosotros?-
El rey Elfo, Bardo y toda su guardia encararon a los tres recién llegados y distinguieron un hombre alto con una sombrero puntiagudo montado sobre el caballo más hermoso de toda la Tierra Media, el gran Sombragrís. Y aquel mago venía acompañado por dos personajes que más perplejos los dejaron: dos Enanos, uno muy desgastado y anciano y otro que se les antojó pensar que era una mujer.

Gandalf el Gris había llegado a Erebor al fin, acompañado por las personas más soprendentes.
-Thranduil hijo de Oropher. Supongo que te acordarás de Thráin Rey Bajo la Montaña y su hija Dís, que han regresado a su reino- sonrió Gandalf con mucha tranquilidad.
¿El curso de la guerra cambiaba con eso? Thranduil no lo creía así.
-Thráin hijo de Thrór… qué sorpresa- balbuceó el Elfo como si viera a una fantasma.
-Muchos años estuve en Dol Guldur, no sé si podré ser Rey Bajo la Montaña otra vez pero me han dicho que mi hijo Thorin han logrado retomar el reino. Él es el nuevo Rey Bajo la Montaña- dijo Thráin muy cansado y avejentado. El Enano estaba vivo gracias a Gandalf nada más.
-Así es, oh rey Elfo- apoyó Dís con solemnidad.
-Eso no redime el hecho de que parte del tesoro es nuestro- discutía Thranduil y su ejército partiría a las puertas de Erebor, tal como había acordado con Thorin si no se rendía antes.
-Causarás una guerra innecesaria, Thranduil- le dijo Gandalf –Pero bueno, hablemos con el Rey Bajo la Montaña ¡Vamos! Que Dáin ya llega-
El rey Elfo no respondió a aquello pero el mago agregó:
-Déjame hablar a mí primero, oh sabio rey, luego veremos qué nos dicen los Enanos de Erebor-
Gandalf y Sombragrís tomaron la delantera y empezaron a subir por el sendero nuevamente habilitado hacia las puertas del reino Enano. Y atrás el rey Elfo y Bardo se alinearon junto con sus soldados de vanguardia, detrás del mago y el Señor de los Caballos.

Un caballo blanco que resplandecía bajo el sol se veía desde lo lejos y los Enanos distinguieron la llegada de extraños visitantes que no eran ni gente de Bardo ni gente de Thranduil. Thorin y sus Enanos estaban frente a la Puerta Principal a la expectativa y cuando Thranduil y Bardo llegaron al reino, se sorprendieron mucho de verlo vestido con ropas reales pero ninguna armadura, como imaginaban.
Pero los Enanos de Erebor tenían esa vez otro objetivo que llamaba aún más su atención: no podían distinguir quienes más venían con los Elfos y los Hombres, allá junto con Thranduil y Bardo. Thorin se quedó esperando pacientemente pero aguzaba la vista lleno de sospechas y con los latidos del corazón más acelerados.
-Es Gandalf- murmuró al fin atónito a sus compañeros –Gandalf ha regresado-
-Pero ¿Quién viene con él?- dijo Balin inquieto a su lado. Los Enanos no podían creer lo que veían.
Thorin miraba atentamente hacia la multitud de recién llegados, pero no pronunciaba palabras.
-¡Salve, Thorin Rey Bajo la Montaña! He venido con el despuntar del nuevo día trayendo muy buenas nuevas- cantó el mago con una sonrisa.
Paralizado el rey Enano no respondió a ese saludo pues sus ojos estaban clavados en los dos ponys que flanqueaban a Sombragris, dos ponys que traían a dos Enanos sobre sus grupas.
Gandalf hizo silencio ante la sorpresa de los Enanos, y los otros dos se quedaron atrás sin acercarse todavía.
-¿Quiénes son…?- balbuceó al fin.
-Thorin, primero que nada debemos aclarar esta situación. Dáin ha llegado y aquí están Thranduil y Bardo…- le dijo el mago antes de distraer todo del asunto que tenían allí encima.
El rey Enano se sacudió de la cabeza las ensoñaciones que lo habían embargado pues era obvio que los Enanos que venían con Gandalf eran seguramente Dáin y algún capitán de las Colinas de Hierro, así que se enfocó en la situación con los invasores.
-Dime, Thorin Escudo de Roble- intervino Thranduil acercándose a los Enanos, intimidante por su tamaño y majestuosidad.
-Perdón, pero así me llaman los Enanos. Los Elfos me conocen como "El asesino del Elfos" así que así es como debes llamarme de ahora en adelante, Thranduil-
Ante esto Thranduil sólo asintió con fastidio y luego Bardo prosiguió.
-Thorin, no venimos aquí en son de guerra aunque hayas creído lo contrario. En verdad nosotros reclamamos lo que es justo-
Los Enanos no dijeron nada.
-Veo que…- añadía Bardo a propósito de que Thorin no llevaba puesta ninguna armadura de guerra- aún no se deciden ¿O me equivoco?-
Siguió el silencio entre los Enanos. Thorin empezó a pasearse por toda la entrada que ya estaba reparada y con las puertas de nuevo colocadas cerrando el paso hacia adentro.
Los ejércitos expectantes entraban en nerviosismo mientras unas trompetas anunciaban la llegada de los Enanos de las Colinas de Hierro. Thranduil, Bardo y Gandalf exigieron la respuesta de Thorin.
Poco a poco fueron apareciendo en las laderas los Enanos de Dáin montados en ponys armados con lanzas y escudos, pero los hombres de Bardo o los Elfos de Thranduil no hicieron movimiento alguno. Daín se acercaba, pero se quedó parado y a la espera montado sobre un enorme pony negro y con sus Enanos armados con cotas de mithril, escudos enormes colgados a sus espaldas, fuertes azadones en una mano y espadas cortas en la otra, todos formados detrás de él.
-Bien- al fin habló Thorin- He decidido que no habrá ninguna guerra aquí-
Aquello levantó murmullos entre todos, especialmente Gandalf reaccionó, y los dos Enanos que estaban detrás de él igual.
-Accedo a que sea repartido el tesoro equitativamente. Mis Enanos vigilarán muy bien eso. Si aceptan la repartición del tesoro así pues accedo a su petición-
Thranduil se quedó perplejo, Bardo sonrió y Gandalf aprobó orgulloso las palabras del rey Enano que había vencido la enfermedad del dragón y la codicia del oro.
-Thorin, Rey Bajo la Montaña, aún no has reconocido a quienes vienen conmigo ¿No?- el mago se acercó a las Puertas Principales después de que el barullo se calmó, y lo mismo hicieron los Enanos que lo acompañaban.
La inquietud se apoderó de todos los compañeros de Thorin a medida que los extraños visitantes se acercaban, sobretodo Thorin empezó a temblar pues ya su corazón le decía lo que todavía no le decían sus ojos. Perplejo había identificado a su hermana Dís allí presente, y ella venía con un anciano que aún no identificaba quién era.
-Thorin- ella lo saludó y luego le hizo un gesto para que saludara a su acompañante. Thorin no reaccionaba, estudiaba al anciano Enano negándose a reconocerlo.

Capítulo XX

La reconstrucción de Erebor tomaría algún tiempo, pero siendo nosotros sólo trece Enanos y yo y ya el lugar se veía más limpio y organizado, las cosas marcharían mucho más rápido cuando llegaran los Enanos de Las Colinas de Hierro.
Bofur me llevó a unas cámaras más profundas todavía y el tiempo parecía no haber pasado allí, el lugar conservaba toda la belleza de los tiempos de Thrór, hacía ciento cincuenta años atrás. La muleta que me habían hecho me funcionaba muy bien, casi podía andar al paso de Bofur que me ayudaba en algunas partes que estaban derrumbadas.
No sé que querría Thorin conmigo después de todo lo que me dijo, después de que se había vuelto un vaivén entre sí y no.
-Hola- cuando el rey Enano nos recibió a puertas de una habitación majestuosa me impactó su presencia: Estaba totalmente limpio y con ropas nuevas que no había visto antes, y olía a perfumes de jabón y telas finas que no sé de dónde salieron. Su cabello negro brillaba trenzado a la usanza Naugrim.
-Hola- saludé secamente pero mis ojos se fueron a recorrer la habitación que tenía atrás. Era hermosísima, y como si nunca hubiera estado abandonada; y Bofur tampoco disimulaba su admiración- ¡Este lugar es hermoso!- dije inevitablemente.
-Sí, lo he acomodado todo- explicaba Thorin.
-Entonces a esto te dedicabas todos estos días- adiviné al fin.
-Algo así. Yo… estuve muy ofuscado la última vez. Me disculpo- dijo ante nosotros dos con un semblante muy distinto a cuando nos dio la noticia de la guerra –Bella ¿Viste ese pasillo de paredes blancas que está allá después de las escaleras?-
Él me señaló hacia el lugar de donde veníamos y yo asentí.
-Eran los aposentos de mis padres, y en las puertas de enfrente dormíamos nosotros tres- contó Thorin con la mente en el pasado.
-Oh, tú, tu hermana y Frerin-
-Sí, así es- sonrió –Yo creo que Dís ha hablado mucho de eso en Ered Luin ¿Verdad Bofur?-
-Sí- Bofur sintió nostalgia por su casa. Aún no se acostumbraba del todo a Erebor –Ella siempre recuerda este lugar y a sus padres-
-Esto debía increíble cuando reinaba tu abuelo- dije con admiración- Pero volverá a ser igual-
Thorin suspiró ante eso y Bofur y yo intercambiamos miradas.
-Yo creo que…- iba a mencionarle el asunto que me traía pero mis ojos notaron una magnífica armadura de oro que tenía Thorin atrás de la puerta y que hizo que exclamara: –Por mi abuelo ¿Qué es eso? ¿Era de Thrór?-
-Sí –respondió él orgulloso y nos llevó a ver de cerca la obra de los Enanos –La usaré yo ahora- dijo rozando la gloriosa armadura con sus dedos.
-Sé que honrarás a tu abuelo y a tu padre con ella. Pero también debes saber que ya los has honrado, porque estamos aquí, estás aquí y el dragón ha muerto. Ya has saldado tu deuda, Thorin-
-Tal vez- reconoció, pero tenía algo más importante que decirme, la razón por la cual me mandó a llamar- Pero mira, Bella, mira. Las cosas aquí se han mantenido muy bien, hay muchas que están como las dejamos. Mira- y entonces quitó una sábana que tenía encima de otro perchero que estaba al lado de la armadura. Un vestido rojo de bordados de plata apareció ante nosotros, adornado con joyas y cintas blancas. Hermosísimo que incluso yo quedé prendada con el vestido –Era de mi abuela-
-Ohh- me acerqué a tocar aquella tela, con delicados acabados y costuras. Una obra sin duda de las Enanas de Erebor- Todo esto es… woww, es que todo es tan hermoso. Nunca había visto algo así. Ya había oído hablar de las habilidades de los Enanos, y mucho he visto, pero todo esto… es precioso. Y tú te recuerdas muy bien-
-Sí, apenas lo vi lo recordé- suspiró con emoción, con las imágenes del pasado cruzando ante sus ojos –Y ahora quiero que lo uses tú, lo mandé a limpiar con Ori para que estuviera como nuevo para ti ¿Ves que también eres de nuestra talla?- me mostró que al vestido lo ajustaron un poco pues yo era mucho más delgada pero de resto era una Enana completa - Porque yo he sido bastante descortés y malhumorado. Lo siento. Pero eso no significa que desde que te vi la primera noche no me gustaras y mucho. Yo, este Enano tosco y poco romántico, te ama-
Lo había dicho, muy a su estilo, pero asi contenía más sentimiento que de otra manera.
-Thorin…- se me encogió el corazón de conmoción y Bofur prefirió irse a ver las obras de arte de la habitación de Thrór para dejarnos un poco de privacidad.
-Es verdad. Y aprecio todo lo que has dicho y todo lo que hemos pasado en esta aventura. Y abrazarte aquella vez del Día de Durin… eso fue la sensación más maravillosa que pudiera experimentar en todos mis años de vida-
-Thorin, yo quiero decirte que tal vez, que tal vez hay otras salidas que aceptar las provocaciones de esos oportunistas de allá afuera- solté todo lo que tenía en mi pecho ante su declaración de amor. Estaba desesperada que no salían mis emociones con palabras.
Él me miró con tristeza y dio unas vueltas sin perturbarse.
-Ojalá las hubiera, lo he pensado… pero la guerra… la guerra no se acaba nunca, mi Belladonna Bolsón- decía él.
-Tal vez- esta vez Bofur debía intervenir- Tal vez nos conviene sacrificarnos nosotros-
-¿El reino dices tú, Bofur?- lo estudió el rey Enano con las cejas alzadas.
-Sacrificar el reino para vivir nosotros. Piénsalo, por favor- le dije y me aferré a él sin miramientos. Con un abrazo Thorin me acogió deseando sentirme como aquella vez ante la puerta secreta y no dejarme ir nunca.
No todos los Enanos estarían de acuerdo con eso, ellos habían venido para luchar hasta morir. Eso lo sabía Thorin, y en su rostro se reflejaba el fin.

