El hambre, el agotamiento y las heridas hacían estragos en los Enanos
sitiados en La Montaña Solitaria. Las horas pasaban como días.
Kili
y Belladonna permanecieron inconscientes por casi dos días mientras
Smaug revoloteaba por los alrededores aterrorizándolos. La Puerta
Principal era una amenaza pues por allí podía entrar el monstruo y
destruirlos de una buena vez. Pero algo había distraído el juego sádico
de la bestia, algo que ocurría más allá de las laderas. Nada sabían del
mundo de afuera más que lo que Bofur, Fili y Ori en su vigilancia podían
ver.
La situación adentro se había puesto tensa, Thorin no
toleraba tener a Belladonna y a Kili allí tirados en el piso
inconscientes al cuidado de Oin, sin saber de verdad cómo estaba su
salud y sin saber qué respuesta le iba a dar ella a su propuesta. Al
parecer una enfermedad los agobiaba ahora. Era un castigo. Atormentado
se iba a recorrer Erebor por horas y horas recordando el pasado y
ensombreciéndose completamente sin el consuelo de tenerla a ella allí
para escucharlo.
Los otros Enanos por su lado hacían otras cosas,
el trabajo era su pasión por lo tanto no tardaron en empezar a limpiar y
arreglar el reino así fuera paso por paso. Recuperaron las armaduras,
escudos y las armas de sus antepasados y las limpiaron para ellos
usarlas algún día.
Pasaron dos días así, pero no más. Algo ocurría
en las afueras de la montaña y de Smaug no supieron más, se había ido
pero eso no les daba ningún alivio.
Pronto sabrían lo que estaba
pasando, cuando al despuntar el sol del tercer día del sitio un cuervo
llegó a donde ellos estaban, trayendo un mensaje y el sonido de unas
trompetas en la lejanía.
-Soy Roäc, hijo de Carc ¡Oh Gloriosos
Khazâd de tiempos antiguos!. He venido a traerles la noticia de que la
gran bestia, Smaug el Magnífico, ha muerto- dijo el cuervo ante los
Enanos en la Puerta.
-¡Muerto!- gritó Nori.
-Muerto- repetían Bofur y Fili perplejos.
-Sí,
y que al zorzal que lo vio caer nunca se le caigan las plumas. Vio a
los Hombres de Esgaroth acabar con él. Bardo el Arquero ha matado al
dragón- cantaba Roäc agitando sus alas –Glorioso sea ese día-
-¡Muerto Smaug!- saltaron los tres –Muerto, el gusano ha muerto-
-Pero
he de decirle algo a Thorin Escudo de Roble, el tesoro es todo suyo,
pero la noticia de la muerte de Smaug ya llegó a todos los reinos
aledaños y han venido para acá ambicionando encontrar el valioso oro-
Fueron ésas las palabras del cuervo.
Ori y Nori corrieron a llevar la impactante noticia a las entrañas de las cavernas.
-Sí, así es hermanos. Smaug ha muerto- jadeaba Nori de la emoción.
-"¡Bajo la montaña tenebrosa y alta
El rey ha regresado al palacio!
¡El gusano terrible ha caído y ha muerto
Y así una vez y otra caerá el adversario"-
Cantaban los Enanos la legendaria canción por los cavernosos recintos.
-Pero
cuidado, el cuervo nos advirtió algo…Creemos que hay gente afuera-
informaba Nori -¿Dónde está Thorin? Debemos llevarle un mensaje-
-Se
perdió otra vez- meneaba la cabeza Dwalin- Algo le pasa desde que Oin
diagnosticó que Belladonna estaba enferma. Es que no puede estar en paz.
Cuando creíamos que todo se arreglaba… pasan estas cosas ya ves-
-Ve a buscarlo, Dwalin. Creo que anda ya sabes dónde, en los aposentos de su abuelo- le dijo Balin.
El Enano fue a buscar a Thorin rápidamente mientras la confusión, y a la vez los cantos, imperaban en todo Erebor.
-¡Nunca!-
rugió el rey Enano al enterarse del mensaje de Roäc- No permitiré que
oportunistas vengan a adueñarse de nuestro tesoro-
Tal como dijo
Balin, Thorin Escudo de Roble se encontraba en los aposentos de Thrór,
ahora en ruinas, pero el Enano se esforzaba por arreglar todo de nuevo. Y
la preciosa Piedra del Arca había sido guardada allí en su antiguo
cofre de plata.
