-Bella…- Thorin abrió muchos los ojos que eran como un mar profundo
de salvaje oleaje, pues era mucho lo que sentía en momento tan
importante de su vida –Qué mal momento, muy mal momento…- lamentó
sacudiendo la cabeza de todas esas ensoñaciones y apartó la mirada de
mí.
-Sí, ya veo que lo es- estuve de acuerdo, pero igual quería aceptar su propuesta. Mi corazón era como un caballo salvaje.
-Esto
es lo más importante de mi vida- dijo manteniendo en vilo a todos los
presentes- Pero no creo que tú estés muy al tanto de la realidad. Yo
creí que al fin había cumplido con mi destino y que al fin podía pensar
en otra cosa para mi vida pero no, aquí estamos otra vez: Han venido a
mis puertas para recordarme lo que soy-
Quise acercarme a él y consolarlo pero mi pie me mantuvo inútil. Él evitaba mi mirada pero nuevamente da un giro:
-Soy
un asesino. Pero parece que todo el mundo se olvida de eso- soltó de
repente con rabia infinita que nacía de sus entrañas. Se odiaba a sí
mismo por todo lo que había hecho- Yo no soy ningún galán romántico,
Bella, no sé amar como tú misma me dijiste. Tenías razón con lo que me
dijiste el Día de Durin. Soy un Khazâd y los Khazâd no somos esos
príncipes enamorados ¡Soy un asesino!-
Los Enanos presentes
menearon las barbas pero no podían contradecir a Thorin que decía una
gran verdad, aunque a Kili le hubiera gustado contradecirlo en eso
último que dijo. Kili era un romántico, es sólo que no se atrevía a
decir nada al respecto porque lo avergonzaba.
-Entonces… me pregunto si aceptarías casarte conmigo si yo estuviera aquí con la cabeza de Thranduil colgando de mi mano-
-Thorin… no seas tan duro contigo mismo- me horroricé con aquello.
-¿Aceptarías
casarte conmigo si estuviera aquí bañado en sangre de pies a cabeza?
Después de haber matado a cientos como lo he hecho tantas veces en el
pasado? ¿Sabes a cuántos he matado sin piedad?- Thorin parecía poseído
por la maldición del oro otra vez, pero no, me engañaba, era el
verdadero Thorin el que me hablaba- Porque eso es lo que voy a hacer
allá afuera ahora, voy a salir y los voy a matar a todos, y le sacaré el
corazón a ese Bardo y lo tendré en mi mano regodeándome con la sangre-
-¡Thorin!-
exclamé y retrocedí aterrorizada –Yo sé lo que eres, yo sé lo que has
hecho, y aún así te amo- confesé –Además tú te olvidas que yo tampoco
soy una princesa, coqueta, hermosa o delicada. Me llamaban ratón, nunca
preciosa hobbit, sino ratón, varonil como un niño. Y soy una asesina
también, maté a tres arañas gigantes y mataré en una batalla también- me
hinché orgullosa y hubiera querido tener mi pequeña espada "Aguijón"
allí conmigo.
El rey Enano gruñó sin argumentos contra eso, y los
demás bajaban la cabeza ante una realidad de la que antes se
enorgullecían, pero ya no tanto.
-Bella…- mis palabras habían
aplacado notoriamente el fuego del ímpetu de Thorin- ¿Cómo puedes verme
si yo sólo sé matar? No sé amar, y parece que muchos se crean una imagen
de mí al respecto que nada tiene que ver con esta naturaleza. De mis
ciento noventa y cinco años, la mitad me la he pasado matando, Orcos,
Elfos, lo que sea, y la otra mitad luchando contra las adversidades. Y
esos muchachos, que tú dices que yo he sido un buen padre, también son
unos asesinos porque yo los enseñé-
Fili y Kili permanecían callados, y con eso confirmaban las palabras del rey.
-Yo
eso lo entiendo ¿Qué no lo ves? Yo sé eso, y entiendo sus vidas y no la
juzgo ni intento cambiarla, y lo acepto. Y juzgo por lo que veo, y en
este viaje yo sólo he visto de ti gentileza y nobleza-
-Pero nos
han truncado todo…-soltó con ojos llorosos, desesperado –Ahora
moriremos, porque la vida nos negó el llegar aquí y construir una vida
nueva- Pero cuando lleguen Dáin y sus ejércitos saldremos allá afuera y
los mataremos-
-Así sea, sí, por Mahal, los mataremos- exclamó Fili, y Glóin, Oin, Bofur, todos allí clamaron guerra con orgullo.