Fue un honor para mí probarme el vestido escarlata de legendario pasado, y Fili se encargó de trenzarme todo el cabello y mi apariencia cambió. Esperaba con ansias curarme totalmente pero eso tomaría algún tiempo.
Afuera de la Puerta Principal se montaba guardia constante, dos o tres Enanos, el resto trabajábamos adentro, e espera de la llegada de Dáin que decidiría nuestro destino.

Por las noches Bombur hacía grandes banquetes gracias a que algunos Hombres de Bardo nos daban comida y agua, además de que los conductos y desagües de agua internos de Erebor ya comenzaban a funcionar como antes.
Estar allí adentro nos hacía olvidar un poco de la situación que esperaba afuera, al menos por esos días. El día que me estrené el vestido para la cena, Thorin se presentó a comer con nosotros, y era otra persona, con esas ropas y ese porte. Era todo un rey, y ya no más el Enano en el exilio.
Orgulloso no dejó de admirarme con mi nuevo atuendo y mi cabellera trenzada, le brillaban los ojos tan sólo de verme.
-Eres hermosísima, ratoncito- me dijo con picardía –Esos hobbits estaban bastante mal de la cabeza al no verlo y dejarte ir, pero bueno, tanto mejor porque así los Enanos nos ganamos esto. Y aunque fueras un ratón yo igual te quería, porque eres hermosa tal como eres-
Yo me sentía muy halagada, y casi era feliz, de no ser porque sabía que pronto él iría a una guerra devastadora, tal vez más pronto que lo que deseaba, y que aquella cena podría ser una cena de despedida. Y era cruel, era cruel tener eso ahora cuando no podría disfrutarlo.
Quería llorar pero no dejé que ninguno de los Enanos lo notara.
-¿Sabías que toco el arpa, Bella?- comentó Thorin alegre en medio del banquete –Voy a tocar para ti esta noche ¡Bifur!- ordenó con un gesto y Bifur trajo el instrumento, muy bien lustrado y afinado. Debió ser muy antiguo, nunca había visto un arpa así.
Tomó el arpa y se sentó en otra butaca y los Enanos comenzaron a recoger todos los platos y limpiar la mesa, y preparar todo para la música. Y luego de aquel caos hicieron silencio.
Thorin se concentró y con ligeros movimientos de sus dedos empezó a acariciar las cuerdas de su instrumento. Las notas que salieron del arpa me encantaron como un hechizo de los Istari.
-Es una vieja tonada- me dijo Balin melancólico- Eso está saliendo de su corazón, Bella. Sin duda ¿Eh?-
Luego de la canción de Thorin, los Enanos tomaron flautas y tambores y comenzaron a tocar alegremente y otros a bailar. El rey quiso tomarme de la mano y bailar, pero ni yo podía bailar ni él bailaba mucho, pero accedí, y me acercó a su cuerpo y me abracé a él con las melodías alrededor de nosotros hechizando el ambiente.
-Cuando Dáin venga nos casará- me susurró al oído, sus labios rozaban mi oreja con deseo, con sus barba muy suave cosquilleando mi mejilla- Ojalá hubiera un Enano aquí con la potestad pero no lo tenemos entre nosotros. Espero a Dáin y su gente-
-Yo también- le dije de corazón con voz quebrada. Él me apretó fuerte para hacerme sentir su cuerpo y él sentir el mío. No bailábamos en realidad, era un abrazo melódico.
Thorin también tenía el peso de la muerte en su alma, cuando quería vivir nada más que para estar con ella.
Me miró a los ojos y sentí su aliento fresco y tentador, y él el mío, y no quiso que me alejara, me atrajo hacia él y poco a poco sus labios húmedos como imanes atraían los míos.
Una caricia, un roce y sus labios se posaron sobre los míos, al más puro estilo Naugrim. El beso con las caricias de su lengua me hizo debilitar las piernas y ya la cocina dejó de existir para nosotros, y mi mano acariciaba aquella barba negra suave y recién cortada.
El beso Naugrim salía del alma de Thorin por primera vez y hechizó a la hobbit con un ardor que quemaba cada fibra de su ser.
Casi desmayados los dos, nos abrazamos después de aquel beso y yo entre lágrimas le dije lo mismo que me había dicho él cuando entré a la puerta secreta:
-Regresa con vida a mí, mi Enano amado-

Capítulo XIX

-Bella…- Thorin abrió muchos los ojos que eran como un mar profundo de salvaje oleaje, pues era mucho lo que sentía en momento tan importante de su vida –Qué mal momento, muy mal momento…- lamentó sacudiendo la cabeza de todas esas ensoñaciones y apartó la mirada de mí.
-Sí, ya veo que lo es- estuve de acuerdo, pero igual quería aceptar su propuesta. Mi corazón era como un caballo salvaje.
-Esto es lo más importante de mi vida- dijo manteniendo en vilo a todos los presentes- Pero no creo que tú estés muy al tanto de la realidad. Yo creí que al fin había cumplido con mi destino y que al fin podía pensar en otra cosa para mi vida pero no, aquí estamos otra vez: Han venido a mis puertas para recordarme lo que soy-
Quise acercarme a él y consolarlo pero mi pie me mantuvo inútil. Él evitaba mi mirada pero nuevamente da un giro:
-Soy un asesino. Pero parece que todo el mundo se olvida de eso- soltó de repente con rabia infinita que nacía de sus entrañas. Se odiaba a sí mismo por todo lo que había hecho- Yo no soy ningún galán romántico, Bella, no sé amar como tú misma me dijiste. Tenías razón con lo que me dijiste el Día de Durin. Soy un Khazâd y los Khazâd no somos esos príncipes enamorados ¡Soy un asesino!-
Los Enanos presentes menearon las barbas pero no podían contradecir a Thorin que decía una gran verdad, aunque a Kili le hubiera gustado contradecirlo en eso último que dijo. Kili era un romántico, es sólo que no se atrevía a decir nada al respecto porque lo avergonzaba.
-Entonces… me pregunto si aceptarías casarte conmigo si yo estuviera aquí con la cabeza de Thranduil colgando de mi mano-
-Thorin… no seas tan duro contigo mismo- me horroricé con aquello.
-¿Aceptarías casarte conmigo si estuviera aquí bañado en sangre de pies a cabeza? Después de haber matado a cientos como lo he hecho tantas veces en el pasado? ¿Sabes a cuántos he matado sin piedad?- Thorin parecía poseído por la maldición del oro otra vez, pero no, me engañaba, era el verdadero Thorin el que me hablaba- Porque eso es lo que voy a hacer allá afuera ahora, voy a salir y los voy a matar a todos, y le sacaré el corazón a ese Bardo y lo tendré en mi mano regodeándome con la sangre-
-¡Thorin!- exclamé y retrocedí aterrorizada –Yo sé lo que eres, yo sé lo que has hecho, y aún así te amo- confesé –Además tú te olvidas que yo tampoco soy una princesa, coqueta, hermosa o delicada. Me llamaban ratón, nunca preciosa hobbit, sino ratón, varonil como un niño. Y soy una asesina también, maté a tres arañas gigantes y mataré en una batalla también- me hinché orgullosa y hubiera querido tener mi pequeña espada "Aguijón" allí conmigo.
El rey Enano gruñó sin argumentos contra eso, y los demás bajaban la cabeza ante una realidad de la que antes se enorgullecían, pero ya no tanto.
-Bella…- mis palabras habían aplacado notoriamente el fuego del ímpetu de Thorin- ¿Cómo puedes verme si yo sólo sé matar? No sé amar, y parece que muchos se crean una imagen de mí al respecto que nada tiene que ver con esta naturaleza. De mis ciento noventa y cinco años, la mitad me la he pasado matando, Orcos, Elfos, lo que sea, y la otra mitad luchando contra las adversidades. Y esos muchachos, que tú dices que yo he sido un buen padre, también son unos asesinos porque yo los enseñé-
Fili y Kili permanecían callados, y con eso confirmaban las palabras del rey.
-Yo eso lo entiendo ¿Qué no lo ves? Yo sé eso, y entiendo sus vidas y no la juzgo ni intento cambiarla, y lo acepto. Y juzgo por lo que veo, y en este viaje yo sólo he visto de ti gentileza y nobleza-
-Pero nos han truncado todo…-soltó con ojos llorosos, desesperado –Ahora moriremos, porque la vida nos negó el llegar aquí y construir una vida nueva- Pero cuando lleguen Dáin y sus ejércitos saldremos allá afuera y los mataremos-
-Así sea, sí, por Mahal, los mataremos- exclamó Fili, y Glóin, Oin, Bofur, todos allí clamaron guerra con orgullo.
Yo meneaba la cabeza decepcionada, todo había cambiado en un abrir y cerrar de ojos, y por un momento yo creí vivir un tonto romance. No, esa tontería ya no más, la vida real era eso, lucha, y lucharía. Mi ilusión se ensombreció y nada podía hacer para cambiarlo.
Estaba viendo la realidad de los Enanos y de mi Thorin, pero no me echaba para atrás, no dejaba de amarlo así fuera él una bestia sanguinaria. Sabía que lo era y aún así veía lo hermoso en él y me había enamorado.
Entonces Thorin se me acercó y yo retrocedí, pero no tenía razones.
-No, no temas- dijo sereno, pero con los ojos brillantes todavía- No temas, pequeña hobbit. Tú sabes que estas manos llenas de muerte jamás te harían daño, nunca. Tú si que has sabido ser para mí- y me tomó de las manos con una gentileza asombrosa- No permitiré que te pase nada. Estarás protegida aquí y si tengo que morir moriré antes de que entren a la montaña a hacerte daño. Yo no puede creer que me aceptes tal como soy, eso es lo que pasa- confesaba, pues todo había sido consecuencias de la situación que había caído encima de nosotros.
-Yo te veo, Thorin- le repetí mis mismas palabras.
-Entonces lucharé, lucharé para regresar a ti y cumplir con mi propuesta. Es lo que más deseo en esta vida- dijo con una profunda pena marcada en su rostro hermoso, pues no había muchas esperanzas- Eres mía, Bella, y te tomaré- agregó con el ímpetu en la piel.