-Eso dicen- explicaba Dwalin – Mucho me temo. Y ya están aquí…ellos-
-Es
nuestro oro, y más ahora que yo voy a levantar el reino otra vez, que
tengo tantos planes ¡No tienen derecho alguno!- se paseaba inquieto por
todo el cuarto, molesto por tal atrevimiento. La muerte de Smaug le
había dado una enorme alegría pero la idea de tener a gente oportunista
allí lo arruinaba todo y había envenenado el alma debilitada del jefe de
los Enanos.
-Debemos dialogar con ellos- opinaba Dwalin y con razón. Thorin a pesar de su ofuscamiento, trataba de razonar.
-Eso creo.. .ehh ¿Cómo siguen Kili y Belladonna?- preguntó preocupado.
Dwalin negó con la cabeza apesadumbrado.
Thorin
frustrado dio una patada a una roca que encontró en el piso pues la
preocupación le oprimía el pecho y ahora se presentaba eso… un ejército
de gente a puertas de su reino. Era el peor momento, necesitaba que sus
seres queridos ("su esposa y su hijo" le repetía la mente) estuvieran
bien para él afrontar aquella difícil situación pero no era así.
Dos
ejércitos se acercaban a la Montaña Solitaria liderados por un
majestuoso Elfo montado sobre un alce blanco. Era el rey Thranduil que
venía a Erebor y no estaba solo, venía con Hombres, un ejército de
Hombres encabezados por Bardo el Arquero.
Los cascos y las lanzas
brillaban a la luz del sol matinal y esos reflejos se vislumbraban desde
la entrada del reino Enano. Era todo un mar de armaduras y caballos
engalanados para la guerra.
Tardaron unas horas para subir y
llegar a las puertas de Erebor donde esperaba Thorin y cinco de sus
Enanos más fuertes, con sus armas y escudos preparados. Los Elfos y los
Hombres traían sus estandartes y todo parecía muy pacífico.
-Saludos, Thorin, hijo de Thráin, hijo de Thrór- saluda Bardo muy sorprendido- Están vivos, Enanos de Erebor ¡Grandes noticias!-
-Sí, estamos vivos, veo que eso los sorprende mucho ¿Y dónde está Smaug?-
-Muerto y pudriéndose en medio de Esgaroth, la ciudad que destruyó- habló Bardo.
Thorin no dejaba de lanzarle miradas a Thranduil que indiferente observaba todo el lugar.
-Lo
ven, hemos llegado y hemos vencido. Aquí está de nuevo el Rey Bajo la
Montaña, y las profecías se han cumplido- el Enano se alzó majestuoso
ante todos ellos.
-Bardo, heredero de Girion, ha matado a la
bestia, Thorin, hemos venido a reclamar la parte del tesoro que
corresponde a Valle y al Bosque Negro- habló Thranduil al fin, ignorando
lo último dicho por el Enano.
-El tesoro es sólo de los Khazâd-
el hecho de que hubiera sido Thranduil el que planteó el reclamo cegó a
Thorin de ira- Y sólo nosotros hemos venido a luchar por este reino,
nadie más. Los demás lo que hicieron fue entorpecer nuestra misión.
Ahora no quieran venir a aprovecharse- soltó una clara indirecta a
Thranduil.
-Thorin- Bardo intercedió- Parte del tesoro de mi
gente, la gente de Valle, que Smaug nos arrebató está allí también. Eso
nos corresponde a nosotros y más si soy yo el que mató al dragón-
-¿Qué
es lo que quieren aquí con este ejército? Porque para pedir parte del
tesoro sólo necesitan a una persona- respondía Thorin suspicaz y la
maldición de Smaug se adueñaba de él otra vez ante la indignación que
sufría, poco a poco- Ah sí, claro. Vinieron para adueñarse del tesoro
creyendo que estaba muerto, porque todos creía que Smaug acabaría con
nosotros-
Parado firmemente frente a los inmensos caballos y altos hombres, Thorin no retrocedió y no cedió en nada.
-No compartiré mi tesoro con ustedes, mucho menos con este Elfo-
-Te comportas como todo un rey, Enano. Ya veo...- torció el gesto Thranduil con un tono sardónico que hirió al Enano.