Yo
meneaba la cabeza decepcionada, todo había cambiado en un abrir y
cerrar de ojos, y por un momento yo creí vivir un tonto romance. No, esa
tontería ya no más, la vida real era eso, lucha, y lucharía. Mi ilusión
se ensombreció y nada podía hacer para cambiarlo.
Estaba viendo
la realidad de los Enanos y de mi Thorin, pero no me echaba para atrás,
no dejaba de amarlo así fuera él una bestia sanguinaria. Sabía que lo
era y aún así veía lo hermoso en él y me había enamorado.
Entonces Thorin se me acercó y yo retrocedí, pero no tenía razones.
-No,
no temas- dijo sereno, pero con los ojos brillantes todavía- No temas,
pequeña hobbit. Tú sabes que estas manos llenas de muerte jamás te
harían daño, nunca. Tú si que has sabido ser para mí- y me tomó de las
manos con una gentileza asombrosa- No permitiré que te pase nada.
Estarás protegida aquí y si tengo que morir moriré antes de que entren a
la montaña a hacerte daño. Yo no puede creer que me aceptes tal como
soy, eso es lo que pasa- confesaba, pues todo había sido consecuencias
de la situación que había caído encima de nosotros.
-Yo te veo, Thorin- le repetí mis mismas palabras.
-Entonces
lucharé, lucharé para regresar a ti y cumplir con mi propuesta. Es lo
que más deseo en esta vida- dijo con una profunda pena marcada en su
rostro hermoso, pues no había muchas esperanzas- Eres mía, Bella, y te
tomaré- agregó con el ímpetu en la piel.
Pasarían
algunos días antes de tener a Dáin y sus ejércitos en la Montaña
Solitaria. Fueros días de angustia y Los Enanos trabajaban sin parar y
preparaban sus armas para la guerra.
Yo deseaba ir con ellos,
batallar, pero estaba inválida al igual que Kili que se retorcía de
frustración en su cama. Yo me ocupaba de él, pues de mi Thorin no supe
más, se había encerrado para no verme más en los aposentos de Thrór.
Había
mucha preocupación en el ambiente y los Enanos murmuraban , murmuraban
mucho de Thorin. De resto me concentraba en ayudar en algo en los
trabajos, construyendo un reino que ya creía mío, porque estaba segura
de una cosa, de que el rey Enano me tomaría por esposa si no pasaba una
desgracia mayor. Me tomaría, como decía él a su estilo, sea para bien o
para mal.
Hasta que una tarde, me sorprende Bofur con el anuncio de que Thorin solicitaba mi presencia en sus aposentos.
-¿Qué querrá conmigo?- me negaba a acceder a su inesperada petición.
-Vé,
Bella. Él te necesita- me aconsejaba Bofur- Tú eres la única que puede
hablar con él de ciertas cosas, hacerle entrar en razón. Thorin te
escucha, aunque ande ladrando todo el tiempo, él te escucha- me guiñó el
ojo el Enano con su picardía habitual -¿Sabías que allá en Ered Luin,
Dís le metía sus buenas jaladas de oreja?-
Yo sonreí sin poder evitarlo.
-Thorin
habla mucho, se ganó de hecho el sobrenombre de "Asesino de Elfos"
shhh, casi nadie sabe eso, pero ahora lo sabes tú. Está muy orgulloso de
esa fama… Pero no te dijo nada de eso porque no se glorifica ante ti de
tal fama ¿Ves lo que significa? Tú haces que él se abra un poco más y
salga de la coraza que tiene encima. Creo que con tus consejos podremos
llegar a una solución menos devastadora-
-¿Qué puedo hacer yo ante
esta guerra, Bofur?- lamenté con inmenso cansancio- La guerra no es mi
especialidad. No debo inmiscuirme-
-Precisamente, de eso tienes
que hablar con él. Muchos tememos que Thorin no está bien. Por favor,
debe haber otra salida a esto. Habla con él-
Dijo el Enano y yo accedí a ir a las cámaras de Thrór, con la ayuda de Bofur pues por mí sola yo no podía moverme mucho.
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