Pasarían algunos días antes de tener a Dáin y sus ejércitos en la Montaña Solitaria. Fueros días de angustia y Los Enanos trabajaban sin parar y preparaban sus armas para la guerra.
Yo deseaba ir con ellos, batallar, pero estaba inválida al igual que Kili que se retorcía de frustración en su cama. Yo me ocupaba de él, pues de mi Thorin no supe más, se había encerrado para no verme más en los aposentos de Thrór.
Había mucha preocupación en el ambiente y los Enanos murmuraban , murmuraban mucho de Thorin. De resto me concentraba en ayudar en algo en los trabajos, construyendo un reino que ya creía mío, porque estaba segura de una cosa, de que el rey Enano me tomaría por esposa si no pasaba una desgracia mayor. Me tomaría, como decía él a su estilo, sea para bien o para mal.
Hasta que una tarde, me sorprende Bofur con el anuncio de que Thorin solicitaba mi presencia en sus aposentos.
-¿Qué querrá conmigo?- me negaba a acceder a su inesperada petición.
-Vé, Bella. Él te necesita- me aconsejaba Bofur- Tú eres la única que puede hablar con él de ciertas cosas, hacerle entrar en razón. Thorin te escucha, aunque ande ladrando todo el tiempo, él te escucha- me guiñó el ojo el Enano con su picardía habitual -¿Sabías que allá en Ered Luin, Dís le metía sus buenas jaladas de oreja?-
Yo sonreí sin poder evitarlo.
-Thorin habla mucho, se ganó de hecho el sobrenombre de "Asesino de Elfos" shhh, casi nadie sabe eso, pero ahora lo sabes tú. Está muy orgulloso de esa fama… Pero no te dijo nada de eso porque no se glorifica ante ti de tal fama ¿Ves lo que significa? Tú haces que él se abra un poco más y salga de la coraza que tiene encima. Creo que con tus consejos podremos llegar a una solución menos devastadora-
-¿Qué puedo hacer yo ante esta guerra, Bofur?- lamenté con inmenso cansancio- La guerra no es mi especialidad. No debo inmiscuirme-
-Precisamente, de eso tienes que hablar con él. Muchos tememos que Thorin no está bien. Por favor, debe haber otra salida a esto. Habla con él-
Dijo el Enano y yo accedí a ir a las cámaras de Thrór, con la ayuda de Bofur pues por mí sola yo no podía moverme mucho.

Capítulo XVIII

El joven rostro de Kili había adquirido color y poco a poco se fueron abriendo sus ojos para distinguir el techo de una oscura y abovedada cámara.
Volteó confuso y lo que vio fue una cama improvisada colocada no muy lejos de la suya donde dormía la hobbit, Belladonna.
-¿Qué pasó?- reaccionaba lentamente, aclarando su visión y su mente. Pero no se podía mover, tenía todo un brazo y una pierna totalmente inmóviles y le dolía el cuerpo.
-Muchacho, bienvenido al mundo- le dijo una voz y el muchacho volteó hacia su izquierda.
Oin estaba allí a la luz de unas antorchas y no muy lejos estaba Bombur sentado observándolo con curiosidad.
-Estás muy herido, no te muevas mucho- le decía Oin- Tu pierna y brazo estaban… Bueno. Pero te recuperarás-
-¿Qué le pasa a Belladonna? ¿Por qué está en esa cama?-
-Ella también resultó herida, y aunque tiene menos fracturas que tú el humo de los incendios de Smaug la enfermaron- le explicaba Oin quien fue a echarle un vistazo a la hobbit- Esperamos que despierte al menos pronto. No debería estar así pero- el Enano le tocó la frente- está fresca, respira mejor… Debería despertar, pero bueno. Hay que dejar que la naturaleza obre-
-¿Qué pasó con Smaug, dónde están todos?- Kili quiso pararse pero ni modo, cayó abatido por el dolor -¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?-
-Han pasado no sé, como unos tres días. Por Mahal que ya el tiempo ni existe aquí abajo, no sabemos- resoplaba Oin muy cansado.
-Lo que sí sabemos, Kili...- intervino Bombur- Es que la bestia ha muerto, amigo. ¡Muerto!-
Kili no pudo reaccionar ante la noticia como hubiera querido, estaba demasiado inmóvil y adolorido.
-Pero, pero…- gruñó al fin.
-Pero nada, estamos aquí sitiados. La Montaña Solitaria está rodeada de un ejército de Hombres y Elfos que vienen a reclamar parte de nuestro tesoro- Oin fue donde Belladonna y se sentó a su lado, en el piso, por supuesto- Tenemos un enorme problema ahora. Ya han armado campamentos y todo allá afuera-
-¡No! No podemos permitir eso- se enfureció Kili- ¿Qué dice mi tío?-
-Ya te podrás imaginar la preocupación que tiene encima, pero saber de ti lo alegrará- el viejo Enano llamó a Bombur y le indicó que anunciara a los otros que Kili estaba consciente y que trajera un poco más de agua fresca. El aludido obedeció –Al menos algunos de los Hombres de Bardo nos han ayudado a traer comida y agua, y ya este lugar está más habitable que antes y el humo se ha ido-
-Belladonna tiene que ponerse bien, tiene que comer algo- Kili quiso pararse otra vez e ir donde estaba ella –Vamos-
-Sí, y tú también- Oin se inclinó sobre la hobbit y empezó a sacudirla por un brazo suavidad –Bella, despierta- la llamaba tratando de despertarla –Bella, Bella- Luego fue a buscar un pedazo de tela húmedo y agua para refrescar a la hobbit.
Thorin y los otros Enanos no tardaron en llegar a la cámara de los heridos, y ven a Kili despierto y sereno sobre su cama y Thorin respira profundamente.
-Kili- susurró con voz temblorosa.
-Tío…- dijo Kili cohibido. No era muy emocional con su tío, tal vez porque éste no le daba muchas oportunidades de serlo. Su educación había sido muy formal y rígida, sobre todo con el asunto emocional, que no era propio de los guerreros. Pero en ese aspecto Kili no podía acatar las enseñanzas de su raza.
El rey Enano fue a arrodillarse junto a su cama y le tomó la mano al muchacho.
-Kili, está bien. Te recuperarás-
Kili estaba sorprendido de aquello, y se avergonzaba de haber caído ante Smaug.
-Lo siento, yo no pude, tío, Smaug…- murmuraba excusándose.
-Nadie hubiera podido contra Smaug, Kili, no tienes nada de qué avergonzarte. Luchaste como todo un guerrero, me lo contaron tu hermano y Dwalin- le dijo Thorin con una expresión de orgullo –Eres un digno hijo de la raza de Durin-
Kili se sintió inmensamente feliz y Fili también se le acercó, y Thorin junto a ellos dos sonrió agradecido por tener esa familia, aunque faltaran su padre perdido, su hermana Dís y… su amada Belladonna .
-Pero ahora tenemos problemas mayores- volvió a la realidad y el rey Enano se levantó para hablar seriamente con sus compañeros –Nos quieren invadir, mucho me temo, y nosotros somos trece y…- miró hacia Belladonna y sintió una punzada de dolor y no pudo continuar.
-No podemos permitir esto- exclamó Dwalin -¿Cómo van a venir ahora a pretender quitarnos el tesoro de Thrór?-
-Es verdad- refunfuñaba Balin dando vueltas por toda la cámara que ya estaba limpia de escombros y piedras –No es justo. Pero, nada podemos hacer-
-Oh, sí podemos hacer, negarnos y no ceder- intervino Fili enérgicamente –A ver cómo hacen para sacarnos de aquí. Podemos vivir bajo la tierra por muchos años-
Thorin se quedó pensativo un rato, luego apoyó lo dicho por Fili.
-No cederemos. Nos quedaremos aquí, y si quieren guerra se la daremos. Ahí tenemos las armaduras y lanzas de nuestros ancestros, así que las vestiremos y los enfrentaremos hasta la muerte- sentenció con severidad y ojos centellantes.