Pero
una cosa había aprendido Thorin durante el viaje, y era a controlar
esos demonios y más si eran infringidos por el oro y la codicia, o las
provocaciones. Se decía que no se dejaría dominar.
-Sí, es verdad,
estoy aprendiendo. Aquí estamos construyendo nuestro reino, y con
buenas nuevas, habrá rey y reina- soltó aquello con la ingenuidad de su
inexperiencia con el amor.
-¿Una reina?- alzó una ceja Thranduil
con algo de envidia -¿Pero quién es tal afortunada en tu corazón, Enano?
No he visto nunca a una mujer Khazâd-
-Será una hobbit- sonrió orgulloso- Lo ven es un reino nuevo para una vida nueva-
Una sonrisa cruzó el rostro de Thranduil y no era nada agradable.
-Por
Ilúvatar que estos Enanos han hecho un desastre en este lugar… una
hobbit de reina, sin duda muy majestuso para los Khazâd, Thorin Escudo
de Roble. Harán una parejita... preciosa- musitó el rey Elfo riendo y
dejando a Thorin perplejo, pues no se esperaba aquello- Bueno, la pareja
va con tu atuendo-
-¿QUÉ QUIERES DECIR?- bramó el Enano ofendido.
Tal vez se había controlado antes, pero ahora el Elfo se metía con
Belladonna y eso no lo toleraba–Retráctate, estás tratando de ofender a
la señorita Belladonna Bolsón-
-"Reina Belladonna Bolsón"… tiene
mucho estilo- se burló Thranduil de cada palabra de Thorin. Bardo a
todas ésas se había quedado callado pues no se atrevía a discutir con el
rey Elfo un asunto tan delicado- Yo no he visto casi nada de los
hobbits, pero, bueno, supongo que al menos será algo más "bonita" que
una Enana y no tendrá barba, porque la verdad …Nunca entenderé el
sentido de la belleza de los Enanos ¡Ah! Por supuesto, también irá
acorde a tu tamañito-
-¡CÁLLATE!- enfurecido el Enano sacó su
espada e iba a cometer una imprudencia, pero Dwalin y Glóin lo
detuvieron. Eran claras las provocaciones de Thranduil pero para Thorin
era demasiado que soportar así que no podía razonar –La belleza, Elfo,
de mi Belladonna no es ni de lejos esa nauseabunda idea de belleza que
tienen los Elfos-
-Basta- intervino prudentemente Bardo a favor de
Thorin, sabiendo lo mucho que lo había herido el rey Elfo con sus
impertinencias- Esperaremos tu respuesta, Thorin hijo de Thráin, Rey
Bajo la Montaña. Sé justo y sabio en tus meditaciones ante nuestra
propuesta-
Enardecidos los Enanos
dejaron a los emisarios aquellos con la palabra en la boca. Llevaron a
Thorin adentro para que se calmara y pensara con la cabeza fría. Había
que sopesar las ventajas y desventajas del negocio propuesto por
Thranduil y Bardo, olvidando las provocaciones de los Elfos.
Con
un puertazo el rey Enano se encerró en la habitación de su abuelo
dejando a los demás en vilo en medio de una discusión. Solo un mensaje
claro dejó a sus herederos antes de eso, buscar la ayuda de un cuervo
para mandar a llamar a Dáin de las Colinas de Hierro. Que Dáin viniera a
la Montaña Solitaria con su ejército. Eso clamaba Thorin.
Había
estado en realidad muy emocionado arreglando los aposentos para su nueva
vida, ilusionado con que Belladonna se casaría con él. Pero ella había
caído enferma y ahora esos intrusos estaban a puertas de su reino
sitiándolos con todo un ejército y provocando los vientos de guerra que
él no buscaba.
Otra vez era arrastrado a la guerra, ahora que él
ya deseaba casarse, que como varón había despertado como un volcán y
tenía deseos cada vez más intensos por su amada. No quería volver a caer
en lo mismo, lo que más pensaba era en su matrimonio con Belladonna y
en traerla a esa cama y hacerla suya. Pero había llegado una gente
maldita a arruinarle todo, y el Enano invadido por los deseos de amar y
la ira contra todos, no lo soportaba.


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