-¿Oin?- me oí pronunciar con una voz que no reconocía. Abrí los ojos y respiré profundamente. Ya mis pulmones no ardían.
-¡Bella!- alguien exclamó y en medio de una visión borrosa distinguí una figura que se me acercaba. La vista se me aclaró y reconocí a Glóin.
-¿Glóin?- balbuceé y moví un poco la cabeza. Glóin corrió a buscar una copa con agua y se acercó a mí otra vez -Toma, debes tener sed, toma, bebe-
Con dificultad me levanté y era como si despertara de un sueño vivificante y reparador. Observé todo a mi alrededor y recordé todo lo que había pasado. Estaba en Erebor aunque ahora todo se veía claro, limpio y seguro.
Estaba en la cámara donde me había desmayado, pero acompañada por Kili en otra cama y Oin y Glóin. Tomé agua en una copa de oro puro y estaba fresca. Bebí como nunca.
-Qué felicidad, los enfermos resucitan- cantó el viejo Oin.
-¿Cuánto tiempo ha pasado?- pregunté tanteando mi pie vendado e inmóvil, que ya no me dolía -¿Qué ha pasado? ¿Cómo está Kili?-
-Ha pasado mucho ¡Ah! Pero lo importante es que ya estás mejor y Kili también- me ayudaban a sostenerme los dos Enanos.
Entonces recordé lo último que había oído en mi estado febril, lo que me había dicho Thorin y mi corazón dio un vuelco. No fue un sueño, fue la realidad.
-¡La bestia ha muerto! Y estamos todos vivos- me anunciaron con una sonrisa- Sin embargo las cosas no están del todo bien. Pero eso no importa ahorita ¿Cómo te sientes?-
-Bien, de hecho- me senté y creía que podía pararme también, pero con la ayuda de algo –Pero ¿Qué me pasó?-
-Creo que te desmayaste a causa del humo que inhalaste y la debilidad, y lo del pie que no fue fácil, además del influjo maligno del fuego de Smaug- opinaba Oin –Pero al menos eso ya pasó. ¿Ves lo fuerte que eres?-
-Puedo parame, si me dan algo. La verdad no soporto más estar acostada-
-Toma, esto te servirá- Glóin me dio una pieza de metal que me serviría de apoyo y los dos me ayudaron a parame. Tenía muy ligera ropa, y estaba muy sucia así que quise limpiarme un poco.
-Por Ilúvatar que parezco una miserable. Me quiero asear un poco y este pelo ¡Cómo ha crecido!- exclamé notando por primera vez desde que salí de La Comarca que lo tenía largo, y ahora me caía sobre los hombros -¿Cómo está Kili?-
-Bueno, él está más delicado… debe quedarse en cama por todas esas fracturas. Pero si lograra hacer los medicamentos que conozco sanaría más rápido- decía Oin con frustración.
-Y ¿Donde está… él?- dije con emoción contenida, todavía un poco ida de la realidad.
-Él… ¿Quién?- Oin preguntó tontamente y Glóin le dio un codazo –Ah, sí, él. Pues bueno, hay muchos problemas aquí, Bella, y todos estamos trabajando muchísimo… Supongo que anda por allí con Fili, o afuera hablando con los Hombres…-
-¿Los Hombres? ¿Qué Hombres?-
-Oh, es una larga historia. Pero esta mañana estuvo aquí con Kili- contaba Glóin –Bueno, creo que necesitas tiempo para ti ¿Estás bien con ese pie?-
-Estoy de maravilla, y mi pie completamente inmóvil y muy bien entablillado y casi no me duele- solté demostrando una fortaleza que yo no conocía antes.

Nuevamente Thorin con Fili, Dwalin, Bofur y Bifur había salido a hablar con los invasores después de haber estado en la cámara de los enfermos.
Y nuevamente el rey Enano rechaza la propuesta de Bardo y Thranduil de compartir el tesoro de Erebor con ellos. Entonces Thranduil orgulloso declara la guerra a Thorin Escudo de Roble y sus Enanos.
-Enano, no te conviene tener esa actitud- decía el poderoso Elfo de cabellos dorados, muy por encima de Thorin sobre aquel alce misterioso- Tienes heridos allá dentro, y ustedes son muy pocos-
-Habla claro, Elfo ¿Qué quieres decir? ¿Por qué has venido a mis puertas con ese ejército?-
-Porque sabía que ibas a ser un testarudo, poco digno de tu linaje-
-Testarudo soy que estoy aquí para cumplir con la misión que me encomendó mi padre, benditas sean sus barbas, y proteger el tesoro de mi abuelo y que le pertenece a mi gente nada más. Ya veo- razonaba el Enano, pero ni Thranduil ni Bardo comprendían, condenaban a Thorin Escudo de Roble de arrogante y codicioso, cuando en realidad tenía todo el derecho de rechazar la propuesta.
-Tu padre está muerto y no le cumpliste, Enano- dijo Thranduil seco como una roca, inmisericorde –Ahora tienes allí dentro a gente herida ¿No es así? Gente débil como esa hobbit-
-¿Qué quieres decir…?- reventaba en rabia el corazón del rey Enano cada vez que el Elfo se metía con Belladonna.
-Que están en una situación mísera, y ella podría morir… si mi ejército entra a ese antro- sentenció Thranduil. Eran claras amenazas que ponían a Thorin entre la espada y la pared ante las intensiones del rey Elfo, porque había venido a acabar con ellos, con o sin tesoro. Eso entendía él.
Bardo no estaba del todo de acuerdo con Thranduil pero nada había logrado con las discusiones que había tenido con él.
Si no salían ellos a batallar entrarían a la fuerza al reino y la vida de Belladonna correría grave peligro.

Parecía que todo lo que necesitaba mi cuerpo era unos días de sueño profundo para reparar todo el cansancio y todas las heridas que había acumulado de mi aventura. Me sentía bien, y con muchas ganas de quitarme la enfermedad y el desgaste del viaje y la lucha contra el dragón de encima.
Tal vez lo que en realidad me animaba era lo que Thorin me había dicho cuando me componían el pie.
Estaba en ropa interior mientras Oin me buscaba ropa limpia, por lo tanto era la primera vez en mucho tiempo que me sentía tan descubierta. Los Enanos usaban una camisilla muy ligera y fina con unos cortos pantaloncillos como ropa interior y eso era lo que tenía encima, nada más. No me importaba lo inadecuada que era esa camisilla para una mujer, me arreglaba el cabello mientras Glóin hablaba interminablemente todo los conflictos entre Enanos y Elfos que conocía. De repente alguien más llegó a la cámara y yo volteé creyendo que era Oin con mi ropa… pero no ¡Era Thorin!.
Fue cuando me di cuenta entonces que yo era totalmente diferente a ellos, que era una mujer. Durante todo el viaje nada más lo recordaba pues la ropa me ocultaba todo, pero ahora lo vivía. Thorin se quedó mudo cuando me vio, y nunca lo había visto con aquella mirada y aquella expresión, no disimuló en ningún momento que sus ojos estaban fijos en mi cuerpo.
No me sentí avergonzada ni de cerca, qué extraño, aquello me gustó, el hechizo que el sólo verme causo en él. No había experimentado algo así antes. No me oculté, no me volteé y él no quitó sus ojos de mí, y quise sonreír sorprendida de mi actitud. Cuando Glóin se da cuenta de lo que pasaba y al fin llegaba Oin con la ropa.
-¡Cúbrase, maese Bolsón!- dijo Glóin alegremente y me puso una sábana encima carraspeando.
-Está ropa está recién lavada- agregaba el otro Enano.
-Ehh bueno- reacciona Thorin al fin sacudiendo las botas, había venido con un peso enorme en su alma y el corazón le saltó al entrar en la cámara de los heridos –Yo… he venido pues para decirles que debemos… - se suponía que iba a anunciar el inicio de una batalla, traída sobre sus hombros las amenazas de Thranduil, pero en ese momento lo olvidaba y esa compostura orgullosa y seria que adquiría por coquetería ante la hobbit volvió a él–a ver cómo están, pues vengo de afuera y… hay asuntos muy graves que me acongojan, pero no importa . Estás levantada, Bella, qué bueno- nuevamente la mira a ella, y esa vez a los ojos- ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?-
-Me estoy recuperando- sonreí –Y… recuerdo bien todo lo que me dijiste, Thorin- tomé aire emocionada, y no me iba a callar, ya había pasado dos días o más callada- Desde mis sueños tengo algo muy importante que decirte-
El rey Enano se hinchó y parecía más alto, si algo había pasado con los Hombres y los Elfos, si había una amenaza sobre ellos, sentía que podía con eso, que podía vencer.
-Acepto- dije muy sonrojada pero totalmente decidida y Glón, Oin y Kili giraron todos a ver a Thorin.

Capítulo XVII

El hambre, el agotamiento y las heridas hacían estragos en los Enanos sitiados en La Montaña Solitaria. Las horas pasaban como días.
Kili y Belladonna permanecieron inconscientes por casi dos días mientras Smaug revoloteaba por los alrededores aterrorizándolos. La Puerta Principal era una amenaza pues por allí podía entrar el monstruo y destruirlos de una buena vez. Pero algo había distraído el juego sádico de la bestia, algo que ocurría más allá de las laderas. Nada sabían del mundo de afuera más que lo que Bofur, Fili y Ori en su vigilancia podían ver.
La situación adentro se había puesto tensa, Thorin no toleraba tener a Belladonna y a Kili allí tirados en el piso inconscientes al cuidado de Oin, sin saber de verdad cómo estaba su salud y sin saber qué respuesta le iba a dar ella a su propuesta. Al parecer una enfermedad los agobiaba ahora. Era un castigo. Atormentado se iba a recorrer Erebor por horas y horas recordando el pasado y ensombreciéndose completamente sin el consuelo de tenerla a ella allí para escucharlo.
Los otros Enanos por su lado hacían otras cosas, el trabajo era su pasión por lo tanto no tardaron en empezar a limpiar y arreglar el reino así fuera paso por paso. Recuperaron las armaduras, escudos y las armas de sus antepasados y las limpiaron para ellos usarlas algún día.
Pasaron dos días así, pero no más. Algo ocurría en las afueras de la montaña y de Smaug no supieron más, se había ido pero eso no les daba ningún alivio.
Pronto sabrían lo que estaba pasando, cuando al despuntar el sol del tercer día del sitio un cuervo llegó a donde ellos estaban, trayendo un mensaje y el sonido de unas trompetas en la lejanía.
-Soy Roäc, hijo de Carc ¡Oh Gloriosos Khazâd de tiempos antiguos!. He venido a traerles la noticia de que la gran bestia, Smaug el Magnífico, ha muerto- dijo el cuervo ante los Enanos en la Puerta.
-¡Muerto!- gritó Nori.
-Muerto- repetían Bofur y Fili perplejos.
-Sí, y que al zorzal que lo vio caer nunca se le caigan las plumas. Vio a los Hombres de Esgaroth acabar con él. Bardo el Arquero ha matado al dragón- cantaba Roäc agitando sus alas –Glorioso sea ese día-
-¡Muerto Smaug!- saltaron los tres –Muerto, el gusano ha muerto-
-Pero he de decirle algo a Thorin Escudo de Roble, el tesoro es todo suyo, pero la noticia de la muerte de Smaug ya llegó a todos los reinos aledaños y han venido para acá ambicionando encontrar el valioso oro-
Fueron ésas las palabras del cuervo.
Ori y Nori corrieron a llevar la impactante noticia a las entrañas de las cavernas.
-Sí, así es hermanos. Smaug ha muerto- jadeaba Nori de la emoción.
-"¡Bajo la montaña tenebrosa y alta
El rey ha regresado al palacio!
¡El gusano terrible ha caído y ha muerto
Y así una vez y otra caerá el adversario"-
Cantaban los Enanos la legendaria canción por los cavernosos recintos.
-Pero cuidado, el cuervo nos advirtió algo…Creemos que hay gente afuera- informaba Nori -¿Dónde está Thorin? Debemos llevarle un mensaje-
-Se perdió otra vez- meneaba la cabeza Dwalin- Algo le pasa desde que Oin diagnosticó que Belladonna estaba enferma. Es que no puede estar en paz. Cuando creíamos que todo se arreglaba… pasan estas cosas ya ves-
-Ve a buscarlo, Dwalin. Creo que anda ya sabes dónde, en los aposentos de su abuelo- le dijo Balin.
El Enano fue a buscar a Thorin rápidamente mientras la confusión, y a la vez los cantos, imperaban en todo Erebor.

-¡Nunca!- rugió el rey Enano al enterarse del mensaje de Roäc- No permitiré que oportunistas vengan a adueñarse de nuestro tesoro-
Tal como dijo Balin, Thorin Escudo de Roble se encontraba en los aposentos de Thrór, ahora en ruinas, pero el Enano se esforzaba por arreglar todo de nuevo. Y la preciosa Piedra del Arca había sido guardada allí en su antiguo cofre de plata.
-Eso dicen- explicaba Dwalin – Mucho me temo. Y ya están aquí…ellos-
-Es nuestro oro, y más ahora que yo voy a levantar el reino otra vez, que tengo tantos planes ¡No tienen derecho alguno!- se paseaba inquieto por todo el cuarto, molesto por tal atrevimiento. La muerte de Smaug le había dado una enorme alegría pero la idea de tener a gente oportunista allí lo arruinaba todo y había envenenado el alma debilitada del jefe de los Enanos.
-Debemos dialogar con ellos- opinaba Dwalin y con razón. Thorin a pesar de su ofuscamiento, trataba de razonar.
-Eso creo.. .ehh ¿Cómo siguen Kili y Belladonna?- preguntó preocupado.
Dwalin negó con la cabeza apesadumbrado.
Thorin frustrado dio una patada a una roca que encontró en el piso pues la preocupación le oprimía el pecho y ahora se presentaba eso… un ejército de gente a puertas de su reino. Era el peor momento, necesitaba que sus seres queridos ("su esposa y su hijo" le repetía la mente) estuvieran bien para él afrontar aquella difícil situación pero no era así.

Dos ejércitos se acercaban a la Montaña Solitaria liderados por un majestuoso Elfo montado sobre un alce blanco. Era el rey Thranduil que venía a Erebor y no estaba solo, venía con Hombres, un ejército de Hombres encabezados por Bardo el Arquero.
Los cascos y las lanzas brillaban a la luz del sol matinal y esos reflejos se vislumbraban desde la entrada del reino Enano. Era todo un mar de armaduras y caballos engalanados para la guerra.
Tardaron unas horas para subir y llegar a las puertas de Erebor donde esperaba Thorin y cinco de sus Enanos más fuertes, con sus armas y escudos preparados. Los Elfos y los Hombres traían sus estandartes y todo parecía muy pacífico.
-Saludos, Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór- saluda Bardo muy sorprendido- Están vivos, Enanos de Erebor ¡Grandes noticias!-
-Sí, estamos vivos, veo que eso los sorprende mucho ¿Y dónde está Smaug?-
-Muerto y pudriéndose en medio de Esgaroth, la ciudad que destruyó- habló Bardo.
Thorin no dejaba de lanzarle miradas a Thranduil que indiferente observaba todo el lugar.
-Lo ven, hemos llegado y hemos vencido. Aquí está de nuevo el Rey Bajo la Montaña, y las profecías se han cumplido- el Enano se alzó majestuoso ante todos ellos.
-Bardo, heredero de Girion, ha matado a la bestia, Thorin, hemos venido a reclamar la parte del tesoro que corresponde a Valle y al Bosque Negro- habló Thranduil al fin, ignorando lo último dicho por el Enano.
-El tesoro es sólo de los Khazâd- el hecho de que hubiera sido Thranduil el que planteó el reclamo cegó a Thorin de ira- Y sólo nosotros hemos venido a luchar por este reino, nadie más. Los demás lo que hicieron fue entorpecer nuestra misión. Ahora no quieran venir a aprovecharse- soltó una clara indirecta a Thranduil.
-Thorin- Bardo intercedió- Parte del tesoro de mi gente, la gente de Valle, que Smaug nos arrebató está allí también. Eso nos corresponde a nosotros y más si soy yo el que mató al dragón-
-¿Qué es lo que quieren aquí con este ejército? Porque para pedir parte del tesoro sólo necesitan a una persona- respondía Thorin suspicaz y la maldición de Smaug se adueñaba de él otra vez ante la indignación que sufría, poco a poco- Ah sí, claro. Vinieron para adueñarse del tesoro creyendo que estaba muerto, porque todos creía que Smaug acabaría con nosotros-
Parado firmemente frente a los inmensos caballos y altos hombres, Thorin no retrocedió y no cedió en nada.
-No compartiré mi tesoro con ustedes, mucho menos con este Elfo-
-Te comportas como todo un rey, Enano. Ya veo...- torció el gesto Thranduil con un tono sardónico que hirió al Enano.
Pero una cosa había aprendido Thorin durante el viaje, y era a controlar esos demonios y más si eran infringidos por el oro y la codicia, o las provocaciones. Se decía que no se dejaría dominar.
-Sí, es verdad, estoy aprendiendo. Aquí estamos construyendo nuestro reino, y con buenas nuevas, habrá rey y reina- soltó aquello con la ingenuidad de su inexperiencia con el amor.
-¿Una reina?- alzó una ceja Thranduil con algo de envidia -¿Pero quién es tal afortunada en tu corazón, Enano? No he visto nunca a una mujer Khazâd-
-Será una hobbit- sonrió orgulloso- Lo ven es un reino nuevo para una vida nueva-
Una sonrisa cruzó el rostro de Thranduil y no era nada agradable.
-Por Ilúvatar que estos Enanos han hecho un desastre en este lugar… una hobbit de reina, sin duda muy majestuso para los Khazâd, Thorin Escudo de Roble. Harán una parejita... preciosa- musitó el rey Elfo riendo y dejando a Thorin perplejo, pues no se esperaba aquello- Bueno, la pareja va con tu atuendo-
-¿QUÉ QUIERES DECIR?- bramó el Enano ofendido. Tal vez se había controlado antes, pero ahora el Elfo se metía con Belladonna y eso no lo toleraba–Retráctate, estás tratando de ofender a la señorita Belladonna Bolsón-
-"Reina Belladonna Bolsón"… tiene mucho estilo- se burló Thranduil de cada palabra de Thorin. Bardo a todas ésas se había quedado callado pues no se atrevía a discutir con el rey Elfo un asunto tan delicado- Yo no he visto casi nada de los hobbits, pero, bueno, supongo que al menos será algo más "bonita" que una Enana y no tendrá barba, porque la verdad …Nunca entenderé el sentido de la belleza de los Enanos ¡Ah! Por supuesto, también irá acorde a tu tamañito-
-¡CÁLLATE!- enfurecido el Enano sacó su espada e iba a cometer una imprudencia, pero Dwalin y Glóin lo detuvieron. Eran claras las provocaciones de Thranduil pero para Thorin era demasiado que soportar así que no podía razonar –La belleza, Elfo, de mi Belladonna no es ni de lejos esa nauseabunda idea de belleza que tienen los Elfos-
-Basta- intervino prudentemente Bardo a favor de Thorin, sabiendo lo mucho que lo había herido el rey Elfo con sus impertinencias- Esperaremos tu respuesta, Thorin hijo de Thráin, Rey Bajo la Montaña. Sé justo y sabio en tus meditaciones ante nuestra propuesta-

Enardecidos los Enanos dejaron a los emisarios aquellos con la palabra en la boca. Llevaron a Thorin adentro para que se calmara y pensara con la cabeza fría. Había que sopesar las ventajas y desventajas del negocio propuesto por Thranduil y Bardo, olvidando las provocaciones de los Elfos.
Con un puertazo el rey Enano se encerró en la habitación de su abuelo dejando a los demás en vilo en medio de una discusión. Solo un mensaje claro dejó a sus herederos antes de eso, buscar la ayuda de un cuervo para mandar a llamar a Dáin de las Colinas de Hierro. Que Dáin viniera a la Montaña Solitaria con su ejército. Eso clamaba Thorin.
Había estado en realidad muy emocionado arreglando los aposentos para su nueva vida, ilusionado con que Belladonna se casaría con él. Pero ella había caído enferma y ahora esos intrusos estaban a puertas de su reino sitiándolos con todo un ejército y provocando los vientos de guerra que él no buscaba.
Otra vez era arrastrado a la guerra, ahora que él ya deseaba casarse, que como varón había despertado como un volcán y tenía deseos cada vez más intensos por su amada. No quería volver a caer en lo mismo, lo que más pensaba era en su matrimonio con Belladonna y en traerla a esa cama y hacerla suya. Pero había llegado una gente maldita a arruinarle todo, y el Enano invadido por los deseos de amar y la ira contra todos, no lo soportaba.

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo XVI

Amigas lectoras, hay muchos aspectos que ya están tratados en la historia original, que en realidad no interesa tratar en mi historia, que se centra en los Enanos y Belladonna y su aventura emocional y física.
Es muy posible que en mis fics que saldrán a raíz de éste yo ahonde en los eventos paralelos a la situación de los Enanos atrapados en Erebor, por ejemplo la desolación de Smaug, los elfos y los Hombres de Esgaroth, así como al muerte de Smaug.
No lo sé, yo avanzo a cómo salga en el momento, no están en realidad calculadas o algo, pero tal vez estos eventos no estén muy detallados en este fic. No sé vamos a ver cómo continúa :)

Capítulo XVI
-Él es como un hijo para ti ¿Verdad?-
El rey Enano reaccionó ante mis palabras. Estaba ahogada con el pecho oprimido y el calor que había en las entrañas de la tierra me hacía sentir febril, pero aún podía hablar con dificultad.
-Él es un hijo para mí- susurró aclarando el significado de aquello. La hobbit podía ver lo que él sentía, y cada vez que eso pasaba su corazón daba un vuelco –Yo he sido duro con él, con ellos, y no me perdonaré si algo les pasa y no he sido un buen padre. No sé cómo puedes decir que yo he sido un buen padre con Fili y Kili-
-Lo has sido, yo lo veo en ellos. En verdad-
Agradecido el rostro del rey se relajó y esas lágrimas ya no tenían razón de ser.
-Está bien, lo presiento- le aseguré para calmar su angustia por la vida de Kili- Tendremos a ese chico con sus bromas y metidas de pata por todo el resto de nuestras vidas- sonreí a pesar de mi padecimiento físico. Porque mi estado físico, el peligro, la situación del reino, eso era lo que menos me importaba en ese momento. En ese momento me sentía feliz.
-Pero ¿Estás bien tú? No hables mucho, debes descansar- Thorin tocó mi frente sudorosa para ver si tenía fiebre y notó lo dificultosa de mi respiración- ¡Oin!- gritó de repente- ¡Oin ven acá!-
El Enano obedeció pero nada podía hacer sin tener ningún medicamento o un pañuelos siquiera para tapar mi boca y nariz.
-¿Qué pasa? no respira nada bien-
-Tiene los pulmones llenos de humo, Thorin- sentenció el anciano Enano.
-Nosotros también-
-Pero nosotros somos Khazâd, ella no, ella es una hobbit. No tiene nuestra fortaleza física ni capacidad de vivir en las entrañas de la tierra- le recordó Oin, pero después tranquilizó a Thorin- Sin embargo mírala, esta hobbit sorprende. Ha hecho lo que otras razas nunca hubieran podido: hacerse toda una Enana, parece que la vida dentro de la tierra no le pega tanto. Y ese pie se curará apenas halle algo para entablillarlo- el Enano buscó por todo el lugar pero no encontró nada que pudiera servirle- Resistirá, Thorin, no te preocupes, esta chica se ha adaptado a nosotros más que otra raza posible… -
-Es la única persona que ha podido verme, Oin, y que no me ha juzgado a pesar de lo difícil que soy por lo que he tenido que pasar…- dijo Thorin buscando las palabras que no le eran fáciles. Pero yo oía todo aquello y eso me mantenía con vida, como si las palabras fueran mi medicina.
Oin cortó un pedazo de tela de su ropa y lo puso seco sobre mi boca, no había agua para mojar un poco mi rostro o mis quemaduras, pero ellos hacían lo posible.
-Sabemos por lo que estás pasando ahora- le dijo a Thorin- Es confuso, lo sé, pero estoy seguro que la raza Khazâd aceptará a esta hobbit como… Reina Bajo la Montaña-
-¿Tú crees?- Thorin dio un sobresalto pues era la primera vez que alguien mencionaba aquel título, pero en seguida volvió a la realidad–Yo no creo que la acepten, no será nada fácil-
-Thorin…Tú la aceptas y si tú la aceptas pues los demás Enanos mucho más fácil- sonrió Oin a propósito de la fama de Enano receloso contra otras razas que tenía Thorin.
El rey entendió pues Oin tenía toda la razón.
Entonces él tomó mis manos entre las suyas y estaban cálidas. Eran manos de guerrero, grandes y gruesas pero me sorprendía el sentir lo suaves que eran. Mi respirar dificultoso me daba mucho embotamiento, estaba entre la ensoñación y la realidad. Pero estaba segura de lo que mis oídos captaban.
-Yo…- hablé otra vez con dificultad- desde un principio te vi, Thorin, vi tu alma no tu actitud superficial-
La Piedra del Arca y el oro de Erebor ya no surtían efecto alguno en Thorin, el amor y la comprensión estaban borrando la maldición de Smaug sobre el linaje de Durin. Los otros Enanos presentes en aquella cámara veían a su jefe sujetar las manos de Belladonna y presentían un enorme cambio en el destino de todos. "La Reina Bajo la Montaña" susurraban en voz baja con un cántico.
La mitad de ellos había salido en busca de Kili, mientras, no se sabía nada de la bestia.
-Ori y Bofur están afuera, según sé- decía Dori- Deben averiguar algo del dragón, dónde está, o si va a regresar otra vez-
-No podemos salir de aquí- gruñía Thorin- Estamos atrapados. Sólo espero que ellos puedan traernos noticias- luego se volvió hacia mí- Bella debe descansar y esperar con paciencia, está estable-
-Thorin…- yo tenía demasiado qué hablar, eso de "Reina Bajo la Montaña" ¿Qué rayos era eso? ¿De qué habían hablado Thorin, Balin, Glóin, Oin y Bofur aquella tarde del Día de Durin? Todo me desesperaba. Pero un temblor me impidió pronunciar palabra pues el movimiento de la tierra sacudió mi pierna herida y el dolor se me clavó en la carne.
Un temblor y luego oímos voces, y vimos figuras que venían corriendo por uno de los pasillos que estaban atrás. Thorin se paró como un resorte espada en mano y Dori, Bifur, Nori, Oin se pararon detrás de él listos para el ataque…. Eran los otros Enanos los que llegaban.
-¿Dónde está Smaug?- preguntaba Thorin todavía alerta, abriendo los ojos muy bien para poder ver lo que venía en medio del humo.
-¡Está afuera de la Montaña Solitaria! Nos tiene rodeados. No sabemos qué hizo allá afuera- jadeaba Bofur- Pero, pero…- no había dicho lo peor, que atrás venían Fili, Bombur y Ori cargando un cuerpo inerte.
Thorin lo vio enseguida y de su boca no salió sonido alguno.
-Kili- fui yo quien lo dijo, viendo todo desde el suelo bajo el resplandor rojizo de las llamas de Erebor. Los Enanos se apuraron en colocar a Kili en el suelo junto a mí y ante la perplejidad de Thorin que cae de rodillas junto a su sobrino, Balin que venía con ellos le dice:
-¡Está vivo, tranquilo Thorin que el muchacho está vivo todavía!-
Pero Thorin parecía no oír a nadie, arrodillado junto a su sobrino caído lo miraba tontamente. El joven estaba todo ensangrentado y no respondía, no se movía, estaba como… muerto.
Kili fue embestido por Smaug, según pensaron los Enanos, y estrellado contra las rocas, y tenía fracturas no sabían cuántas… el joven rostro del Kili estaba pálido e inexpresivo, y ampollas de quemaduras le cubrían el lado derecho.
Mil lamentos retumbaron en la caverna, eran las voces de los Khâzud atrapados que esperaban y esperaban, con dos heridos en su haber y nada con qué curarlos.
-Esperen, allá hay algo que nos puede servir- distinguió Fili en medio del humo que ya comenzaba a disiparse. No habían cosas en Erebor que alimentaran el fuego de Smaug, por lo tanto poco a poco éste se estaba extinguiendo, y corrió hacia uno de los pasillos. Trajo en sus manos piezas de lanzas que encontró por allá y Oin exclamó:
-¡Claro, eso me puede servir para entablillar las fracturas! Buen trabajo Fili- y se apresuró a estudiar el cuerpo de Kili junto con los demás Enanos que observaban la escena muy nerviosos. Thorin aún permanecía a mi lado expectante e incapaz de razonar.
Laboriosamente Oin limpió el cuerpo semidesnudo de Kili con trazos de tela limpios que habían conseguido o sacado de sus propias ropas, y procedió a vendar el brazo y la pierna rota del joven Enano que permanecía inconsciente. Las quemaduras también las vendó.
-Ojalá tuviéramos Athelas, yo podría sanar esas heridas- susurraba con voz ahogada. Y cuando Oin terminó con Kili vino hacia mí.
-Vamos a ver señorita, qué tenemos aquí- Oin me revisaba toda bajo la mirada vigilante de Thorin- Oh, por Mahal… ese pie-
-¿Qué pasa?- yo empecé a asustarme mucho –Dime Oin-
-Si no alineo esos huesos rotos, tu pie quedara inútil de por vida, Bella…-
-¿Qué significa eso?- intervino Thorin con una mueca de desagrado ante la visión de mi pie herido.
-No podrá caminar. Para entablillar el pie debo arreglar los huesos rotos- explicaba Oin y luego de una pausa tomó aire profundo, tosiendo un poco por el humo que aún quedaba en el ambiente –Pero no tengo nada para dormirla, y el procedimiento es… muy doloroso-
Los Enanos se miraron entre sí y Thorin apretó firmemente mi mano entre las suyas.
-Bella, dime si quieres que haga esto- preguntaba Oin y yo temblaba de miedo- Si quieres recuperar tu pie-
Tragué saliva aunque tenía la boca totalmente seca y mis ojos buscaban consuelo en los de Thorin.
-No podemos hacer eso, Oin, es demasiado cruel- gruñía el rey Enano meneando la cabeza nerviosamente.
-No, háganlo. Soportaré… yo soportaré- gemí con lágrimas en mis ojos, pues ya había sufrido suficiente como para no hacer nada por curarme lo que me hizo Smaug.
-Bella ¿Estás segura?- Thorin titubeaba arrodillado junto a mí, sosteniendo fuerte mi mano.
Asentí aunque para nada estaba segura, temblaba y gimoteaba de miedo pero para mí era más importante recuperarme y ser como antes para empezar una vida nueva con mis Enanos y tal vez con mi Thorin, no una lisiada de por vida. Eso nunca, ya lo había sido toda mi vida en La Comarca, pero ya no más.
Los Enanos todos me rodearon mientras Oin se colocaba a mis pies y tomaba el herido entre sus manos, haciendo que el dolor me apuñalara.
-Tú eres valiente, Bella- comenzó a decirme Thorin con mi mano muy cerca de su pecho- Eres más valiente que todos nosotros. Además, mira lo que lograste conmigo, mira. Esto es algo que nadie más en esta tierra hubiera podido hacer… despertar este arrollante, loco, hermoso, apasionado y perturbador sentimiento en mí, hacerme abrir los ojos y ver mis errores. Mira que este tesoro y la Piedra del Arca ya no me importan como tú-
El dolor me ensordecía, agonizaba, pero Thorin insistía:
- Bella, tú eres la única que ha visto aquí dentro de mí, no te echaste para atrás como todos lo demás, con una imagen mala de mí. Por eso tú y sólo tú te ganaste mi corazón. Te mereces una vida mejor que la que tenías entre los hobbits, y has hecho que yo, Thorin, hijo de Thráin hijo de Thrór, cambien las leyes de los Enanos- decía solemnemente- Sin ti yo no lo lograré, sin ti la locura se adueñará de mí- decía con voz quebrada y una emoción profunda se reflejaba en su rostro- Entonces… Bella… tú, tú ¿Te casarías conmigo, con un rey Enano?-
Todos los Enanos soltaron exclamaciones y esperaron expectantes el desenlace de aquel memorable acontecimiento.
Las manos de Oin manipularon mi pie y ante el primer movimiento sentí que mi visión se volvía negra y grité desde lo más profundo de mi ser, con lágrimas ardientes quemado mis mejillas. No pude responder aunque mi corazón latía enloquecido.
-Resiste Bella- Bofur se había arrodillado también, y Ori, y Bombur, todos para apoyarme- Vamos, nena, esto no es nada para ti-
-Sí, nos enseñaste lo que es fortaleza de verdad, más que la podríamos tener nosotros que estuvimos en miles de campos de batalla. Con tu cuerpo frágil has luchado más. Vamos- animaba Balin.
No lo soportaba, me aferraba a Thorin agonizante y perdía la visión del dolor. Las manos de Oin era lo único que sentía y no quería sentir más.
Y no vi más, y no supe más.

Capítulo XV

-¡Enanos!- rugió Smaug con una furia que retumbó en toda la montaña. Algo había ocurrido que era más importante para Smaug que la Piedra del Arca que me había robado-¡Enanos vivos en mi reino!-
Estaba consciente todavía, herida entre los escombros y asfixiada por el humo, y con un pie fracturado, pero podía escapar con la Piedra del Arca en mi mano. El dragón enloquecido empezó a buscar algo que percibía y en ese descuido vi mi oportunidad de moverme hacia otro lugar, moverme con un sólo pie, y así lo hice.
Erebor se había convertido en un infierno de llamas y en llamas tenía que huir, aunque el humo abrasara mi piel y mis pulmones.
-¡Aquí estoy, maldito, es a mí a quien buscas!- en medio de ese infierno se alzaba una voz que me negaba a reconocer. Estaba alucinando, pues así como había visto fantasmas de Enanos por los salones abandonados, ahora oía a Thorin allí adentro.
-Te huelo, maldito Enano- gruñía Smaug y el sonido de su horrible voz llegaba a todos los rincones del mundo- ¡Los olí apenas cruzaron esa puerta! Los mataré como maté a toda su raza-
No creía que iba a aguantar mucho más pues con un sólo pie no iba a poder subir por el túnel de la puerta secreta para escapar de Erebor, un Erebor que la furia de Smaug destruía por completo. El monstruo había desplegado sus alas y todas las paredes se derrumbaban a su paso. Quedé atrapada en el salón que daba al pasadizo secreto, no llegaría nunca."¡Bella, Bella!" Oía voces en mi delirio, voces que gritaban mi nombre.
En medio del humo y del polvo me pareció ver otro fantasma Khazûd y aterrorizada grité pues ya no lo soportaba más y perdí la razón, el fantasma me saltó encima y me sujetó por la cintura. Como ya no podía sostenerme en pie caí desfallecida y el fantasma me sostuvo, de hecho era muy fuerte y ya no era un fantasma sino un Enano muy vivo.
-¡Bella, Bella, no te mueras!- gritó desesperado el Enano que me había cargado en sus brazos, y no sé si ya estaba muerta pues con mi vista nublada veía un rostro amado que no creía que fuera real.
-¿Quién eres, fantasma?- balbuceé con lo último que me quedaba de aire.
-Soy yo, mi amor, Thorin-
En sus brazos me llevó a un recoveco para huir de la ira del dragón que esparcía fuego por todos los rincones del lugar, y el calor quemaba nuestros rostros. Pude ver a Thorin allí, sangrante y lleno de hollín, pero era Thorin que había venido a rescatarme. En mi mano el resplandor de la Piedra del Arca iluminaba su presencia.
Al ver la impresionante joya Thorin se sorprendió profundamente:
-Bella ¡Robaste la joya al dragón!- exclamó. Yo le entregué la joya pues había cumplido mi misión, y luego me desmayé.

El rey Enano tenía la joya y a la hobbit en sus brazos y la tierra se sacudió con violencia haciendo caer más rocas alrededor de ellos. Pero con su cuerpo él la protegió, mientras los otros Enanos que habían entrado por el pasadizo distraían a la bestia tratando de sacarla de las profundidades donde hacía tanto daño.
Kili y Fili lucharon contra la furia de Smaug a puertas del reino, Dwalin, Balin, Bofur y Bifur también enfrentaban al monstruo mientras los demás buscaban a Belladonna y a Thorin.
Smaug estaba ciego de ira e humillación, había perdido su más valioso tesoro y su reino fue invadido por Enanos. Los destruiría a todos así fuera lo último que hiciera.
Era una bestia demasiado gigantesca que los Enanos nunca podrían matar, pero gracias a lo pequeños que eran se le perdían de la vista muy fácilmente, y su fuego no les llegaba. La raza Khazâd era demasiado fuerte para gusto de Smaug, resistían todo, por eso él los odiaba tanto.

Sentía que un terremoto nos sacudía y desperté asustada, pero yo estaba refugiada en los brazos de Thorin y nada me hacía daño allí, él y yo permanecimos escondidos entre las rocas y el fuego. El pie me dolía horriblemente y sangraba, y él estaba igual de herido que yo, pero aún tenía sus huesos intactos.
La Piedra del Arca había quedado olvidada a un lado.
No supimos qué pasó con Smaug, el dragón había pasado a ser problema de los otros Enanos.
El primero en encontrarnos fue Dori, y ayudó a quitarnos rocas y escombros.
-¿Qué pasó con Smaug?- rugió Thorin.
-Creo que Smaug escapó- dijo Dori sin mucha seguridad.
-Hay que poner a Belladonna a salvo y curarla- exigía el rey Enano -¡Rápido! ¡Que venga Oin que es el que sabe!- le gritaba a Dori.
Los dos me llevaron a un espacio más abierto, aunque todo estaba completamente cubierto de humo asfixiante, y me acostaron sobre la tierra.

La Montaña Solitaria explotó como un volcán y el dragón salió. Desde Esgaroth pudieron ver todo eso y los Hombres alarmados empezaron a prepararse para el ataque, estaban seguros de que los Enanos habían llegado a Erebor y habían despertado a la bestia. Y ya estaban todos muertos.
Ninguno de los Hombres creyó que los Enanos o la hobbit estuvieran ya vivos.
El terror de Smaug llegó hasta el Bosque Negro y Thranduil ordenó al ejército élfico ponerse en pie de guerra para defender el reino.

El destino de esos pueblos no se podía saber. En Erebor quedó la ruina dejada por el dragón pero todos los Enanos estaban vivos y encerrados allí podrían estar a salvo de Smaug; poco a poco fueron encontrando la estancia donde estaban Belladonna y Thorin, excepto Kili. Kili había desaparecido.
Oin llegó apresurado a atender a Belladonna, el pie lo tenía fracturado, y no tenía nada allí para atender heridos.
-Hay que buscar nuestros fardos, así no podré curarla- dijo el Enano desesperado.
Todos necesitaban atención, estaban heridos más que todo por quemaduras. Pero los Enanos resistirían, había que antender a la hobbit.
-¿Dónde está Kili?- se preocupó Thorin. Nadie le dio una respuesta, pero Fili enseguida salió en busca de su hermano.
La angustia quedó en todo el recinto pues el rey Enano no toleraba ver a Belladonna herida y ahora estaba preocupado por Kili y temía por la vida de los dos.
Unas lágrimas afloraron de los azules ojos de Thorin tal vez por primera vez en su vida.

Capítulo XIV

-Bueno, ha llegado el momento de hacer el trabajo para el cual me contrataron- dije con un nudo en la garganta porque aquel pasadizo que se abría detrás de la puerta era un hueco oscuro y profundo y de allí provenía un lejano rumor que mi más íntimo ser me decía eran los ronquidos de la bestia.
La mirada de Thorin estaba clavada en mí haciendo que mis entrañas temblaran. Era una mirada impenetrable, desafiante.
Sé que durante la tarde después del altercado, él y otros Enanos estuvieron hablando, y estoy segura que no era precisamente de Smaug.
Pero estaba decidida y había hecho la promesa a los Enanos que haría lo que fuera por ayudarlos en su empresa, aunque ahora Thorin se hubiera olvidado de todo eso.
-¿No… tienes miedo?- me dijo Bofur conmocionado y todos estaban atentos a aquel momento. Su hermano Bifur acotaba un comentario a eso en su extraña lengua que nada más ellos entendían.
-Está demasiado oscuro, tal vez deberíamos esperar a que fuera de mañana- opinaba Nori indeciso, sin atreverse a acercar al agujero.
-Yo he sido feliz todos estos meses con ustedes- dije con sinceridad- He encontrado la vida que no tuve en La Comarca. Entendí lo que Gandalf quería de mí, porque he sufrido heridas y enfrentado peligros inimaginados y con eso aprendí cosas que antes no hubiera aprendido nunca. Me he descubierto a mí misma, amigos-
-Pero… pero…Tal vez debamos ir… - ahora era Kili quien titubeaba. Pero Thorin le hace una seña para que se callara.
-¿Sabes? Yo en realidad no tenía muchos amigos allá en la Montañas Azules- Bofur dejaba entrever un tono de melancolía que no era nada usal en él- Bella, tu eres mi mejor amiga-
Impulsada por la emoción por esas palabras que nunca nadie me había dicho antes abracé a Bofur, y rabiosa con Thorin por su indiferencia y mirada cruel.
Los Enanos aplaudieron y se despidieron de mí con abrazos, excepto Thorin que permanecía allí parado mirando aquello con muchos celos.
-Llévate esta antorcha, Bella, pero no olvides apagarla cuando llegues a los salones- me explicaba Oin –Si fuera de día podrías ver allá dentro pues los Enanos construimos de tal manera que haya claridad dentro de nuestras cavernas-
-No esperaré hasta mañana, entraré ahora- tomé la antorcha y dejando mi bulto en el suelo, tomé mi espada y me dispuse a meterme en el agujero sin ninguna otra contemplación.
-¡Espera!- una voz gruesa me detuvo en seco-¡No tienes que hacer esto!-
Thorin habló al fin y se acercó a mí con rostro desesperado. Ya no más indiferencia ni frialdad, el Enano ya no podía ocultar lo que sentía.
Me tomó del brazo negándose a aceptar el hecho de que me iba.
-Voy a ir, es mi misión y la voy a cumplir-
-No vayas abajo tú sola ¡Yo iré contigo!- insistió Thorin.
-Así Smaug nos olerá y nos pulverizará antes de que podamos siquiera llegar. No puedes ir, ninguno. Yo al menos podré rescatar la Piedra del Arca- aparté su mano de mi brazo.
-¡La Piedra del Arca de mi abuelo!- al oír otra vez el nombre de la valiosa joya los ojos de Thorin brillaron por el hechizo. Pero el amor pudo contra eso, y se sacudió la desmedida codicia que despertaba el oro en él –Olvida eso que te dije Bella, perdóname, estaba ciego e inventé eso por el calor del momento. No era algo que yo pensara en realidad- se disculpó ante todos los Enanos. Y ese oro no me importa más que tú- y toda su nobleza estaba allí impecable e incorruptible ante el hechizo del oro.
Fue una hermosa declaración digna de su verdadero ser, pero no me ablandaría.
-Gracias, eres digno de tu linaje- le dije pero me di la media vuelta para entrar en la montaña.
-No… ¿Qué quieres probar?- me reprochó furioso y lo enfrenté otra vez.
-Dudas de mi capacidad. No estoy hecha de cristal ya les dije. Cuando empecé este viaje me miraban como si fuera una muñequita de porcelana que no sería capaz de sobrevivir ¿No es así, Thorin? ¿Delgada y frágil que un orco mataría en un abrir y cerrar de ojos? Cuatro arañas gigantes no pudieron matarme, así que ya les he demostrado que así delgada y frágil y todo soy igual que ustedes y tengo muchas habilidades. Ahora visto sus ropas, uso mi espada "Aguijón" y sé luchar con el hacha también como un Enano-
Los Enanos miraron a Thorin con una sonrisa y muy poco les faltó para celebrar mis palabras con un "Si fuera Enana ojalá y le crecieran más las barbas"
El rey Enano estaba perplejo.
-No quiero probar nada. Ya te lo dije muy bien, y se lo prometí a Glóin, quiero hacerlo por ustedes que son mis amigos y así sentirme satisfecha de que lo hice. Iré-
Thorin se controló y no volvería a cometer ese error que nunca se perdonaría de llamarla "descendiente de ratas". La observó y aceptó al fin su decisión con un gesto. Aceptó y la dejaría ir.
Entonces sucedió algo inesperado para todos los allí presentes, Thorin se acercó y me abrazó de tal manera que mis piernas se aflojaron. No era un abrazo como el de los otros Enanos, no, él llegó y me tomó por la cintura con firmeza y me atrajo hacia él apretándome fuerte, pero sin hacerme daño, contra su fornido cuerpo. Ése era su estilo, impetuoso, que en cualquier momento llegaba y te sorprendía.
Y me estremecí de pies a cabeza, a propósito me hizo sentir todo su cuerpo cruzando sus brazos sobre mi cintura, muy apretada a la suya. Y era asombroso que a pesar de toda la ropa que teníamos encima pude sentir su corazón latiendo rápida y fuertemente allí sobre mi pecho. Un corazón vivo y enamorado.
Los Enanos soltaron todos una exclamación y Balin sonrió satisfecho, porque finalmente el rey había escuchado las cosas que tanto le había sugerido, siendo esa tarde la última conversación seria que tuvo él, Oin, Glóin y Bofur con Thorin: Que ya tenía cerca de doscientos años de edad y no se comportaba como un hombre, sino que se dejaba cegar por los demonios del pasado y las maldiciones de Melkor. Thorin atormentado todavía seguía desvariando, pero despejó las sospechas y sacó de su pecho el dolor que le embargaba. Cómo podía un rey Enano desposar a una hobbit y qué pensarían todos en Ered Luin y en las Montañas de Hierro si supieran que él se había enamorado de una hobbit. Entonces Balin le dijo que un rey podía cambiar una ley, y que los demás se fueran al diablo.
Así fue como la locura de Thorin se apaciguó antes de que se abriera la puerta secreta.
Demasiado atontada lo abracé yo también y no quería soltarme nunca, no era un abrazo de amigos sino de amantes. Un abrazo que decía las palabras "Te amo", pero esas palabras no fluían de ninguno de los dos, en cambio él se acercó a mi oído y sentí sus húmedos labios rozar mi oreja con aliento cálido para susurrar en voz baja y grave:
-Por favor, regresa con vida, Belladonna-
Fue lo que dijo. Nos separamos al fin y sus brazos me dejaron ir.
Con más ánimo que nunca emprendí mi camino a lo profundo del agujero negro y silencioso.

No sé qué horas eran cuando la oscuridad de la montaña me tragó por completo, que ni la luz de la antorcha era suficiente. Caminé hacia abajo casi arrastrándome por el estrecho túnel, muchos metros, no sé cuántos, y no veía ningún fin.
Aquel camino llegaba hasta las profundidades.
Pero tenía un nuevo incentivo para concluir la misión, tenía esperanzas así que no me detuve, bajé hasta el final.
El túnel desembocó en un pasadizo y allí apagué la antorcha tal como me dijo Oin. Ese pasadizo daba hasta los salones de Erebor, ya estaba a un paso. Seguramente ya se acercaba el amanecer y eso me ayudaría a ver.
Entonces oí con más claridad el rumor, ése que había sentido cuando abrimos la puerta, y un frío gélido me corrió por la venas… Eran los ronquidos de Smaug.
No tenía idea de dónde sacaba el valor, pero ya estaba allí y el miedo no me detendría. Temblaba de pies a cabeza ante la presencia del dragón en algún lugar de aquel salón de más adelante.
Me aferré a mi pequeña espada como si eso fuera a salvarme y entré a Erebor lo más silenciosamente posible, paso por paso, abriendo mucho los ojos y agudizando mis sentidos.
Al rato de andar así y no ver nada, mis pies tantearon algo extraordinario en el piso de la sala inmensa que se abría ante mí. Estaba todo oscuro sin embargo tal como dijo Oin, un resplandor daba una extraña claridad a las paredes y pensé que era el sol que entraba por alguna parte pero me equivoqué, era oro. Mis pies estaban pisando monedas de oro puro.
Casi suelto una exclamación de admiración, nunca había visto algo tan majestuoso, que el reino de Thranduil se quedaba pequeño. Erebor estaba en ruinas pero aún quedaban obras de los Enanos en pie por allí, enormes salones finamente decorados, muchas reliquias. Había armaduras, espadas, lanzas, escudos y miles de piezas de oro y joyas por todas partes. Tenían décadas y décadas abandonadas, pero el polvo y la tierra no cubrían su belleza.
No vi rastros de nada vivo allí dentro, todo era muerte, y un olor me agobiaba. Tal vez era el olor de los miles de cadáveres calcinados que aún permanecía allí.
Sin embrago la ventilación no era mala, esos mundo subterráneos estaban muy bien diseñados, había aire fresco siempre debajo de la montañas de los Enanos.
Entonces empecé a buscar, y me llené los bolsillos de oro y joyas, pero debía encontrar la Piedra del Arca. Me habían dicho que era una joya que brillaba como la luz del sol, que se vería desde cualquier distancia, así que recorrí todos los salones.
Tal vez me tardaría días allí dentro, no encontraba nada, ni la joya ni mucho menos al monstruo. Recurrí a mi oído y debía encontrar el rumor que había escuchado antes, esa ligera respiración siniestra que me guiaría hasta el enemigo.
Pero quería ese oro, entendía las razones de Thorin, yo también quería ese oro, y me regocijé entre tanta maravilla sin importarme que eso le había costado la vida a miles de Enanos y Hombres de Valle.
Fue cuando lo oí otra vez, encontré el rumor y me dirigí hacia donde me guiaba, más adentro a una sala aún más grande que las anteriores. Era el corazón de Erebor, poblado de inmensas columnas de piedra lisa bien talladas y ornamentadas. Totalmente cubierto de oro, como un lago de oro.
Y allí se oía la respiración de algo sobrenatural. Pero no veía nada, solamente veía una montaña de oro puro, dorado y brillante.
Salté a buscar entre las monedas, en mi tarea interminable, rogando tener la suerte de encontrar la Piedra. Un temblor. Me detuve asustada, creí que se había movido el piso, pero no hice caso, solamente me importaba el oro y la Piedra del Arca. El temblor se repitió aún más fuerte y empecé a sudar frío, las monedas se movían a causa del movimiento de la tierra y encontraba montones de joyas que creía podrían ser la Piedra. Pero no eran.
Empecé a enloquecer, me parecía que veía Enanos caminando por los salones aledaños, pero esos fantasmas no me quitarían mi oro ni mi Piedra del Arca. Estuve un día entero, o tal vez más, no sé cuánto tiempo, metiéndome por recovecos en aquel gigantesco lugar.
Parecía que todo estaba bañado de rojo, porque debía ser de día, y la luz se hacía rojiza allí en esa profundidad. Y el rumor de la respiración… con horror al fin me di cuenta que la montaña que creía de oro era lo que estaba respirando y lo que emitía ese resplandor rojizo.
Caí de espaldas porque las piernas me fallaron, me faltó el aire y empecé a llorar de terror, porque allí estaba yo ante Smaug: el humo salía de la nariz del monstruo y ése era el humo que salía por la Puerta Principal, el humo de la respiración del dragón.
Me quedé paralizada esperando que sus fauces salieran al fin para matarme. Era una serpiente gigantesca que reposaba sobre un lecho de oro y las monedas la cubrían toda, que sólo su cabeza se podía entrever. No supe qué hacer por un rato, luego reaccioné gracias al hecho de que la serpiente no se movió más.
Eran rojas sus escamas por lo que podía ver, y una luz muy brillante iluminaba todo el perfil derecho de la enorme cabeza. Una luz increíblemente brillante. Mi cerebro reaccionó al fin: ¡La luz provenía de la Piedra del Arca!
Sin pensar nada más me moví como un espíritu sin cuerpo, acercándome hacia Smaug temblando de terror, tenía la Piedra del Arca al lado derecho del cuerpo que era como una montaña que tenía que rodear. Corrí cerca hasta que di con la joya más hermosa que alguien pudiera ver, algo que reflejaba todos los colores, y la tomé en mis manos sin pensar.
Ya me veía fuera de Erebor con la Piedra, todo fue fácil excepto por el hecho de que el tocar la Piedra me causaba un profundo malestar y pesaba mucho en mis manos. Pero no me importaba, era mía y sería mi recompensa por aquel trabajo, y tampoco tenía que despertar al dragón, al ver su tamaño supe que ninguno tendría chance ante él. Bardo siempre tuvo razón, esa empresa era una locura.
Debíamos todos escapar de la Montaña Solitaria.

-¿Dónde estás ladrón?- una voz retumbó por todo Erebor y tembló tan fuerte que caí de donde estaba, rodando abajo otra vez al sótano -¡¿Dónde estás?! Ladrón, te puedo sentir. No escaparás con mi tesoro-
Desesperada traté de trepar hacia arriba y escapar pero no pude. Tembló la tierra una segunda vez en ese momento y la montaña de oro se movió toda, y poco a poco fue saliendo de allí el monstruo que había despertado y que me había descubierto.
Otra vez me puse de pie y salté con todas mis fuerzas para trepar el muro y meterme por un pasillo que me salvara, pero Smaug lanzó su enorme cola contra la pared cerca de donde estaba y la derribó por completo. Con fuerzas salidas de la nada pude saltar otra vez abajo para escapar de los escombros que caían, pero el ataque de la bestia no me dio respiro, y a pesar de mi rapidez que me ayudarían a esquivar las embestidas del dragón, no tomé en cuenta una cosa: su aliento de fuego.
No escaparía, era imposible, las paredes y escombros me protegían momentáneamente de las llamaradas pero tampoco tomamos en cuenta el pequeño detalle de que allí encerrados con aquel fuego moriría asfixiada por el humo.
Mis fuerzas se agotaron cuando me refugié entre unos escombros, porque tenía los pulmones llenos de humo y me iba a desmayar. El fuego de Smaug me calcinaría apenas estuviera sobre mí.
Otro golpe destructor de la cola del monstruo y unas rocas del techo cayeron sobre mí, y herida quedé atrapada a merced del fuego de Smaug.
Había llegado mi fin, estaba ahogada y herida que el dolor y la sangre nublaron todos mis sentidos. Pero moriría feliz.
El recuerdo de los Enanos celebrando por mí en la taberna, de Bofur diciéndome que era su mejor amiga, de Kili y Fili soñando con que viviera con ellos en Erebor, y sobre todo el saber que yo era más importante para Thorin que la Piedra del Arca, eso era algo que llenaba mi vida de satisfacción.